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Juan Carlos Parisca: La misma gente

La corrupción es un problema grave que nos aqueja desde siempre y que hay que extirpar con enorme urgencia, por cuanto al aflorar por todos lados impide la corrección de numerosos problemas del funcionamiento de la vida del país, tanto de los sectores público como privado.

La siguiente anécdota permite darle un tratamiento ligero pero de claro enfoque corporativo, que lo hace muy pertinente.

Un sábado a eso de las 11 am voy subiendo vía Baruta. Recorto y me detengo en el semáforo que está a la altura de Lomas del Club Hípico. Súbitamente me chocan por detrás. Me bajo del carro a ver qué pasó. Del carro de atrás se baja un joven muy asustado. Lo increpo fuertemente. Estoy realmente indignado. Lo único que atino a decirle es… ¿Bueno, y ahora cómo hacemos para que me pagues el choque? “Yo no tuve la culpa, usted se paró”. “Claro, pero sí estamos en el semáforo, me tenía que parar” le digo. “Tenemos que ir a que mi papá lo vea.” Me responde. ¿Y dónde está tu papá ? “En Baruta” me dice. ¡OK!, arranca que yo te sigo, le respondo. Continuamos para Baruta. Ya en el pueblo tomamos una calle a la derecha. A media cuadra se para y entra a una casa. Sale con un señor muy molesto, de acento italiano, que pretende regañarme. Yo le contesto: Señor, su hijo me chocó y me tienen que pagar. Intenta discutir, pero se da cuenta de que yo no pretendo detener el reclamo.

Me dice: “Bueno, vamos para la Inspectoría”… Se montan en su carro y yo los sigo hasta la Plaza Bolívar. Se detienen y se bajan del carro. Entran. Yo espero afuera. Al rato salen con un fiscal que me pregunta autoritario que por qué movimos los carros. Yo le respondo que el joven me ofreció pagar el choque, pero que tenía que hablar con su papá.

“Por mi parte lo único que quiero es que cumplan la promesa y me paguen….” . Les digo.

“Sí”, dice el fiscal, “hay que levantar el choque, pero yo no voy a ir para ese solazo. Tienen que firmar que el choque fue aquí, en esta esquina”… repite señalando calle abajo.

“No hay problema si me pagan el choque”… digo yo. El fiscal avanza hacia la esquina. Lo seguimos.

El fiscal saca una libreta y comienza a dibujar un croquis en una boleta… Al poco rato me muestra el croquis diciendo “… Este es su carro. Firme aquí… Yo le repito nuevamente…”“Y a mí quién me va a pagar el choque?” “Tiene que ir con esto el lunes a El Llanito”… me dice, dándome la boleta… ”. “Presente esto al sargento.“ Debe haber notado mi cara de asombro pues rápidamente agrega… “Es la misma gente”.

Dándome cuenta de que no puedo hacer más nada, tomo mi carro y me voy. El lunes temprano me presento en la Inspectoría de El Llanito. Al entrar le muestro la boleta al fiscal de guardia, quien la ve sin mucho interés. Nota en mi cara el disgusto y me dice: “Vaya enfrente para que le hagan el avalúo” y agrega… “Es la misma gente”.

Cruzo la calle y entro a un taller mecánico. Espero mi turno y le presento la boleta al portero quien, sin verla, me pregunta sin inmutarse “¿Cuánto vale ese choque?” Yo, ya medio curado, le respondo “… son cuarenticinco mil bolívares…”. El portero entra en una oficina, saca una planilla, me pide la cédula y los datos del vehículo. Llena otra boleta. Me dice “voy a poner cincuenticinco mil, porque el seguro le va a dar menos”.

Firme aquí, me dice. … Arranca la boleta y me la da. “Vaya con esto al taller que está frente a la Inspectoría”, me dice señalando la boleta, que tiene por detrás la dirección del seguro. Yo firmo donde me dijo y doy media vuelta para irme. Me dice orondo: “Es la misma gente”.

Al día siguiente, temprano, estoy en el seguro. Espero y cuando llega mi turno le doy la boleta a la secretaria, quien la ve por encima y me dice sin inmutarse… “Si quiere demande… pero para hacer un arreglo tiene que hablar con nuestro abogado, que le va a dar treinta mil bolívares. Usted sabe…”. “Es la misma gente”.

Yo, que ya había comprendido, le dije rápidamente que estaba de acuerdo. Ella entró a la oficina, no sin decirme antes: Espere aquí que voy por el cheque. Al rato salió con un papel que explicaba el acuerdo que yo había aceptado y un cheque a mi nombre, por treinta mil bolívares. Todo conforme. Me fui convencido haber logrado el mejor arreglo posible.

Alguno podría considerar mi actitud de cómplice. Yo diría más bien de resignado. En efecto. Ese es el término adecuado después de tanto tiempo y tanta impotencia, habiendo constatado el fenómeno en esferas y escalas tan disímiles del país, como son la compra de activos, las contrataciones públicas, el reparto de comida, la seguridad y el orden público en diferentes situaciones, momentos y gobiernos de todas las épocas. Para no polemizar en exceso recordemos los gobiernos de Gómez y Pérez Jiménez, que se caracterizaron por dejarnos ilustrados todos los casos posibles con sus respectivos ejemplos.

 

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