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Guillermo Ortega: La esperanza fallida

El debate económico es en cierta forma decepcionante, ello ocurre a los dos lados de la tribuna. Quizá la misma fórmula utilizada para discutir los asuntos políticos, en donde prevalece la politización extrema, en que se adjetiviza y se discrimina por el origen de las opiniones, y no por el contenido, se traslada al campo económico y esto produce como resultado esa sensación de decepción y pesimismo. Y es en verdad muy negativo, por cuanto las reformas que el país necesita requieren de un mínimo de comprensión y consenso. Por el lado del Gobierno, ciertamente no existen muchos escenarios para una discusión que traspase la batalla de los epítetos, y del lado de la oposición, no es muy difícil advertirlo, el panorama tampoco es muy distinto. Cuáles son los problemas que deben resolverse para que la economía crezca de forma sostenida, en un entorno de baja inflación, un país para que el bienestar alcance las grandes mayorías, es algo que lamentablemente no se discute con la seriedad debida, no es simplemente un cambio de gobierno y no retorno a lo que teníamos en el pasado. No es un viaje al pasado lo que resuelve los problemas. No tengo dudas de que gente en el Gobierno y también en la oposición tienen conciencia de muchos de esos temas, lamentablemente la forma como se aborda el debate no ayuda mucho. Se sabe que el Gobierno, casi desde la llegada del presidente Maduro, ha intentado rectificar el rumbo, lamentablemente sin el éxito debido, y algo tiene que ver con la ausencia de debate. Pero qué puede decirse de la oposición. ¿Tiene un programa distinto al Gobierno, tiene un camino definido? A juzgar por lo que ha sido su labor parlamentaria, el programa de la oposición esta muy lejos de representar un camino muy distinto. Es casi la repetición de los mismos errores. Veamos. La llamada Ley de Rescate de la Producción Nacional no es otra cosa que la repartición de los subsidios cambiarios a grupos de interés, probablemente los mismos; en resumen, reconocer la deuda privada en condiciones preferenciales y más dólares baratos. La Ley de Hacienda Pública Regional es una repartición asimétrica de las responsabilidades entre el poder central, repartiendo competencias de ingreso, nuevas para las regiones, pero sin tocar las de gasto, algo que simplemente aumentaría el déficit fiscal y haría aún más complicado el ajuste necesario para restaurar la sostenibilidad fiscal en el país. Y la Ley de Dolarización del Salario, algo así como el buque insignia de algunos sectores de la oposición, es indexar el salario al precio equivocado, introduciendo más rigidez a un mercado laboral que más bien necesita más flexibilidad para la reconversión de muchos sectores hacia empleos más productivos. Alguien diría que es un listado incompleto. Habría que agregar a la oposición no oficial, cuyo principal punto de partida es cómo producir un repudio de deuda que lleve a la economía por un calvario con los organismos multilaterales parecido al griego, sin tomar en cuenta que esos organismos no tienen en sus récords un solo rescate exitoso. Tengo amigos, economistas muy capaces, en las dos tribunas, que con frecuencia me confiesan su frustración por la discusión, y ciertamente es muy necesario abrirse a un debate sin prejuicios sobre esos temas.

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