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Manuel Malaver: Trump se mueve contra El Aissami y pone a Maduro contra la pared

 

No alcanzó a durar un mes la luna de miel “no declarada” entre Donald Trump y Nicolás Maduro, pues ayer, 13 de febrero, el presidente republicano se lanzó contra la yugular del segundo hombre del madurato, el vicepresidente, Tarek El Aissami, anunciando que lo incluía en “su” lista de narcotraficantes.

Ruptura que, será también el inicio de una mini “guerra fría” entre los gobiernos de la izquierda radical sudamericana (que también llaman del “Socialismo del Siglo XXI”) y la nueva administración norteamericana que, no perderá la oportunidad de dar cuenta de un contendor que está, literalmente, en retirada.

Y cuyo principal damnificado inmediato no será tanto Maduro, como la dictadura cubana de Raúl Castro, la cual verá esfumarse, definitivamente, los pocos beneficios que pudo procurarle la mano larga que le tendió Obama al único totalitarismo que sobrevive en el mundo occidental.

Lo cual no quiere decir que, para Maduro, el reto que le acaba de lanzar en la cara Trump no sea el más difícil que ha confrontado hasta ahora en su corta y calamitosa carrera, pues, debe decidir entre declararse en rebeldía contra la justicia norteamericana y mantener a El Aissami en la vicepresidencia, o destituirlo y arrastrar hasta donde pueda a tremendo bacalao.

Desde luego que, la primera opción sería la más atractiva en el portafolio de todo revolucionario que se respete, así como la agitación antiimperialista por todo el país, -con maniobras militares incluidas-, si no fuera porque, este sería el pretexto perfecto para la nueva jugada que podría tener Trump bajo la manga: dejarle de comprar petróleo al gobierno de Maduro.

No se me oculta que, después de leer el último párrafo, algunos de mis lectores pensarán que estoy haciendo una profecía imposible, y, desde ningún punto vista racional si de lo que se trata es de salir de Maduro, pero les advierto sobre dos detalles que le pasan desapercibidos a la mayoría de los analistas de los días que corren: 1) Ya Estados Unidos no es dependiente del petróleo venezolano, porque ya no es solo “exportador”, sino “importador” de combustibles 2) A diferencia de los gobiernos estadounidenses que le han precedido, Trump no comparte la teoría de que siempre es preferible comerciar con un dictador, que negarle toda relación económica, pues, al final, el perjudicado será el pueblo y no quienes lo despotizan.

Aunque, en realidad, no se conocen ejemplos de que los dictadores no les arrebaten a sus ciudadanos los beneficios del comercio internacional y terminen usándolos para comprar armas, equipos animotines y medios sofisticados para extremar la represión.

Igualmente, afilan los instrumentos de dominación ideológica y de sometimiento a través del control de los medios independientes y de las redes sociales, para que el totalitarismo ahínque a fondo, sin dejarle escape al individuo.

Por último, quiero ratificar mi convicción de que experimentos de reingeniería social como la dictadura totalitaria de Maduro solo puede sobrevivir si se alía al terrorismo y al narcotráfico internacional –abono donde crece el narcosocialismo- resultándole imposible no chocar con los poderes globales que se oponen y luchan contra tremendas plagas: las democracias occidentales que encabeza los Estados Unidos.

 

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