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Tres relatos anónimos de la antigüedad árabe para entender su mística

 

El aporte del mundo árabe a nuestros días comenzó mucho antes de la entrada en escena de Mahoma, y se transmitió de forma oral de generación en generación.

Por Redacción Nalgas y Libros

El periodo anterior a la escritura del Corán y al auge del islam es conocido entre los musulmanes como Jahiliyyah, o periodo de la ignorancia. Aun cuando el término se refiere, especialmente, a la ignorancia religiosa, remite también a la escasa literatura escrita durante dicha etapa, aunque no a la literatura de tradición oral, la cual fue considerable; así, cuentos como el de Simbad y el de Antar bin Shaddad fueron, probablemente, frecuentes en el medio oral y fueron registrados por escrito más tarde.

La riqueza de esos cuentos que pasaron de generación en generación es el motivo por el que existe este artículo, en el que mostramos apenas tres de esos relatos con la ilusión de que se sepa más del aporte del mundo árabe a nuestros días a través de sus historias, su imaginación y su profunda moral.

¿Que cómo tenemos acceso a algo que solo se propagó oralmente? Gracias a dos compilaciones que fueron hechas durante dos siglos: “Mu’allaqat” y “Mufaddaliyat”. Estas recopilaciones, no obstante, ofrecen una panorámica parcial de esa tradición, por cuanto están configuradas como antologías, preservando solo los mejores textos, que en muchas ocasiones son solo fragmentos.

Amigos

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Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

“Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro”.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

“Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”.

Intrigado, el amigo preguntó:

-¿Por qué, después de que te lastimé, escribiste en la arena, y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

Aserrando una rama

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Nasrudín subió a un árbol para aserrar una rama. Alguien que pasaba, al ver cómo lo estaba haciendo, le avisó:

-¡Cuidado! Está mal sentado en la punta de la rama… Se irá abajo con ella cuando la corte.

-¿Piensa que soy un necio que deba creerle? ¿Es usted un vidente que pueda predecir el futuro? -preguntó Nasrudín.

Sin embargo, poco después, como siguiera aserrando, la rama cedió y Nasrudín terminó en el suelo. Entonces corrió tras el otro hombre hasta alcanzarlo:

-¡Su predicción se ha cumplido! Ahora dígame: ¿cómo moriré?

Por más que el hombre insistió, no pudo disuadir a Nasrudín de que no era un vidente. Por fin, ya exasperado, le gritó:

-¡Por mí podrías morirte ahora mismo!

Apenas oyó estas palabras, Nasrudín cayó al suelo y se quedó inmóvil. Cuando lo encontraron sus vecinos lo depositaron en un féretro. Mientras marchaban hacia el cementerio empezaron a discutir acerca de cuál era el camino más corto. Nasrudín perdió la paciencia. Asomó la cabeza fuera del ataúd y dijo:

-Cuando estaba vivo solía tomar por la izquierda. Es el camino más rápido.

De los labios de Alá

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El sha de Irán supo que el santo Nasrudín viajaba por el país. Envió a sus exploradores para que lo localizaran y lo llevaran a vivir al esplendor de la corte.

Después de varios meses, el sha visitó las lujosas habitaciones de Nasrudín en el palacio.

—Dime, oh santo venerado, ¿qué palabras has escuchado de labios de Alá?

—Solo las últimas serán de interés para vos, alteza. Alá acaba de susurrarme algo al oído.

—¿Qué te ha dicho?

—Acaba de decirme que tenga cuidado con lo que digo, para poder quedarme en el Paraíso que Él ha encontrado para mí.

redaccionnyl

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