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Vladimir Villegas: Trump y Maduro Vs CNN

Desde la campaña electoral que lo llevó a una espectacular victoria, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha mantenido un frontal enfrentamiento con la cadena de noticias CNN y con otros medios de comunicación norteamericanos. Y ya electo también se  ha fajado duro con The New York Times.

El mandatario norteamericano no ahorra palabras para calificar de mentirosa a la prensa, y no guarda formas diplomáticas a la hora de enfrentar a los periodistas. De hecho le negó la palabra a un reportero  de la famosa cadena de noticias en su última rueda de prensa. Es un estilo, una manera de llevar su relación con los medios que muchos la consideran muy cercana a lo que caracterizó al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, y que ha continuado bajo el gobierno de Nicolás Maduro.

Trump, como lo hizo Chávez y lo hace Maduro, asocia los medios con intereses ocultos, bien en lo político y en lo económico. El mandatario estadounidense  sabe de eso. Ha sido propietario de medios y no hay quien pueda echarle cuentos al respecto. Ciertamente hay una larga historia de vínculos entre propietarios de medios de comunicación y factores políticos. Si observamos las bancadas parlamentarias de AD y Copei en la llamada Cuarta República  encontraremos a algunos diputados y senadores provenientes de periódicos, emisoras de radio y canales de televisión. Eso es inocultable. Y ni hablar de lo ocurrido en abril de 2002 cuando el  “carmonazo”, episodio tras del cual estuvieron agazapados propietarios de medios.

Este episodio que concluyó con la salida del aire de la cadena CNN en español es una muestra de lo que, a mi juicio, no debe hacerse. La peor política comunicacional es cerrar un medio porque presuntamente no dice la verdad. He sido crítico con CNN en algunas ocasiones, como también con respecto a otros medios, pero de allí a que pueda uno aceptar sacar del aire a un canal de TV o una emisora de radio como solución a una supuesta campaña o mentira el trecho es demasiado largo.

La mejor manera de responder a un medio que supuestamente miente es con la verdad, con pruebas concretas de que se manipuló deliberadamente un hecho o se fabricó una mentira. ¿Creen que por el hecho de haber sido sacada del aire la señal de CNN en español, al público venezolano le quedó claro que las denuncias allí difundidas sobre ventas de pasaporte forman parte de una campaña mediática o, por el contrario, se refuerza la idea de que algo huele a podrido en Dinamarca?  No es difícil adivinar la respuesta.

El problema no es el conflicto entre la prensa y el poder político. Eso debe ser un hecho normal en una democracia. Que la prensa no sea, ni por voluntad propia ni por presiones, complaciente con ningún factor de poder es lo deseable y lo necesario para que pueda cumplir con su rol crítico y a la vez constructivo  en una sociedad. No debe haber problema en que un presidente o un gobierno cuestione, critique e incluso confronte a un medio de comunicación o a un periodista. El problema es cuando eso se traduce en represalias, persecuciones, represión, e incluso cierre del medio.

El otro aspecto es el funcionamiento autónomo de las instituciones. Mientras esto ocurra tampoco hay nada que temer. Por muy fuerte que sea un presidente, si las instituciones son sólidas y cada una cumple con su rol es poco probable que el ejercer plenamente la crítica en un medio o hacer las preguntas que los poderosos casi nunca quieran responder tengan consecuencias negativas.

El oficio de gobernar tiene que venir acompañado de la  aceptación de la crítica y de la plena disposición a que la transparencia prevalezca. A mayor transparencia menos espacio para la especulación e incluso para la manipulación informativa. Un sistema político cerrado, sin acceso a las fuentes oficiales, es pasto fácil de todo tipo de rumores. Y a mayor misterio mayor imaginación.  Sobre todo cuando los que gobiernan dan motivo para ello. Así de sencillo.

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