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Aurelio F. Concheso: La Descontrolada Emisión Monetaria Sin Respaldo Del BCV

Hace escasos dos meses que alertamos sobre la descontrolada aceleración de la liquidez monetaria y las consecuencias perversas que eso tendría, en vista de que se estaba produciendo cuando predominaba un entorno pre hiperinflacionario, luego de todo lo que había sucedido precisamente con el citado aumento de la liquidez año a año. Pero, además, y aun cuando se había estabilizado en un 100% durante los primeros 9 meses de 2016, había escalado a 120% en octubre y a 130% en noviembre.

Esos aumentos fueron motivados por la perentoria necesidad que tenía el Gobierno de disponer de liquidez en bolívares, para pagar los aumentos de salario mínimo decretados, así como las utilidades y bonificaciones de fin de año del cada vez mayor sector público venezolano. Su efecto inmediato fue la provocación de una crisis de escasez de circulante en efectivo, que luego fue agravada por la peregrina decisión intempestiva de retirar, en tan sólo 72 horas, los billetes de Bs. 100, es decir, del papel moneda que constituía el 70% de los billetes en circulación.

Sin lugar a dudas, el último trimestre del año en Venezuela, como en otros países, es uno de los períodos que necesita una mayor liquidez. Sin embargo, en años anteriores, pasadas las fiestas decembrinas, con sus relativamente mayores niveles de gasto y compras de los consumidores, la autoridad monetaria aprovechaba la menor actividad económica de los primeros meses del año subsiguiente para recortar la liquidez y, de esa manera, controlar también en parte el desplazamiento alcista de la inflación.

Es por eso por lo que debería ser motivo de preocupación para todos, el hecho que en esta oportunidad, el Banco Central de Venezuela haya decidido todo lo contrario. En otras palabras, antes que estabilizar o disminuir, decidió el ritmo de emisión monetaria en enero. Dicha emisión se tradujo en un cierre monetario durante el mes con un incremento en la liquidez por el orden del 170%, en comparación con la de enero del 2016. Dicho de otra manera, dos de cada tres billetes que ahora circulan, no existían hace un año y fueron fabricados artificiosamente por el BCV durante el curso del año pasado.

La consecuencia de esa política -o más bien, de ese descontrol- no se hará esperar, y no será otra cosa que la carrera ascendente de una inflación, de por sí ya insoportable de tres dígitos. Y que, seguramente, traspasará la barrera del 1000%, como lo ha venido pronosticando el Fondo Monetario Internacional desde el año pasado, si no se toman medidas drásticas para revertir dicha situación.

Los países que llegaron algún día a este punto de inflexión en su carrera hacia la hiperinflación, pasaron por la experiencia de comenzar a tomar medidas cada vez más desesperadas, pero siempre parciales, y haciendo de su osadía simples pasos por la vía del ensayo y error, por lo que nunca pudieron impedir que las naciones y sus ciudadanos siguieran su acelerada marcha por el camino hacia el barranco. Perú, por ejemplo, intentó los aumentos progresivos del encaje bancario en 1989, hasta llegar a un 80%. Y eso lo hizo meses antes de imponer las inevitables medidas de corrección drásticas; es decir, de las mismas que aquí ya se vuelven inevitables, so pena de destruir lo poco que queda de economía nacional.

Esas medidas que se necesitan en Venezuela, no son otras que una Reforma Monetaria Integral que, de una vez y por todas, revierta las severas y desbocadas distorsiones que ahogan a la ciudadanía en un deslave de moneda nacional inservible.

Contrario a lo que piensan algunos economistas del Gobierno y de la Oposición, a estas alturas del juego, una Reforma Monetaria Integral es ideológicamente neutra. Es decir, no es ni de izquierda ni de derecha, ni socialista ni capitalista, sino más bien inevitable, dado al punto que nos han traído las políticas económicas inviables de los últimos 35 años.

Basta ver a Ecuador, El Salvador, Bolivia y Nicaragua, para darse cuenta como países que hoy presumen de ser de izquierda, se han beneficiado de ellas, así como, en su momento, también lo hicieron países que hoy exhiben economías modernas, como es el caso de la Alemania en 1948, y con lo cual dio inicio al “milagro económico” de dicha nación.

Es posible que todavía haya una pequeña minoría de acólitos del poder que se beneficie del rédito que les aporta un régimen hiperinflacionario de controles. Pero cuando -como lo señalan las encuestas más serias-el 95% de la población considera que la situación es mala y no ve salida, el costo político de implementar una Reforma Monetaria Integral tiende a cero. Y eso debe ser motivo de reflexión para el mundo político que aún se resiste a implementarla, sobre todo porque insistir en dejarlo para después, implica la inevitable obligación de tener que cargar con un mayor costo político, social y económico, entre otros.

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