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Gustavo Coronel: 4 de febrero de 1992, Pearl Harbor de nuestra democracia

 

Ese día, como decía Roosevelt sobre Pearl Harbor, vivirá en la infamia. Ese día el traidor Hugo Chávez llevó bajo engaño a sus soldaditos a matar y a matarse. Fracasó, a pesar de que lo había estado planificando por ocho largos años, bajo las narices de sus supervisores, tan complacientes como indiferentes o cobardes. La Escuela Militar y la Fuerza Armada fueron tan laxos en este sentido que un solo militar, un tal Teniente Coronel Santeliz, era el ideólogo de dos golpes en gestación, uno de derecha y otro de izquierda, algo que parece sacado de una opereta barata (ver libro del General Carlos Peñaloza: “El delfín de Fidel”, página 184).

La cobardía y la ineptitud de Hugo Chávez llevó el golpe al fracaso pero  la negligente  Fuerza Armada lo vistió de gala y le permitió hablar por televisión. El Dr. Rafael Caldera lo defendió en el Congreso y, posteriormente, lo liberó de ser enjuiciado, cediendo a presiones de probados demócratas venezolanos, algunos de   quienes pasarían a ser víctimas del sátrapa. Toda esta comedia de errores y cobardías llevó a Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1999, cuando juró sobre una moribunda constitución. La historia quizá hubiera cambiado radicalmente si Caldera hubiera rechazado públicamente este exabrupto. Nadie lo hizo en el momento. Y Venezuela se puso de rodillas ante el insulto del sátrapa.

Lo que fue una matanza de venezolanos inocentes, lo que fue un acto de engaño y cobardía por parte de Hugo Chávez, hoy es un día de “Fiesta Nacional”, decretado por los miembros de la pandilla que tomó el poder en 1999. Se glorifica hoy un acto de traición, apoyado por una Fuerza Armada prostituida y narco traficante. Lo que existe hoy en día en Venezuela  es una narco-dictadura militarizada y rapaz, la cual desfila para conmemorar la traición, payasos llenos de medallas de latón y vestidos como para el carnaval de Río.

Como ciudadano venezolano  denuncio esta aberración. Digo que los militares y los chavistas civiles que apoyan la glorificación de este golpe absurdo son rastreros y adulantes sin honor. Lo que declaran hoy Vielma Mora y Ernesto Villegas sobre este golpe indigno y sobre el sátrapa Chávez da ganas de vomitar y refleja fielmente la baja calaña de una gente cobarde y melosa, capaz de mentir con desparpajo para conservar su acceso impune al tesoro público. Oír a Padrino López hablar sobre Chávez es constatar lo bajo que han caído los militares venezolanos chavistas.

Vivirán bien, gordos como Juan Barreto, seguros como Padrino López, llenos de privilegios como Villegas o de dólares como Vielma Mora, todos con grosero poder. Los venezolanos dignos  los ven como parte de la antología de nuestra infamia.

 

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