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Domingo Alberto Rangel: En el Cementerio del Este esperan por la industria automotriz

 

Escribir sobre la industria automotriz en nuestro país es un acto forense: Las siete ensambladoras que se mantienen en pie no producen entre todas al 10 % de la capacidad instalada.

A primera vista y si uno escucha o lee las quejas de quienes llevan años viviendo de una ficción, podrá pensar que resolver los problemas del sector es muy fácil: Uno de estos escribidores pagos decía en fecha reciente, en un diario nacional, que esa industria tiene salvación y solo es asunto de “mantener un flujo adecuado y constante de divisas, paz y eficiencia laboral producto de una legislación cónsona y la eficiencia –sic- de las dependencias que regulan las relaciones laborales, así como una política industrial que impulse la competitividad del sector”. Este nefelibata recuerda las cuñas de las compañías de seguros.

Leer el estoraque recuerda los Planes de la Nación que precedieron las promesas de un país “Potencia” que le escuchamos a Hugo Chávez o más recientemente a Maduro, el sucesor.

Siendo más serio o patriotas si se quiere uno debería comenzar la narrativa cuando a la caída de Pérez Jiménez se prohibieron las importaciones de vehículos y los precios de los carros en divisas subieron casi al 50 %.
En ese entonces se dijo que ese era el sacrificio necesario para que el país tuviese una industria automotriz al día. No se dijeron otras cosas.

Por ejemplo nunca se dijo que nuestro mercado, nuestro país, una democracia aislada en un mar de dictaduras, solo podía contar en ese entonces con una fábrica de carros a lo sumo, si por ello se entendía algo que sin la intromisión del gobierno produjera vehículos, a precios competitivos y de calidad decente.

Por supuesto que la mezcla de demagogia, con una pizca de ignorancia, que precedió a los gobiernos chavistas prefirió callar este dato y proceder a permisar ensambladoras más allá de la capacidad que tenía nuestra sociedad para producir vehículos automotores a bajos precios.

Los gobiernos adecos, aliados con los Estados Unidos permisaron ensambladoras de autos de ese país en el entendido de que las fábricas yanquis, que nunca calcularon que los copeyanos podían llegar al poder, gozarían eternamente de monopolios basados en leyes que prohibían importar carros a precios más baratos.

Pronto llegó el doctor Caldera y su gobierno les pagó la ayuda electoral a sus aliados europeos concediendo permisos para instalar ensambladoras de ese continente. Como el mercado no daba para que tantas marcas compitiesen pronto se subieron los precios para equilibrar los errores y los compradores comenzaron a pagar los platos rotos.

No voy a hacer un recuento total pero esta introducción es necesaria para comprender las razones por las que adquirir un vehículo, ya no solo los carros sino las motos, bicicletas y tractores, en nuestro país es un asunto muy costoso.

Los chavistas, cobradores de comisiones a los capitales, tanto que hasta los chinos que en materia de corrupción pueden escribir una Wikipedia, tuvieron que denunciar un familiar del Cardenal Porras “porque pedía comisiones en dólares hasta por sacar una fotocopia”, permitieron como era de esperar la instalación de muchas ensambladoras procedentes de los cuatro confines.

Única condición: Cancelar coimas en divisas, preferentemente en Andorra.

Ahora tanta irresponsabilidad se une a la vieja corrupción sindical, al empobrecimiento propio del socialismo, a los impuestos altos y a la globalización que baja los precios a sus artículos mientras que el chavismo de la quinta, mezclado con el populismo sindical de la cuarta, terminan provocando alzas indiscriminadas y mala calidad.
El año pasado se fabricaron en nuestro país 2819 vehículos según cifras oficiales del sector… pero la capacidad instalada es de unos 225. 000 carros por año.

General Motor tiene 16 meses paradas sus plantas aunque cumpliendo los contratos colectivos mantiene miles de trabajadores cobrando 15 y último en sus casas.

En cualquier país de la tierra los sindicalistas habrían protestado la amenaza a los puestos de trabajo de sus afiliados porque lo que se otea es quiebra. Pero, aquí eso no sucede y vale la pena preguntarse: ¿Por qué?
Sencillo: En sus contratos colectivos las directivas sindicales acordaron 1 o 2 carros al año para cada jefe sindical… y 1 carro para cada trabajador mientras no esté en paro.

¡Allí fue que nació el bachaqueo porque cada trabajador recibía un carro, o dos si es directivo sindical, a precio de fábrica y lo revendía al PVP!

Esto a nadie le duele y no hay política para rescatar la industria pero mientras tanto, algo cabe a manera de reflexión: Venezuela, más allá de la cháchara del oficialismo, está más aislada de lo que estuvo el gobierno de Rómulo Betancourt que rompió con sus pares dictatoriales, que eran casi todos en América Latina. Condición que nos lleva casi a empezar desde cero.

Las 7 ensambladoras en cualquier momento van a cerrar y no se trata de Guerra Económica sino de los resultados de muchas décadas de irresponsabilidad y corrupción a manera de política.

Si Hugo Chávez hubiese sido un socialista serio habría comprado a la Volkswagen la fábrica entera de los viejos pero aún útiles Escarabajos y ese sería el único carro regulado… los demás los ha podido dejar importar libremente a cambio de pagar un impuesto al lujo… pero no, entre la corrupción y la imposibilidad de decir NO… llegamos a una situación insostenible que pronto va a reventar.

Ira mucha gente a la calle lo que lamentablemente es inevitable en este momento… pero lo malo también puede empeorar… a lo mejor en la “Reestructuración de la Mud” les da por darle ingreso a estos sindicalistas que junto a la estupidez y corrupción del oficialismo lograron matar una industria que con el salvavidas de los gobierno había durado 55 años.

 

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