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Enrique Meléndez: El aciago 4F

 

El episodio del 4 de febrero de 1992 ha sido uno de los episodios más viles y alevosos, que vimos a lo largo de la historia de la República civil o la Venezuela de la partidocracia, como también se le conoce. Chávez trató de justificar aquella asonada militar, apelando al argumento de que se trató de una rebelión contra un gobierno que abundaba en corrupción, abundaba en ineptitud; varias cosas han alegado los que entonces se hacían llamar Comacates (comandantes, capitanes y tenientes); incluso, creo que le oí decir a Chávez en una ocasión; que él había acelerado las acciones de esa intentona, a raíz de una declaración de Carlos Andrés Pérez, en la que decía que en su política neo-liberal, él estaba dispuesto a entregarle el golfo de Venezuela a Colombia: delirios suyos; que sufría lo que el propio Pérez calificaba de incontinencia verbal.

Sobre todo, porque se vino a demostrar que esas inconsistencias; que ellos veían en la mal llamada IV República; no sólo no las lograron superar, y terminar de conducir a Venezuela por la senda del progreso, sino que además pecaron mucho más de corruptos, de ineptos y de apátridas; a pesar de que esa asonada tuvo un éxito político, y esto porque estamos en un país militarista; que espera todo de los militares, y en aquel país ladroneado se vio a Chávez como el héroe inmaculado, que venía a ponerle coto a esa situación; una especie de líder mesiánico; que es otra característica de estos pueblos nuestros, es decir, a poner toda su fe en un Leviatán; que, repito, hará del país una maravilla en todos los sentidos; como le oí decir yo a un señor en ese año 1998; en plena campaña electoral, para los comicios de ese año, que a Chávez le correspondía hacer todo: obsérvese esa conciencia tan enajena de ese venezolano de esa época; sobre todo, esa clase media; que no se preocupaba por pensar, que ya de por sí Chávez era un sujeto a desconfiar; partiendo del hecho mismo de que era un militar felón; por una parte, y, por la otra, porque se había traído a su batallón, compuesto por jóvenes imberbes, que estaban a su cargo, y los puso a disparar contra objetivos, incluso, hasta civiles; puesto que lo hicieron hasta en La Casona, es decir, el hogar presidencial; muchos de quienes morirían en las acciones; como quedó el recuerdo de uno de esos muchachitos en la comunidad de Los Chaguaramos; donde entonces yo vivía, y que fue uno de los sitios más candentes, que tuvo aquella intentona; puesto que allí operaba el comando principal de la antigua policía política, conocida como Disip; que se sumó, junto con el Ejército, a la defensa de aquel gobierno; fuego cruzado fue lo que hubo aquella noche en Los Chaguaramos, y entonces al muchachito se le oyó decir:

-Ay mi madre, me dieron.

He allí el carácter vil y alevoso, que tuvo aquella asonada, y que frenó todos los pasos hacia la modernidad, que se estaban dando en aquel país; algo que se negaba a ver aquella Venezuela, a la que su inconformidad, y espíritu demasiado crítico la llevaba a enceguecerse ante tal realidad; un cierto espíritu de insatisfacción por todo; que es la que nos ha llevado a este estado de mengua en la que nos encontramos a esta hora. En efecto, ese gobierno, que se veía exitoso, tuvo serios problemas de comunicación; primero, en tratar de mostrar al país sus cifras exitosas; en materia de reforma institucional; pues había arrancado entonces el proceso de descentralización; en crecimiento económico; golpeando, por lo demás, intereses, que son los que van a estimular, precisamente, lo que se conoce como “el ambiente de golpe”. No son razón se dice que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Segundo, en hacerle ver a la población que Chávez no era sino un aventurero; con muchas ambiciones de poder, sólo que sin ninguna tesis política en esa cabeza, como diría Betancourt, y para quien no tendría otro calificativo que el de cabeza de ñema; vista la situación de hambruna, ya casi generalizada, que está viviendo el país, y cuyo origen van a ser sus políticas económicas, que ha dado lugar al más grande latrocinio, que conoce nuestra historia, por lo demás, que marcha parejo con ineptitud.

Aquí es donde quedaron muchas dudas, a propósito del desenlace de los acontecimientos de ese aciago 4-F, con respecto a la forma de la rendición de Chávez; que viene a ser donde radique el éxito de su intentona golpista: 49 segundos de aparición; donde lo dijo todo, y se convirtió en una figura tan mediática; que de inmediato su nombre se catapultó en la opinión pública; sobre todo, aquella arrogancia, con la que hablaba, al expresar ese “Por ahora”: por ahora, nuestros objetivos no fueron cumplidos. He ahí la primera pregunta: ¿por qué no editaron esa rendición, en lugar de presentarlo directamente ante los medios?

Pero, además, ¿cómo había llegado hasta allí, siendo señalado como el cabecilla principal de ese grupo de oficiales; conocidos como Comacates; que después adoptaron el cognomento de bolivarianos, y que se reunían a conspirar? Pues aquí hay que reparar en el hecho de que el fenómeno militar de Chávez; que no político, se fue filtrando en las fuerzas armadas con el concurso de sus compañeros de armas, a propósito de ese liderazgo, que fue consolidando; porque esta gente también cae en la trampa de creer que sólo los militares son los llamados a poner el orden en este país, y no se pase por alto que hay un desmadre en los medios de comunicación, a propósito del tema de la corrupción, y así que se piensa que combatiendo la corrupción, se acaban todos los males en Venezuela, y que viene a ser una de las banderas de aquel grupo, conocido como los Notables; que se pliegan de inmediato a Chávez, sin reparar en su conducta quijotesca, y van a ser los abanderados de la defenestración política de Carlos Andrés Pérez, y de sus ansias de modernidad institucional.

melendezo.enrique@yahoo.como

 

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