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José Manuel Rodríguez: El porqué del no a las comunas

Por estos días un camarada, y además amigo, me sorprendió al afirmar en una entrevista que Chávez convocó el Referéndum del 2007 para meter la palabra socialismo. Bueno, era bastante más que eso, pero, lo que me asombró es que el camarada concluyera que el pueblo con su sabiduría se le opuso.

También me causó sorpresa una camarada, igualmente amiga, que con cierta angustia sobre la operatividad de los CLAP, señalaba que ellos no pueden ser sólo para comprar comida. Debe haber, como su filosofía lo señala, formación política y actividades productivas… Sin producir el pasmo del caso anterior, también confunde.

Lo comentado se suma a las múltiples referencias de rechazo, entre los miembros del gabinete de Chávez y de Maduro, a las comunas como forma de producción. Compartido además por muchos gerentes de la PDVSA que manejó el asunto no petrolero, y naturalmente, también por los jefes de empresas gubernamentales.

Me desconcertaba tanta concurrencia. ¿De dónde sale esa oposición a las comunas dentro de la revolución? Y peor aún, que tal cosa ocurriera contra la voluntad de Chávez e inclusive contra su testamento. No es una tontería preguntar por qué diablos iba a ser más inequívoca su orden: elijan a Maduro… que aquel comuna o nada…

Él estaba convencido que la comuna, es decir, la producción en manos de la sociedad organizada, era lo único que podía conformar una yunta equilibrada con la planificación centralizada. Y yo afirmo que, más allá de ser una forma de producción colectivizada y solidaria que se conecta directamente con las necesidades y costos que establece la centralidad, apunta a profundizar la verdadera democracia.

Antes suponía que tal oposición venía del desprecio al pueblo, imaginándolo sólo para actuar bajo mandato, eso mezclado, claro está, con las ambiciones personales de formar parte del mandatario. Ahora, cuando la crisis acaba con los disimulos, empiezan a perfilarse las “otras” razones con las que fantasean los burócratas: el socialismo del siglo XXI será la yunta de un Estado Productivo y Benefactor con el sector empresarial.

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