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Rafael Simón Giménez: Leopoldo López Y Antonio Ledezma Victimas De La Arbitrariedad Y La Represión.

Los tres años de injusta y arbitraria prisión de Leopoldo López, y los dos que cumple privado de libertad el alcalde metropolitano de Caracas Antonio Ledezma, se constituyen en una auténtica requisitoria contra un régimen que pretende mantener una apariencia de democracia y legalidad, mientras trasgrede los más elementales principios sobre los que se sostiene la libertad, la separación de poderes, el estado de derecho, los derechos humanos, y todas las garantías que le son consustanciales.

A medida que sus ruinosas políticas que han llevado al país a la destrucción y el desastre, le elevan vertiginosamente los niveles de impopularidad, repudio y desafección de la gente, el régimen pretende sostenerse sobre la represión, la intimidación y el miedo, queriendo inhibir la capacidad de movilización y protesta, y utilizar desvergonzada e indiscriminadamente el control sobre los poderes del estado y particularmente al sistema  judicial para siquitrillar a sus adversarios, criminalizando la política, inventando juicios, sembrando evidencias o sencillamente deteniendo de la manera más arbitraria a quienes se atrevan a censurar o disentir de sus disparatosas iniciativas.

Sin importarle dejar rodar la última hoja de parra que cubre su impudicia, el gobierno  se coloca frente al mundo entero en situación de desafío, precisamente en tiempos en que los derechos humanos, la dignidad del hombre, y el respeto por la libertad y la integridad de los ciudadanos, ha pasado a formar parte de un acervo universal, que traspasa las fronteras nacionales y donde en los sistemas regionales y mundial se ha construido un orden jurídico que activa mecanismos de supervisión, control y sanción, sobre aquellos estados que pretendiendo ampararse en el manido principio de autodeterminación o soberanía, lo utilicen para perseguir, hostigar o suplicar a sus ciudadanos, lo que desnaturaliza y pervierte la esencia del principio de la igualdad de los estados y el repudio al inherencismo, que no puede ser invocado como señuelo para tiranizar a sus pueblos.

En Venezuela existen más de 100 presos por razones de conciencia, cuyo único delito ha sido levantar sus voces o activar sus voluntades para en el marco constitucional adversar un proyecto destructivo y con pretensiones hegemónicas. Leopoldo López, es el líder de Voluntad popular, una joven organización que hace oposición en el marco de las garantías que debe resguardar su actividad en todo sistema democrático. Se entregó voluntariamente al ser requerido por una justicia que carece de toda confiabilidad, respeto o decoro, y ha sido sometido a un trato inhumano, cruel y degradante, análogo a la tortura, proscrito constitucionalmente y por tratados suscritos válidamente por el estado venezolano.

Antonio Ledezma es un recio y probado luchador democrático, con largos años dedicado a las luchas y al servicio público, y ha sido tan traído por los cabellos las acusaciones que el gobierno le imputa que ni siquiera han logrado montar un juicio con apariencia de credibilidad. En el Caso de Antonio, no solo se atenta contra su libertad e integridad personal, sino que se agrede a casi 800.000 ciudadanos que con su voto lo ratificaron en la alcandía metropolitana, desconociendo elementales derechos a la participación política y al sufragio activo y pasivo. Ha sido tanta la repercusión internacional de su detención, y las protestas venidas desde todos los lugares y posiciones ideológicas, que el gobierno tuvo que otorgarle una mezquina medida de casa por cárcel, que por supuesto le impide el cumplimiento de sus elevadas labores representativas.

Siendo que Leopoldo y Antonio, son por su significación personal e institucional, los presos políticos más notorios de este moribundo régimen, la defensa de su libertad, lleva asociada la del otro centenar de presos políticos, en buena parte jóvenes estudiantes, recluidos en ergástulas que harían palidecer las condiciones carcelarias de La Rotunda,  De Guasina o de la Isla del Burro, y a esbirros de la calaña moral de Nereo Pacheco o Pedro Estrada, entre ellos un sótano bien denominado “la tumba “ diseñado para atormentar, desmoralizar o quebrar a sus forzados inquilinos.

Como bien lo dijera el líder y ex presidente socialista del gobierno  Español  Felipe González, a la medida de la decrepita tiranía Cubana, el gobierno Venezolano utiliza los presos políticos como carne humana y como mercancía de canje a la hora de una negociación, y la libertad de algunos cuando las presiones internacionales aprietan, llevan casi automáticamente a la captura de nuevos disidentes de manera que siempre la cuenta de los rehenes políticos se mantiene inalterable.

El gobierno venezolano, esta desenmascarado dentro y fuera de las fronteras nacionales, su carácter represivo, autoritario, arbitrario y atrabiliario, lo desnuda frente a un mundo cada vez menos tolerante con sátrapas y violadores de derechos humanos. La libertad de los presos políticos Venezolanos, debe ser una consigna y un clamor compartido universalmente, porque aunque quienes los que están en el gobierno lo ignoren, la libertad, la dignidad, la justicia y los derechos del ser humano son patrimonio  de todos los hombres y mujeres del planeta, y no pueden quedar impunes quienes pretendiendo invocar principios territoriales se conviertan en carceleros o torturadores de su propio pueblo.

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