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Néstor Francia / Análisis de Entorno: La chama crítica como modelo (17-02-2017)

Hoy vamos a saldar una deuda que tenemos con los lectores desde el día del amor y la amistad, el 14 de febrero pasado, referida a un análisis crítico de la situación actual del chavismo y sobre su conexión con las mayorías nacionales, que debimos postergar por la intensificación de la campaña internacional contra Venezuela que ha tenido como bisagra a la cadena fascista CNN.

Para empezar, recordemos algunas frases que incluimos en nuestro Análisis del pasado lunes 13: “El chavismo debe cuidarse mucho de las malas lecturas ¿Está acaso leyendo bien el desinfle político de la oposición? Se irá a molestar más de uno, pero nosotros creemos que no… la dura lucha planteada no se va a decidir ni rápida ni fácilmente, y uno de los principales enemigos que tenemos es el triunfalismo, el excesivo optimismo y la edulcoración de la realidad… aun no hemos podido revertir el alejamiento de la mayoría en cuanto a las preferencias de los ciudadanos, que se mantiene casi igual al de comienzos de 2016… Estamos compitiendo con la oposición por ser la segunda minoría… La primera minoría sigue siendo, de lejos, el sector social de los “no alineados”, con el 41,1%. Pero lo peor es que la mayoría de ellos sigue tendiendo a adosar, casi siempre, las posiciones de la oposición… Si esta matriz no es fuertemente revertida de aquí al 2018, estaremos en salsa, casi listos para que nos guisen”.

¿Por qué nos ha sido tan difícil modificar esa correlación de fuerzas sociales? El gobierno bolivariano, con el presidente Maduro a la cabeza, ha tenido un año con una gran victoria y otras más bien pequeñas pero constantes. La gran victoria es, sin duda, haber mantenido la estabilidad y la paz del país, en medio de una monumental agresión de los enemigos en todos los terrenos. Esta victoria se ha reflejado, entre otras cosas, en el significativo debilitamiento político y social de la oposición interna, que es una de las causas de la mencionada intensificación de la ofensiva externa. Las pequeñas victorias lo son en el sentido de que no han logrado aun alcanzar la estabilización económica ni revertir el importante descontento social por la situación del país en ese ámbito fundamental. El Gobierno se ha mostrado muy activo, no ha cedido a la tentación de tomar medidas neoliberales que le son exigidas por la oligarquía y sus representantes políticos, ha mantenido el rumbo de promover con fuerza una economía tendiente a ampliar los espacios de orientación social en lo atinente a la producción y a la distribución de bienes, ha hecho un gran esfuerzo para promover la productividad y alcanzar acuerdos con sectores privados, ha sostenido y hasta incrementado los programas sociales, es decir se ha mantenido fiel a la marca de fábrica del chavismo. El desabastecimiento de bienes ha cedido un tanto, no así la inflación que sigue siendo un grave problema para los venezolanos.

En el plano político, el chavismo se ha mantenido con la iniciativa, movilizado en la calle y demostrando ser, claramente y de lejos, la principal fuerza política del país, en parte por la alta moral y capacidad combativa de su base social más leal y también por su evidente poder institucional y militar ¿Qué pasa entonces, por qué se nos ha hecho tan difícil re-enamorar a la mayoría, por qué nos son tan esquivos su simpatía, su afecto y su re-conexión política? Hay tantas cosas por decir, que a estas alturas de la redacción no sabemos si bastará un solo Análisis para agotar el tema. Acaso cada ítem que vamos a presentar merezca un análisis aparte. Por lo pronto, trataremos de ponernos un tanto esquemáticos para plantear algunas taras que percibimos como causas de esta terca incapacidad nuestra para recuperar la alineación del pueblo con nosotros.

Sectarismo. El PSUV es un partido sectario, que se mantiene en una cómoda burbuja que le dificulta su conexión con la realidad y lo aísla del cuerpo social mayoritario. Lo hemos dicho, acaso el pueblo nos ve como a los evangélicos o los Hare Krishna, con nuestras indumentarias, nuestros rituales, nuestra canciones, nuestras consignas que les son extraños. Los líderes nos viven pidiendo ir a las catacumbas del pueblo, pero es como si ni siquiera supiéramos dónde están.

Prepotencia. Muchos camaradas se creen que estamos sobrados, que somos la tapa del frasco, poderosos, invencibles, intocables. Esto no se entiende muy bien, pues venimos de una sonora derrota electoral en 2015. Nos parecemos a la oposición, que con cada pequeño avance se cree que ya el Gobierno se cae y se pavonean por el este de Caracas creyéndose lo mejor de lo mejor. La sobreestimación de nuestra fuerza nos impide ver con seriedad nuestras grandes fallas, preocuparnos de ellas en el nivel que reclaman, revisarnos e introducir los urgentes y profundos correctivos que se hacen necesarios. Subjetivismo. Despreciamos el estudio de la realidad. Como aprendices de brujos, nos regodeamos en el “yo creo” y en el “yo pienso”, cuando los revolucionarios deberíamos acercarnos siempre al “yo sé”, como producto del estudio científico y concienzudo de la realidad. No caracterizamos científicamente ni lo general ni lo particular. Desde ese punto de vista, nuestra mentalidad es pre-burguesa, escolástica, medieval. Conservadurismo. Resistencia al cambio. Nos cuesta asumir a plenitud las transformaciones para nada superficiales que requiere el chavismo en esta etapa histórica. Hablamos mucho de las 3R, de la necesidad de revisarnos y reimpulsarnos, pero a la hora de la verdad, permanecemos en nuestras rutinas, hábitos y liturgia “revolucionaria”

Conformismo. Medios de comunicación y pensamiento acrítico extendidos. Dados a la loa y a la adulación, hemos desoído los llamados de Chávez y de Maduro a ejercer la autocrítica como actitud revolucionaria permanente. Nuestro modelo debería ser la joven que reclamó ante el Presidente la situación de su liceo. No somos sinceros, pues a menudo criticamos al mismo Maduro y a la dirigencia en los corrillos, pero callamos en público. Solemos culpar a terceros de nuestras fallas, pero somos indulgentes con nosotros mismos. Nos conformamos con lo que somos ¿por qué cambiar si somos tan chéveres?

Nótese que no hablamos ni de la corrupción ni del burocratismo, esos males sistémicos, porque nos concentramos en las fallas que atacan a la mayoría de militantes honestos pero que no se han decidido a enfrentar la urgente necesidad de transformaciones en el seno del chavismo. Hay, en ese mismo sentido, otros males, pero baste por hoy con los mencionados, que son los más relevantes. Trataremos de ahondar en Análisis próximos, en la medida en que el fragor de la cotidianidad nos lo permita.

Y hay otro importantísimo tema que merecerá nuestra atención, podría ser el lunes, dependiendo de cómo vaya el fin de semana: el del discurso del chavismo.

Cerremos con tres frases recientes de Nicolás Maduro: “Así quiero yo la juventud, que diga la verdad, crítica, revolucionaria (…) para nosotros ir a resolver los problemas, ir a atender los problemas”

“Vamos a retomar con un impulso nuevo las tres R, al cuadrado, una por una en toda acción política, ética para ir a un gran proceso de reconstrucción de la mayoría  revolucionaria del país”.

“Tenemos que iniciar una nueva era de gobierno, ir a las catacumbas del pueblo, a un gobierno de calle profundo, gobierno adentro. Es la única manera, el único método de conectarnos en profundidad con la nueva energía revolucionaria acumulada allí adentro que está latente en nuestro pueblo y que a veces se convierte en descontento o desmovilización”

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