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Leopoldo López: Venezuela se cae a pedazos ante nuestros ojos

 

El dirigente opositor venezolano y líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, cumple tres años preso de los 13 años y 9 meses a los que fue sentenciado en un juicio que uno de sus fiscales acusadores, hoy en el exilio, calificó de “fabricado” para mantener al exalcalde tras las rejas. El supuesto delito fue incitar a las protestas contra el Gobierno en el 2014. Así lo reseña eltiempo.com

Por  VALENTINA LARES MARTIZ

Sus más de mil días en el presidio llegan en momentos en que la justicia de su país ratificó en última instancia su condena y también poco después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidió su liberación tras una visita de Lilian Tintori, esposa del líder opositor.

Así las cosas, ya no hay nada más que hacer dentro de la justicia local. Solo queda la justicia internacional, según anunciaron sus abogados.

Con enorme esfuerzo de sus familiares y abogados, pudo López, desde su celda en la prisión militar de Ramo Verde, hacer llegar a EL TIEMPO este testimonio sobre cómo es su vida en esa prisión militar, los rigores de su presidio, las inhumanas condiciones a las que ha sido sometido, pero también la necesidad de que los venezolanos eviten un derramamiento de sangre y de que el Gobierno permita una salida electoral.

“Debemos hacer hasta lo imposible por conquistar un cambio antes de que haya un estallido que lamentaremos los venezolanos, en especial los más humildes, y el mundo. No podemos dejar de liderar y esperar la posibilidad lamentable de que explote una situación creyendo que eso beneficia a algún sector. El liderazgo político debe tener un planteamiento y no la simple espera como política dominante. El nuestro fue y sigue siendo ‘la Salida’, que tiene un sentido de urgencia. Venezuela se cae a pedazos ante nuestros ojos”, escribió.

Este es su testimonio sobre cómo ha sido su vida de aislamiento en Ramo Verde.

“En Ramo Verde todos los presos tienen acceso durante todo el día a las áreas comunes, a la cancha y la biblioteca. Además, no tienen ningún impedimento en moverse entre pisos, ir a las celdas de otros presos y son libres para poder hablar y compartir con ellos. La situación para mí es muy distinta. Estoy aislado. Estoy en otro edificio, una torre de cuatro pisos donde me encuentro en la última celda, adonde son llevados solamente quienes son sometidos a castigo por razones disciplinarias. Así ha sido desde el comienzo, sin razón alguna.

 

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