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Vladimir Villegas: Renovación partidista y baños sucios

Qué difícil es entender el momento político que se vive. Qué complicado es imaginar una coyuntura en la cual se vayan achicando las puertas que la democracia ofrece para dirimir las diferencias y decidir las cuestiones del poder. Estamos ante la posibilidad cierta que el escenario electoral sea precedido, y cuidado si impedido , por protestas de calle, aumento de la tensión política, represión y agravamiento de la confrontación entre poderes, y en consecuencia se aleje la posibilidad de una negociación política a la cual, tarde o temprano, habrá de llegarse .

Eso de que se le pongan todas las trabas imaginables a los partidos opositores y algunos aliados del gobierno para que sea misión imposible renovarse de acuerdo a las normas dictadas por el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral habla muy mal de la calidad democrática de quienes han tomado esas decisiones, que no contribuyen a promover la participación política  como lo ordena la Carta Magna.  Es una ironía que muchos de quienes en el pasado vivían del cociente electoral, del llegar al uno por ciento a duras penas y de incluso recibir su “ayudaita” de la denostada cuarta para legalizarse después de sus fracasos electorales, hoy sean los más estrictos “cumplidores” de unas normas hechas para favorecer al partido de gobierno y sin ningún recato.

El uso del poder debe ser escrupuloso, para que cuando se deje de estar allí los sucesores también actúen con la moderación y racionalidad que reclamaban al estar en la oposición. La política, estimados amigos del gobierno, es redonda como la pelota y da sus vueltas. Se puede detener y obstaculizar momentáneamente esas vueltas. Pero tarde o temprano se darán. Es como quien usa un baño público. Si lo deja sucio no tiene moral para reclamar cuando le toque volver a usarlo y lo encuentre hecho un chiquero.

Lo significativo es que no solamente se busca dejar fuera de juego a una oposición que, con todo y lo errática que puede haber sido en sus prácticas políticas, tiene todo el derecho a hacer uso de las libertades políticas establecidas en la constitución de 1999. También se afecta a partidos del Polo Patriótico, esos  mismos que en algunos procesos han aportado cantidades  importantes de votos, sumados en conjunto, y que hoy corren el riesgo de naufragar en el intento de mantener una matrícula sin la cual quedarían tan al margen de la legalidad como seguramente quedará buena parte de los integrantes de la Mesa de la Unidad Democrática, si no toda, en caso de que sigan el ejemplo del Partido Comunista de Venezuela.

Los camaradas del gallo rojo han ratificado que no van a acudir al proceso de renovación que debe arrancar el próximo fin de semana. Los comunistas le han advertido a sus compatriotas psuvistas que deberán cargar con el costo político de repetir a Gómez, a Pérez Jiménez y a Betancourt en eso de ilegalizarlos.   Es una verdadera paradoja que en una revolución que se autodenomina socialista el Partido Comunista quede fuera del juego electoral por lo que Juan Barreto, líder de otro partido chavista descontento, Redes, bautizó como una maniobra burocrática.

Otros partidos del chavismo desaparecerían del mapa electoral. PPT, Nuevo Camino Revolucionario, UPV, Podemos, REDES, por mencionar algunos, tampoco pasarían la prueba de esfuerzo exigida por el Consejo Nacional Electoral. Y se encontrarían, queriendo o no, con la misma pesadilla que seguramente vivirán sus adversarios de la MUD, si es que, repito, deciden ir al proceso en las condiciones fijadas por el ente electoral .Nacería, de hecho, el tan anhelado partido único que ni el comandante Hugo Chávez pudo imponer pese a haber hecho uso de todo el peso de su liderazgo.

Ojalá haya espacio para la reflexión y se flexibilicen esas normas hasta ser realmente un mecanismo equitativo y que no implique un calvario para quienes quieren hacer política en este país desde otras organizaciones,  que pueden ser opuestas o incluso aliadas al Psuv. Democracia sin partidos  es tan contradictoria como partidos sin democracia.

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