Inicio > El pizarrón de Fran > Jesús Alexis González: Economía venezolana: una burda aproximación fascista

Jesús Alexis González: Economía venezolana: una burda aproximación fascista

A pesar de la dificultad que ello implica, abordaremos  un análisis comparado entre el indefinido “proceso” chavista-madurista y el fascismo; siendo que este último surgió como un movimiento de masas sin una concreta definición ideológica (Venezuela: “chavismo”   un caso similar), para luego ir adquiriendo perfiles amenazantes bajo el lema: “Crecer, obedecer, combatir” con evidente referencia hacia la intención  de subordinar la voluntad del pueblo al “líder” dentro de un contexto militarista, hasta convertirse en un sistema totalitario a la luz de una dictadura unipersonal  (forma de gobierno donde el poder se concentra en torno a la figura de un solo individuo) edulcorada con populismo (Venezuela: H. Chávez y Polo Patriótico).

La política económica fascista, se basa en un intervencionismo estatal perfilado con  “Comisiones Gubernamentales” que dictan normas de estricto cumplimento tales como fijación de precios, salarios y condiciones de trabajo, regulación de las ganancias, y muy especialmente un combate contra el sector privado con la finalidad de controlar toda la actividad económica al extremo de convertir a los empresarios en unos “asalariados privilegiados” quienes han de valerse de favoritismo o conexiones políticas para evitar una inminente quiebra (Venezuela:  Consejo Nacional de la Economía Productiva y corrupción) hasta instituir el corporativismo económico del Estado fascista apoyándose en campañas comunicacionales con uso de un “lenguaje bélico” como por ejemplo “batalla del trigo”, “batalla de la lira”, “batalla de los nacimientos” y un largo etcétera de “batallas” (Venezuela: Plan de la Patria y “Guerra Económica”).

El sistema económico fascista, siendo de corte colectivista (los medios de producción son de propiedad pública coordinados mediante un “Plan” donde una autoridad central decide ¿Qué producir?, ¿Cómo producir?, ¿Quién produce? Y ¿Cuánto debe producirse?) se sustenta en una estructura jurídica de regulaciones y concesiones selectivas orientada al fortalecimiento de un Estado Corporativo (unión monolítica entre el gobierno y la población propiciada mediante el populismo, la violencia institucional y la propaganda) con fundamento parasitario: el gobierno como parasito y la población como huésped (Venezuela: sector petrolero y carnet de la patria); y en consecuencia de orientación antimercado y anticapitalista al punto que el “remanente” del sector privado queda subordinado a los intereses del proyecto colectivista (Venezuela: tiranía socialista en camino a una dictadura comunista); ofreciendo populistamente dicho “proyecto” como una estrategia “necesaria” para alcanzar el “Bienestar Social” o Estado de Bienestar Paternalista instrumetando un conjunto de programas o políticas de subsidios  (Venezuela: Misiones) bajo el engañoso argumento de ser una “ayuda” compensatoria para la población; cuando en realidad la intención soterrada es mantener a los ciudadanos en estado de expectativa y mendicidad (Venezuela: escasez de alimentos y hambre); y en el ínterin  el Estado afianza sus propósitos totalitarios (Venezuela: perpetuarse en el poder y partido único) al ritmo de una alegoría (dar una imagen que no existe) donde lo que verdaderamente subyace es perfilar una ¡¡población borrega!! (se somete fácilmente a la voluntad de otra persona sin rebelarse ni protestar) acostumbrándola a perseguir una zanahoria (migajas gubernamentales) atada a una caña que sostiene el “mandatario” montado en su lomo (Venezuela: humillantes colas para adquirir una “cajita” con comida).

Es de resaltar, que tan indignante política de “la mano extendida” se hace “ver” como un sacrificio que el pueblo tiene que soportar “momentáneamente” bajo  una supuesta política de protección a su derecho a consumir (¿?)  hasta tanto, sostiene el fascismo, el gobierno logra acabar, con los monopolios de la “oligarquía”; siendo que esa demagógica actuación conduce irreversiblemente a un detrimento del consumo y por ende al hambre colectiva (Venezuela: escasez, desabastecimiento y “bachaqueo”) inducida principalmente por la aparición de “nuevas empresas públicas” mayoritariamente ineficientes (que no tienen capacidad para  cumplir adecuadamente una función), ineficaces (incapacidad para lograr los resultados que aspiran) y despilfarradoras (gasto excesivo de tiempo, energías, recursos humanos y financieros, etc) (Venezuela: ¡¡exprópiese!! y “tiendas” de abastecimiento).

Mención especial merece la actuación del Banco Central en el modelo fascista de la economía, al convertirse en la herramienta vital para adelantar la “planificación central” (Venezuela: Propuesta del Comandante Hugo Chávez, para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019) y como mecanismo para crear ciclos de expansión y contracción haciendo uso de la impresión de dinero inorgánico (sin ningún respaldo en reservas internacionales ni provenir de la actividad económica), que a la postre se convierte en una inflación a gran escala (Venezuela: eliminación de la autonomía del Banco Central de Venezuela e inflación superior al 700% anual en 2016). En simultaneo proceder, los bancos centrales de inclinación fascista fijan las tasas de interés bancaria muy por debajo de su precio normal de mercado en aras de contribuir a proveer financiamiento barato y casi regalado al gobierno nacional (adicional al dinero inorgánico) quien lo materializa bajo la figura de endeudamiento interno (Venezuela: saldo de la deuda interna al 2016: Bs 815.600 millones) a los efectos de mantener el crecimiento derrochador y populista en el gasto público hasta configurar un “fascismo monetario” para ampliar la burocracia (Venezuela: el  gasto público aumentó un 241,3% durante el periodo 2013-2016 desde Bs 507,6 millardos hasta Bs 1.732,7 millardos en 2016); soslayando un principio elemental de la economía: el aumento del gasto público como alternativa para sacar a la economía de la recesión, solo logra  estimular la inflación  y ¡generar más recesión! (Venezuela: la hecatombe económica en el presente).

Finalmente, y asumiendo como en efecto es, que los optimistas son quienes transforman el mundo (Francois Guizot) hemos de convencernos que el histórico espíritu de libertad y justicia del venezolano le impide ser borrego de cualquier burda intención dictatorial, y en razón de ello más temprano que tarde retomará la calle para realizar una campaña política en pro de ¡¡rescatar la democracia!!

Te puede interesar