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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Enfermedades (08-02-2017)

En el Análisis de ayer nos referimos a “la difícil situación que vive la oposición venezolana, que se está ocupando en estos momentos de vender al país la idea de una especie de autocrítica, como una vía para tratar de recuperar credibilidad y reinventarse una imagen potable que le permita reflotar políticamente desde el fondo de los mares silenciosos donde se hunden sus melladas garras”. Es algo bastante curioso, porque quienes acusan al presidente Maduro de ineficiente e incapaz, no han podido ni siquiera cosechar frutos de los estragos que ha generado la guerra económicamediática, con una “ayudaíta” de los errores de la Revolución. A un año de haberse juramentado la mayoría opositora en la Asamblea Nacional, lo que vemos ahora en ese sector es un llantén generalizado, meas culpas colectivas (individuales ni por asomo), acusaciones, y hasta zancadillas.

Pero no nos confiemos, esta gente hará hasta lo imposible para seguir engañando a los suyos con fingimientos de unidad, queriendo dar una imagen pública de coherencia cuando por dentro no son más que un hervidero de ambiciones y deslealtades. Sin embargo, hay una cosa en que su propósito es común: dar al traste con la Revolución Bolivariana, restaurar el reino del neoliberalismo y reeditar la alineación con los intereses de “Occidente”, o sea con el imperialismo y sus aliados. Son de la misma calaña de Macri, Temer, Kuczynski y compañía. Están de acuerdo en el “Qué”, que sigue siendo lo más importante para ellos, pero no en el “Cómo” (la táctica) ni en el “Quienes” (la hegemonía). Hasta ahora han demostrado que tienen un objetivo “sagrado”, salir de Maduro y acabar con la Revolución, y para ello han hecho sacrificios particulares y han mantenido unida, a duras penas, la amalgama de egos e intereses que conjugan ¿Será esto algo necesariamente bueno para ellos? A juzgar por los resultados, seguramente algunos a lo interno de la “Unidad” se lo estarán pensando.

Otra cosa que llama la atención es la evasión de responsabilidades. Está Capriles pidiendo la remoción de Torrealba, cuando una de las causas de la debacle opositora es el empeño, liderado precisamente por el gobernador de Miranda, de encerrarse casi todo el año en la promoción del referendo revocatorio y hacerlo además de manera chapucera y fraudulenta. Capriles es uno de los principales responsables del fracaso opositor del año pasado, pero vuelve al estilito del “yo-no-fui”. En cuanto a Voluntad Popular, es uno de los principales críticos de la MUD, como si sus radicalismos y posiciones soberbias no fueran parte del problema en que se ha convertido la alianza opositora.

Pero no podemos esperar otra cosa de este grupete que jamás ha asumido responsabilidad alguna por sus despropósitos, a no ser que se las endilguen a otros caimanes de su mismo caño. Ni por el golpe de Estado de 2002, ni por el sabotaje petrolero de 2002-2003, ni por los fallidos espectáculos de la Plaza Altamira, ni por las guarimbas, ni por nada.

Ahora bien, no podemos estar seguros de que la derecha no vaya a reposicionarse y poner en peligro la continuidad del Gobierno revolucionario, que no es lo mismo que la Revolución, solo es parte de ella, sin duda muy importante. La Revolución seguirá siendo el fenómeno político más poderoso de Venezuela, el que marca la época, por más marchas y contramarchas que se produzcan. Sin embargo, la derecha sigue contando con un factor que nos mantiene en riesgo mientras no se supere:  el descontento popular, sobre todo por las heridas de la guerra económica que aun están a flor de piel, aunque hayamos aliviado un tilín el dolor con algunos apósitos que acaso se conviertan en remedios duraderos, lo cual está por demostrarse. No basta con que apliquemos el medicamento adecuado, también jugarán un papel la administración de las dosis, la regularidad del tratamiento, la pericia del médico, las reacciones del cuerpo y de los anticuerpos. El enfermo no está en coma y muestra síntomas de mejoría. Tal vez no esté ya en terapia intensiva, pero tampoco se puede diagnosticar que su estado de salud sea estable. La fiebre no ha terminado de remitir y la orden de alta no puede ser dada.

Otro error es pensar que el único peligro para nosotros es la MUD ¡Ojalá fuera así, por lo mediocre de sus políticas! Resulta que hay una grieta por la que podrían colarse otros factores, que es la existencia de un numeroso sector social que se define como “no alineado” y cuyas posiciones futuras son, hay que reconocerlo, un albur. Los alineamientos de esa primera minoría dependerán también de nuestra capacidad para mantener el rumbo, alcanzar logros tangibles en la economía de lo cotidiano y enderezar entuertos que llevamos por dentro.

El espectáculo de la MUD tratando de reivindicarse con reestructuraciones, reacomodos políticos, reprogramación de acciones y otras poses de contrición no hace sino evidenciar aun más su rosario de fracasos. La mediocridad suele ser una enfermedad incurable, ahí si es verdad que la cura es casi imposible. Es para ellos un cáncer que parece haber hecho metástasis. Aunque de ese lado pensarán que los milagros ocurren.

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