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Néstor Francia / Análisis de Entorno: La descaracterización de Zamora (02-02-2017)

En el Análisis del pasado martes nos referimos a la serie “El Comandante” y citamos a Piedad Córdoba, quien “hizo una advertencia sobre el estreno de la serie “El Comandante”, producida por Sony Corporation y escrita por Moisés Naim, explicando que la misma apunta a ‘descaracterizar’ a Hugo Chávez”. Aludimos conocidos casos de “descaracterización” de líderes revolucionarios, como Fidel, Mao y el emblemático de José Stalin. Y no dejamos de señalar que “Héroes históricos venezolanos como Bolívar y Zamora han sido ‘descaracterizados’ por escritores e historiadores burgueses como Elías Pino Iturrieta”.

Ayer se celebró el bicentenario del natalicio de Ezequiel Zamora y de nuevo la derecha cargó contra él, en términos muy duros. Henry Ramos Allup afirmó que “Zamora era un desflorador de niñas de 12 años, un negrero y un esclavista” y recomendó leer el libro sobre Zamora del historiador Adolfo Rodríguez, tema sobre el cual volveremos más adelante. También terció el saboteador petrolero José Toro Hardy, implicado en las acciones contra PDVSA de 2002-2003: “Ezequiel Zamora, violador de niñas de 12 años y vendedor de esclavos es la figura que el chavismo quiere celebrar”. Y el cagatintas de derechas Elides J. Rojas: “Todo claro. Todo coincide. Ezequiel Zamora era un ladrón, un saqueador, un violador de niñas, un montonero. Por eso el chavismo lo celebra”.

Dejemos en claro de una vez que estos ataques no son solo contra Zamora, sino sobre todo contra Chávez y la Revolución Bolivariana. Esto es fácil notarlo, sobre todo en la canallesca declaración de Elides J. Rojas, que insinúa que los chavistas somos ladrones, saqueadores y violadores, lo cual se puede inferir de las frases “Todo claro. Todo coincide”.

En un artículo del año 2009, loador del libro recomendado por Ramos Allup (La llamada del fuego, de Adolfo Rodríguez Rodríguez, prólogo del figurón cultural adeco Simón Alberto Consalvi. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 2005), el intelectual derechista Roberto Lovera De Sola, deja en claro esta intención de desacreditar a Chávez y a la Revolución echando mano de las invectivas contra Zamora: “… hoy con Ezequiel Zamora sucede una reideologización más grave al haberlo convertido el presidente Hugo Chávez en uno de los santones de su gobierno, la llamada Revolución de estos días. En esto Chávez ha contribuido en este caso, al falsear al verdadero Zamora, otra vez, a abolir la historia, a contar una historia de un Ezequiel Zamora que no existió, que ahora ha sido revestido de una casaca socialista que nunca tuvo”.

La descaracterización de Zamora en el libro de Rodríguez Rodríguez es elogiada por Lovera De Sola y señala que “para hacerlo Rodríguez no tergiversa, no desfigura la historia, deja que hablen los documentos, lo que se lee en la prensa de su época, lo que escribieron testigos y contemporáneos”. Por supuesto, con toda seguridad se refiere a documentos, prensa y testigos enemigos del ideal zamorano. Si un historiador de nuestra época caracteriza a Chávez según documentos de la Conferencia Episcopal, del diario El Nacional y de testigos como Ramos Allup, ya sabemos cuál sería el resultado. La historia no es una ciencia exacta, está más cerca de ser un género literario, por lo que tiene de fantasía, inventos y miradas interesadas de los autores. Lovera cita a Rodríguez: “Veámoslo, pues, de carne y hueso, sentado a la diestra, no de Marx, sino de este  cúmulo de testimonios que dan cuenta de los días de gallera, cuitas amorosas, cuentas de casabe, apresuradas y no bien digeridas lecturas, esclavos por cobrar a una Junta de Abolición, requiebros a la superioridad en procura de ascensos, desprecio visceral contra el sabio José María Vargas(1786-1854) o el prócer José Antonio Páez(1790- 1873), ínfulas y padeceres porque le pagan tarde y mal sus servicios militares”. De esa manera se pretende despojar de toda idea al hombre que proclamó: “¡Venezolanos: Salud; y para siempre libertad! Ni ahora, ni nunca, la vergüenza de las cadenas… Volveremos la espalda, ya para siempre, a las tiranías, a las dictaduras, a todos los disfraces de la detestable autocracia”. Y también: “Ha llegado el momento de vuestro pronunciamiento: proclamad el evangelio práctico de los principios políticos. La igualdad entre los venezolanos, el imperio de la mayoría”.

Develando el mismo autor la intención de su artículo, Lovera De Sola carga varias veces contra la Revolución Bolivariana, por ejemplo: “… es un hecho que hay que estudiar con atención al asomarnos al panorama de los días de Zamora y de la época en que vivió y actuó. El establecimiento en Venezuela de un gobierno liberal y democrático viene desde los días de la Independencia. Y se ha mantenido a lo largo del tiempo. El régimen actual es sólo caricaturescamente socialista”. Y cierra el artículo sin ningún disimulo: “Zamora, pese a su leyenda avivada primero por la izquierda marxista venezolana, ahora por el chavismo, no pasó de ser, para quien lee la historia a través de sus papeles, un caudillo más del siglo XIX. Y, claro está, todo lo que propalan Chávez y su gente alrededor de él es incierto, ni siquiera verdaderos son sus restos que tanto venera en el Panteón Nacional la actual llamada revolución, que para nada lo es”.

Finalmente, cuando los siglos venideros cuelen el jugo de la Historia, personajes como Ramos Allup, José Toro Hardy, Elides J. Rojas y Lovera De Sola acaso si ocuparán apenas líneas insignificantes de alguna enciclopedia menor. Ezequiel Zamora, entre tanto, seguirá brillando en la memoria del pueblo.

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