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José Manuel Rodriguez: En ambos lados

La oposición y el gobierno si en algo han estado de acuerdo es en colocar el asunto económico como centro de las preocupaciones de la sociedad, y aún peor, en la razón de la vida. Unos y otros repiten jerigonzas como la política de precios no puede reñirse con la cambiaria, ni la productiva con la fiscal… como si todos fuéramos parte de la junta directiva de una empresa sin acciones.

En USA esa disociación deriva en esquizofrenia, llega hasta los púlpitos de sus desparramadas iglesias. Allí, ni Dios es más importante que el dinero y los planes para conseguirlo. En Europa todos sus presidentes y primeros ministros se la pasan reunidos en Bruselas para discutir como va el negocio. Y en función de eso acuerdan a que “fallido” país invadir para tomar sus riquezas evitando los indeseables refugiados que genera.

Así es, el capitalismo va mucho más allá de ser un modo de producción, es un sistema que edificó, recordemos a Marx, una superestructura poderosísima sin fronteras, con aparatos de Estado y acuerdos internacionales que lo defienden, una cultura que lo ensalza y religiones que lo bendicen. Los medios de comunicación y las redes sociales son altavoces de esos tres componentes y lo es la llamada “industria” del entretenimiento.

Como si la alteración de la conciencia fuera de lo más normal, en Venezuela nos han ido metiendo en una lucha, que es desesperada por lo individual, para conseguir alimentos, sembrando en techos y balcones o anotándonos en la franquicia que abrió el PSUV. Pareciera una inutilidad la actividad productiva que diariamente realizamos. Hay que afanarse para estar en alguna cola.

A esos les gritamos que el asunto fundamental de la sociedad socialista es la democracia no la producción. Es lo sustantivo. Reducirla a un instrumento como lo hace el capitalismo o a una adjetivación como acostumbra la izquierda, es despreciar la lucha por la libertad, la justicia y la equidad. La democracia es como el horizonte del marino, Maneiro lo decía, siempre estará más allá. En esa dirección apunta la comuna, que no es solo organización social productiva, es democracia, y sin CNE.

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