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Gustavo Tovar Arroyo: Unidad o el electrocardiograma de un corazón roto

 

Angina de pecho

No sé si cada vez que me leen pueden intuir qué pasa por mi espíritu cada vez que me siento a escribir mis entregas semanales. No lo sé, pero si puedo confirmarles que ocurre algo extrañísimo entre nosotros. Cuando me envían sus comentarios es evidente que no reflexionan sobre mis palabras, reflexionan sobre los latidos de mi corazón a veces agitados, a veces sofocados, siempre anhelantes.

La semana pasada, por ejemplo, estaba agobiado, lo que le hacen a Leopoldo López, Yon Goicoechea, Gilber Caro y a tantos otros presos políticos me produce una angina de pecho moral que aprieta mi respiración y me tiene al borde del abatimiento. Sobre todo cuando al mismo tiempo que ello ocurre –la crueldad del chavismo contra la oposición venezolana– veo a un Manuel Rosales o a un Henry Falcón sonrientes y gozosos, pidiendo que hagamos “causa común” con nuestros verdugos.

Pero en medio de mi asfixia, a segundos de sucumbir y dejar de escribir (la verdad lo único que me provoca es lanzar largos párrafos repletos de invectivas y mentadas de madres; lo único), recibo tantos mensajes de aliento que me reanimo; sigo y seguiré con ustedes. No me rindo. Ustedes tampoco lo hagan.

Mientras nuestro aliento sea capaz de empañar una lámina de vidrio tendremos fuerzas suficientes para derrocar al chavismo.

Y lo lograremos, por ustedes sé que lo haremos. No suelo agradecer cuando me escriben porque entiendo que lo que hacemos es una labor de equipo, un esfuerzo común, pero haré una excepción.

¡Gracias por sus voces de aliento!

El corazón roto

Nunca me han interesado las inquisiciones científicas. Me sorprenden, sí, pero no me interesan ni sus enigmas ni sus certezas, entiendo su importancia pero me son indiferentes.

Por ejemplo, a raíz del diálogo, de toda la farsa que lo envolvió, sentí –como todo el país– un profundo desconsuelo, no sólo porque sabíamos que la dictadura conejeaba ridículamente a Ocariz y Torrealba, sino porque además ellos intentaban a su vez y sin rubor alguno conejear al país –a nosotros– con un inusitado cargamento de falacias y de despiadadas babosas. Desconsolador.

Les confieso que tanta tristeza reunida en mi pecho me hizo temer y fui al médico. Quería saber si las ciencias cardiovasculares tenían diagnóstico para mi desgarradora pena.

Mi corazón estaba roto.

La prueba de esfuerzo

Cuando el cardiólogo me señalo que, ante la emergencia, lo primero que me haría sería una “prueba de esfuerzo” no pude resistirme, vociferé: “Coño, usted debe estar jodiendo, ¿prueba de esfuerzo? ¿Existe alguna prueba para tanto esfuerzo? ¿Más del esfuerzo que hemos hecho los venezolanos para resistir a la peste chavista? ¿Esa prueba refleja los sudores, las heridas, las torceduras o las fracturas del alma? ¡No joda!”

Como era de suponer la prueba de esfuerzo “científico” mostraba un corazón con sobresalientes capacidades cardiovasculares, excepcional resistencia, inconmensurable fuerza para sobrellevar las más empinadas consternaciones y dificultades, pero sobretodo un vigor que le permitiría luchar muchos más años.

Las ciencias mostraban la fisonomía de un corazón intacto, pero no su emocional realidad: mi corazón estaba hecho pedazos. Tanta anomia, tanto desdén, tanta crueldad y desfachatez, pero en particular tanta traición opositora, lo habían hecho estallar y habían convertido mi caja torácica en un desangre de frustración y rabia.

¿Qué produjo semejante caos en mi pecho?

Unidad o el electrocardiograma de un corazón roto

Ya lo he escrito, el año 2016 fue un desastre para la Unidad, es decir, para la democracia, la justicia y la libertad. Fue, para decirlo en términos médicos, un infarto en el miocardio de nuestra esperanza.

La claudicación de Capriles –la tercera fue la vencida, al menos yo no vuelvo a creer en él más nunca–, la negociación a trastienda de Rosales, la insospechada reticencia de Primero Justicia por defender su valeroso esfuerzo por alcanzar el Revocatorio, la falacia del diálogo (su ruindad tergiversadora y traidora), sumado a las cárceles, las torturas y la ruina nacional, hicieron estallar en trizas, desangraron, nuestro corazón. El electrocardiograma espiritual lo muestra destrozado.

Destrozado, pero no muerto.

Diagnóstico y profilaxis

No entiendo muy bien cómo unas ligeras descargas eléctricas en la caja torácica pueden diagramar el estado de un corazón descompuesto, tampoco comprendo como esa misma electricidad no produce un cortocircuito –qué cortocircuito, ¡una explosión!– cuando la frustración y el desconsuelo son la sístole y la diástole de un corazón roto, lo que sí entiendo o creo entender es la deficiencia cardiaca que muestra el electrocardiograma opositor en un momento tan crítico como el que vivimos.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD)  tiene dos aurículas y ventrículos buenos y dos malos. Los buenos están compuestos por AD–VP–ABP–VENTE. Los malos por UNT–AP. En el corazón opositor PJ funciona de manera indescifrable y arrítmica; sus espasmos nos producen pequeños infartos y permanentes anginas de pecho (elecciones 2012, 2013 y Revocatorio 2016). Si PJ se uniera a VP–AD–ABP–VENTE, nuestro corazón funcionaría más homogéneamente y con más fuerza, nos daría el vigor suficiente para luchar y deshacernos de la metástasis chavista. ¿Por qué inexplicable razón no lo hace? ¿Qué pasa?

La aorta –el pueblo– se está agotando. No lo permitamos.

El bypass

El corazón de Venezuela –el tuyo, el mío, el nuestro– no ha muerto por la fuerza que han mostrado flujos sanguíneos como los de María Corina Machado, Antonio Ledezma, Leopoldo López,  incluso, por las inyecciones de adrenalina que imprimió a nuestra circulación las celebradas zarandeadas históricas que Henry Ramos Allup le metió al chavismo (haber sacado a patadas las figuras de Chávez de la Asamblea Nacional y haberlas enterrado en le basurero de la historia merece reconocimiento, devolvió sangre a nuestras venas).

La Unidad, la de verás, necesita varios bypass para rehabilitar la fuerza motora de nuestra esperanza. Sabemos que una parte de nuestro corazón está irreversiblemente descompuesto (UNT y AP).

Ojalá que PJ no permita que nuestro corazón deje de latir. Si tú eres una de sus células, evítalo.

Hazle bypass a las arterias obstruidas o muertas.

¡Revive!

@tovarr

 

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