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Daniel Varnagy: “Uno también se convirtió en inmediatista”; por Hugo Prieto

Daniel Varnagy retratado por Roberto Mata

 

Se trata de una hoja de vida curiosa. Trascribo, tal como aparece en su tarjeta de presentación. Ingeniero Electricista, Maestría en Administración, Doctor en Ciencias Política y Posdoctorado en Reconfiguración de la Política. Sin duda, el perfil de Daniel Varnagy tiene sus aristas. Su línea de investigación, desarrollada mayormente en la Universidad Simón Bolívar, es Cultura Política y Capital Social.

Prodavinci le ha propuesto a Varnagy una conversación que versa sobre política y desesperanza. El marco que contiene, tanto las preguntas como las respuestas, es el modelo democrático de convivencia social, la institucionalidad, los partidos políticos, las propuestas de lado y lado, y finalmente, un imagen literaria que podría ayudarnos a entender el momento histórico que estamos viviendo.

En su ensayo Política y Desesperanza, el sociólogo mexicano José Woldenberg, enumera dos de los objetivos fundamentales de los sistemas democráticos. Uno, la coexistencia y competencia pacífica de la diversidad política. Dos, posibilitar el cambio de los gobernantes, sin el costoso expediente de la sangre. Pareciera que nada de eso está planteado en Venezuela.
La democracia, tal como uno la entiende intuitivamente, es un modelo en el cual tú tienes la posibilidad de elegir a quién tu quieres que te gobierne y tener, a través de una elección, la posibilidad de cambiar de opinión. Y, si fuese el caso, ratificar a un sistema o a un gobernante. Esa no es la única característica de la democracia, pero es quizás la más importante. Nada más y nada menos que la alternancia en el ejercicio del poder. Los sistemas autoritarios también tienen una única idea sobre la cual se rigen, que es la perpetuidad, no la alternancia. Son cuestiones completamente opuestas, la una a la otra. O tienes libertad para alternar, o no la tienes. En Venezuela, el modelo que se ha venido implantando, que incluye los tres últimos años del ex presidente Chávez y lo que va del período de Maduro, es un modelo que no busca, que no quiere, ni le interesa la alternancia en el poder.

Hay quien sostiene que en el modelo del chavismo hay una ruptura a raíz de la fallida reforma constitucional (2007), pero es muy difícil no advertir una línea de continuidad entre 1998 y 2017.
Sí la hay. Y también hay una fecha para el quiebre, 1992, todo lo que viene a partir de ese año es consecuencia de la intentona golpista de ese año que, en mi opinión, no fue un golpe fallido, fue exitoso de manera postergada. Es decir, lo que caracteriza el éxito es que el ‘por ahora’ sí se cumplió. Lo que hay entre 1992 y 1998 es una postergación del golpe, que no fue a un presidente, sino a un modelo. Para mí siempre estuvo claro que el ex presidente Chávez, un hombre de izquierda radical, cuya ideología real está fundamentada en el resentimiento y en el discurso de escisión —los blancos, los negros, los ricos, los pobres, los nativos, los extranjeros—, tuvo éxito. Más bien lo que hay son tonalidades que van, desde la promesa de la justicia social, por ejemplo, hasta un rojo radical, que es donde estamos en este momento. Entonces, lo que ha venido cambiando es la tonalidad.

Daniel Varnagy fotografiado por Roberto Mata

Daniel Varnagy retratado por Roberto Mata

Miremos con detenimiento esta imagen. Tenemos un tanque que contiene una solución, echamos el precipitador y todo cambia de tonalidad. A simple vista, pudiera parecer un cambio, un quiebre, pero es sólo cuestión de percepción, no de realidades. ¿Usted comparte esa idea?
Totalmente. Vayamos al caso entre la experiencia venezolana y la de los países de Europa del Este. Una vez que se acaba la Segunda Guerra Mundial y de alguna manera se reacomoda el orbe —voy a citar una frase de la época, los rusos también juegan—, la extinta Unión Soviética termina de hundir la bota en 1947, sencillamente fue un pisotón. ¿Qué pasó en Venezuela? Algo que pudiera guardar semejanza con el modelo del sapito en la olla, como él no siente pequeños diferenciales térmicos, sino todo lo contrario, el sapito se quedó allí y así fue como que lo cocinaron.

Los procesos políticos son engorrosos, lentos. La palabra negociar es sospechosa y pactar ni te cuento. Aquí todo se reduce a chasquear los dedos y sanseacabó. No llegó el cambio, sino la desesperanza.
El país del Miss Venezuela. Hay dos elementos que están faltando. El venezolano se acostumbró al liderazgo de Chávez. No importa si ese venezolano es opositor o proclive a los lineamientos del gobierno. El venezolano quiere un cambio mesiánico y no cree en procesos políticos cuando no detecta; uno, una estrategia y dos, un líder fuerte. De acuerdo a la medición de los estudios políticos, a partir de 1973, el venezolano prefiere a un hombre fuerte, que no se detenga mucho en el cumplimiento de la ley, pero que genere cambios inmediatos. En este momento, el venezolano no lo está viendo. Al no verlo, en ninguno de los dos lados, no sabe a quién favorecer.

No despierta mayor preocupación si la justicia funciona o no, si la Asamblea Nacional cumple su papel. La desesperanza no es precisamente por falta de democracia, sino por la ausencia de ese líder y porque no hay respuestas inmediatas. ¿Es el caso?
Cuando indagas sobre qué es lo que realmente piensa el venezolano sobre la democracia, adviertes que la entiende como una forma de resolver sus conflictos. La democracia para el venezolano no es un sistema valorativo, es un sistema pragmático. Pero la democracia, y ahí radica el problema, si es un sistema valorativo. Se basa en los valores, en la institucionalidad. Y al venezolano, en el fondo, la ausencia de institucionalidad no le preocupa, siempre y cuando esa realidad favorezca sus intereses. Le funciona de maravilla.

En Venezuela hay un liderazgo en particular que quiere imponer el tema de los valores. Ese liderazgo lo encarna María Corina Machado. Sin embargo, ella tiene 1% en las encuestas. ¿Su ubicación en los sondeos obedece a lo que acaba de decir?
Si bien ella simboliza un liderazgo valorativo, no es estratégico. Si es valorativo y no estratégico… no me resuelves mi problema. Puntualiza lo que está mal, pero no me dice cómo lo va a solucionar, cuál es la alternativa. Qué es lo que voy a obtener yo siguiendo a un liderazgo valorativo. Porque el gran problema es que la depauperación económica no arrancó ayer sino en 1983. Al tener 34 años de deterioro económico, ya todos los venezolanos, de todas las clases sociales, de todas las líneas ideológicas, lo que quiere es que le resuelvan su problema. Esta es una de las crisis económicas más largas en la historia reciente de la humanidad. ¡34 años! Entre la derrota del nazismo y la caída del Muro de Berlín, por ejemplo, transcurrieron poco más de 40 años. La pregunta es ¿cuánto más podemos esperar unas promesas que son ideológicas, otras que son valorativas, otras que son de negociación, pero ninguna es resolutiva? La percepción es que ninguna de esas promesas resuelve. De ahí la desesperanza. Claro, María Corina tiene poca preferencia en las encuestas, a pesar de que fue la diputada más votada en la elección parlamentaria de 2010, porque María Corina no entiende la dimensión estratégica de los valores. Es decir, cuáles son los planes de gobierno concretos que tengo que llevar a cabo para resolver los problemas de la clase más baja, de la clase baja, de la clase media, de la clase media alta y de la clase alta, todos tenemos problemas, pero nadie nos está ofreciendo soluciones en ninguno de los estamentos, ¿Cómo hacemos?

Daniel Varnagy fotografiado por Roberto Mata

Daniel Varnagy retratado por Roberto Mata

Una de las ofertas más poderosas de Chávez era la democracia participativa y protagónica, una nueva sociedad civil en conjunción con una nueva institucionalidad, que iba a desencadenar un círculo virtuoso, democrático. Pero eso no fue lo que ocurrió. Sin embargo, no hay un requerimiento, una crítica, un llamado de atención. No lo veo en ningún lado.
Ambos lados han querido desmerecer los avances democráticos que hubo en Venezuela durante el período del llamado puntofijismo. Ciertamente, es un periodo donde hubo muchos problemas, gravísimos errores y una enorme corrupción, pero con unos avances históricos excepcionales. Por ejemplo, la fundación de las instituciones democráticas, la masificación de la educación, construida sobre una base piramidal, como toda educación, en las bases la educación básica y a medida que el mérito aumenta tienes acceso a otros niveles. Eso fue un logro absolutamente extraordinario de la democracia a partir de la década del año 60. La misma dirigencia opositora desmerece esos logros. Pero el chavismo los negó de plano, porque esa era la única manera real de tener acceso al poder. Si hubiese reconocido lo más mínimo y sin el golpe de Estado que se formalizó en 1998, probablemente Chávez nunca hubiese sido presidente de Venezuela. El tenía que desmerecerlo todo. Lo insólito es pensar que la oposición también lo hizo. Le disgusta hablar de los partidos políticos tradicionales. Se anotó, al igual que el chavismo, en la antipolítica, de romper con todo lo anterior, porque todo lo que viene es bueno. Ese es un discurso de izquierda, especialmente de la izquierda latinoamericana, pero nada tiene que ver con el discurso de cómo se gobiernan las naciones.

La institucionalidad no se dotó de ciertos estilos, de transparencia, por ejemplo, por el contrario se reforzó la visión clientelar de la política, que en Venezuela tiene… ¿Cuántos siglos
Desde la conquista. Venezuela fue una capitanía general, no fue un virreinato, no fue una posesión de prestigio, de alta realeza, sino de muy baja realeza. Ya con ese nombre de capitanía general, se sabía que aquí triunfaba el que hacia los mejores negocios, no el que mejor buscara desarrollar una polis, una ciudad, o fuera el más leal a una causa, sino el que aprovechara mejor las oportunidades y se adscribiera al modelo militarista. Aunque hubo una gesta libertadora, nunca hubo un proceso de reeducación de la población venezolana, que fuera de la colonia a la libertad. Eso no ocurrió. No ha habido un gran líder que haya asumido el costo de tener que reeducar a la nación. Los 40 años de democracia hicieron algo a favor de lo que estamos hablando, porque se instituyó formalmente el significado de la palabra mérito.

Mi impresión pudiera variar en intensidad. En el siglo XX se instauró un modelo democrático, se crearon instituciones para limitar al poder y se hicieron esfuerzos para crear una sociedad civil. Tal vez el rentismo petrolero, el peso de la visión clientelar de la política, nos echó a perder el guarapo, por decirlo de alguna manera.
La idea que quiero transmitirte es que la parte positiva de esos 40 años es que fue un período de institucionalización del país. Todo el período previo era un cuartel y sus distintos comandantes. Cuando se rompe con el militarismo en Venezuela y se procura un poder civil es a partir de 1958, con la caída de Pérez Jiménez. Necesariamente un gobierno civil tiene que gobernar a través de las instituciones. Y lo que se hizo en esos años fue intentar solidificarlas. Ahí está el problema cultural. El venezolano se debate entre dos fuerzas, las valorativas, María Corina Machado, y las fuerzas orientadas a la satisfacción de las necesidades inmediatas.

Daniel Varnagy fotografiado por Roberto Mata

Daniel Varnagy retratado por Roberto Mata

¡Dónde está el resto, digamos, todo lo demás!
Todo lo demás. Si un primer mandatario dice “robar es bueno”, aunque haya dicho después “bajo ciertas circunstancias”, te genera un modelo mental que borra de inmediato toda la institucionalidad. En todo el mundo, no sólo en Venezuela, la institucionalidad es un castillo de naipes. Si al castillo le sacas la carta que guarda ese delicado equilibrio que marca la diferencia entre el animal que llevamos por dentro y el ser civilizado, se viene abajo. Eso fue lo que hizo el ex presidente Chávez. 40 años es muy poco en la historia de una país. ¿Cómo se reconstruyó Europa después de la Segunda Guerra Mundial? ¿Solo por el Plan Marshall? No, porque todo el mundo sabía lo que tenía que hacer y lo hacía, el que tenía que trabajar trabajaba, el que tenía que estudiar estudiaba. El trabajo y el estudio, en sí mismos, son instituciones, instituciones civiles. Pero en Venezuela, cuando eso empieza a cuajar, a pesar de los grandes problemas de la democracia, la gente oyó los cantos de sirena de un líder que le decía tú tienes derecho a todo, por el sólo hecho de haber nacido aquí y el que tenga más que tú es porque te robó. Claro, eso consigue muchos votos. Pero son votos que se obtienen de la ignorancia, no del valor que se obtiene a través del estudio y el trabajo.

No hay democracia sin partidos políticos, pero en Venezuela hay una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que prácticamente los liquida. Bueno, no hay ni siquiera un velatorio, un funeral.
Nada, porque el venezolano se creyó el cuento de que la política que triunfa es la antipolítica. Es decir, la que se hace al margen de los partidos políticos, la que emana de manera milagrosa, porque el venezolano dejó de creer en las instituciones en general. ¿Por qué el bachaqueo funciona mejor que las cadenas de farmacias? Porque sientes que es más cercano a ti. El ex presidente Chávez nos vendió la idea de que si yo estoy cerca de ti, aunque sea para algo malo, es mejor que si estoy lejos de ti, aunque sea para algo bueno. Resulta que el modelo de partidos, tiene jerarquías, tiene trabajo de corte institucional, donde no ves el resultado inmediatamente, porque construir un país, por la vía democrática, no es tan fácil como ingerir una aspirina y al rato se te quita el malestar. Tienes que hacer un trabajo de educación, de reeducación de valores, en un sentido pragmático, donde el ciudadano que no se sentía identificado con los partidos políticos, entienda que es en el modelo democrático donde va a tener una mejor calidad de vida.

¿Por qué ha de sorprendernos el nivel de violencia que estamos viviendo, la hambruna que se aprecia en las calles, esta intoxicación social, política y económica que nos paraliza como un veneno, si Venezuela, prácticamente, implosionó?
No me extraña para nada. Esas son formas de control social. Eso lo ha experimentado toda la humanidad a lo largo de toda su historia. Si no quieres que la gente salga a la calle, tú tienes que crear un medio de inseguridad. El miedo no te permite pensar en el otro. Te vas a la pirámide de Maslow (o jerarquía de las necesidades humanas) sólo puedes pensar en ti y en lo inmediato. Uno también se convirtió en inmediatista. Si llegas a tu casa en la noche, le das gracias a Dios, porque ese es el más largo plazo que tú te planteas, llegar vivo a tu casa. Si además, llevas un poco de alimentos que compras bachaqueados, entonces, date por realizado. La hiperinflación, la escasez, también son formas de control social, porque refuerzas el clientelismo y la idea extendida de que el venezolano quiere que el Estado le solucione todos sus problemas.

Daniel Varnagy fotografiado por Roberto Mata

Daniel Varnagy retratado por Roberto Mata

Hay una dimensión literaria de la desesperanza. Cito a un poeta español. “Una vida que se vive como si fuese de otro, de manera cada vez más lejana y ausente”. En el vecindario tenemos a Juan Carlos Onetti. Una obra lacerante, terrible. Un ejemplo acabado, línea por línea, de lo que es la desesperanza. Si estamos viviendo así, somos todos personajes de las novelas de Onetti.
En contraposición tengo que decir lo siguiente: Onetti vivía en un mundo de luces y de sombras. Esos mundos desconocen la asfixia vital que en el fondo los seres humanos tenemos. En el mundo de Onetti, la gente que se metía en el mar, simplemente se ahogaba y se acabó, no luchaba para nadar, para respirar y sobrevivir. Si tomas una foto, como en estos momentos, lo está haciendo Roberto Mata, estás haciendo un juego de luces, de sombras y de colores. Pero sólo tú y yo sabemos los sentimientos que tenemos adentro en este momento. Si bien un líder logra entender cómo se suma algebraicamente mis sentimientos, tus sentimientos, mis aspiraciones y las tuyas, a no ser una sombra, un contorno, y me ofrece un plan y entiende que hay un camino para volver a vivir en tres dimensiones, Venezuela volverá a ser el país de luces que alguna vez fue. Y no sólo una vez, sino varias veces en su historia. No sólo por su gesta libertadora, no sólo por los logros de ese instante de civilidad que fue la IV República, sino por su potencial, que tiene mucho más que ver con lo que está por encima del suelo, que por debajo del suelo. En contraposición a Onetti está Rómulo Gallegos, que de alguna manera entendió que siempre hay un Santos Luzardo que puede sacarnos del yugo de Doña Bárbara.

 

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