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Iván Sánchez Raya: Petras Albas (Pedralbes); El éxtasis de la reina Elisenda

El reino de los cielos también fue objeto de deseo real. Si no que le pregunten a la reina Elisenda de Montcada i Pinós, cuarta mujer de Jaime II. Procedente de uno de los linajes catalanes más poderosos, no rehuyó de los asuntos de Estado, pero el fervor religioso marcó sus designios.

Así, en 1327 fundó el monasterio de Petras Albas (Pedralbes), nombre que responde al color de la piedra con la que se construyó este edificio. Aquel mismo año el rey murió y Elisenda se trasladó al palacete que había hecho construir justo al lado del monasterio. En esta humilde construcción, la reina tenía la intimidad necesaria para seguir tratando los asuntos de la Corona, pero a la vez podía participar de los actos religiosos que diariamente llevaban a cabo las hermanas Clarisas.

De hecho, la época de mayor esplendor del monasterio coincide con la presencia de la reina. Así, en 1346 encargó a Ferrer Bassa, uno de los pintores más reputados de la época, los murales de la capilla de San Miguel por “doscientos cincuenta sueldos”. Sin duda, su fama era bien merecida pues los resultados son espléndidos.

Pero hay más. En la sección ‘Los tesoros del monasterio’ podemos encontrar diferentes piezas que nos dejarán boquiabiertos, como un cofre conocido como la ‘caja de la reina’ porque la tradición sostiene que era el baúl de la misma Elisenda de Montcada. Lo cierto es que dicha pieza data de los tiempos de esta gran dama.

Pero, como es lógico en un Monasterio, los tesoros no son sólo tangibles. Así, es ciertamente relajante caminar por el claustro gótico más grande de Europa, donde las columnas tienden al punto de fuga. Entre nuestros pasos encontraremos los escudos de los más importantes casales nobles de Cataluña, como los Cardona o los Pinós. De hecho, la mayor parte de abadesas procedían de estas familias. Y como no podía ser de un otra manera, el escudo de Elisenda de Montcada y de la Corona de Aragón están omnipresentes.

No debemos marcharnos sin ver el doble sepulcro de la reina. En la pared que da al monasterio, la dama se presenta vestida de penitente y rodeada de sencillez y blancura. Justo en la pared de enfrente que da a la Iglesia, el mausoleo está revestido de los honores reales, con la corona y una almohada con el motivo de su escudo. Una clara metáfora de las dos grandes facetas de esta mujer: la estadista y la religiosa.

Si nuestra doncella levantara la cabeza, respiraría tranquila al ver que siete siglos después en su monasterio todavía brota paz y calma, ajeno al trasiego de la gran urbe. No le apetecería ver cómo ha cambiado la ciudad, se quedaría allí mismo, escuchando el rumor de sus pasos a través del claustro.

Fuentes:

http://www.dbd.cat/index.php?option=com_biografies&view=biografia&id=448

http://monestirpedralbes.bcn.cat/

http://www.bcn.cat/museuhistoria/Murals-sota-la-lupa-Monestir-Pedralbes/ca/2-obra-Ferrer-Bassa.html

http://monestirpedralbes.bcn.cat/ca/escoles/secund%C3%A0ria_batxillerat/sota_lupa_les_pintures_murals_de_capella_de_sant_miquel

http://monestirpedralbes.bcn.cat/ca/exposicions/monestir_de_pedralbes_els_tresors_del_monestir

L’estranya tomba i la cripta del Monestir de Pedralbes

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