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Jesús Castillo: La crisis del pensamiento

Una de las cosas maravillosas que tenemos los seres humanos es reencontrarnos con viejos amigos.  Así ocurrió el pasado fin de semana durante la travesía en lancha a Margarita para cumplir compromisos académicos. En primer lugar, me tocó compartir asientos  con el Dr. Ramón Badaracco, cronista oficial de Cumaná, su inseparable Diana y su hija Vicky. Fue una conversación muy amena en la que pude apreciar el valor de la unión familiar. Con el cronista hablé de la primogénita de América y Pedro de Córdoba, su fundador, ya casi olvidado por las autoridades y la propia ciudadanía. Muy ´pocos saben de ese fraile dominico, el Gran Vicario de Santo Domingo, que luchó por los derechos de nuestros aborígenes y desafío los infortunios marinos para avistar a esta tierra bendecida por la naturaleza, pero castigada por políticos insensibles. Ni una plaza o calle de Cumaná lleva su nombre. La memoria colectiva se ha perdido en el tiempo. El cronista y este servidor nos comprometimos a reivindicar la figura de Pedro de Córdoba. Esfuerzo

Al desembarcar de la lancha, ya en Punta de Piedras me topé con el abogado Hugo Lobatón, entrañable compañero de estudios y hoy un reconocido comisario del CICPC, Jefe de la Delegación de Aragua de Barcelona. Compartí agradables momentos y hasta almorzamos juntos en Porlamar. Revivimos viejos recuerdos de nuestras clases de derecho en la UGMA, en las cuales nos esforzamos con muchas dificultades, pero también nos permitió ganar muchos amigos. Allí aprendimos a valorar que las metas se logran con esfuerzo.  Luego, en la noche, me encontré con doctores Rafael Torrealba y Mariela Díaz, un matrimonio que ha sabido sortear los sobresaltos de la crisis diaria con sus  responsabilidades docentes frente al Doctorado en Ciencias de la Educación de la ULAC, tanto en Cumaná como en Margarita. Ellos me han enseñado que el trabajo en equipo da grandes y satisfactorios resultados. Todo depende de la visión que tengamos y de asignar acertadamente las responsabilidades a cada quien.

A la mañana siguiente, intercambié con los participantes del Doctorado sobre los retos educativos de la sociedad del Siglo XXI y fue una experiencia brillante y reconfortante. Palpé de cerca lo importante de la complementariedad del pensamiento, su diversidad y complejidad para abordar la realidad. Había un excelente equipo de profesionales proveniente de los más diversos campos del conocimiento científico: derecho, medicina, ingeniería, educación, administración entre otros. Esa proliferación del pensamiento se fusionaba en una entidad para luego bifurcarse en un todo divergente y, en consecuencia, plasmar una visión multidimensional del objeto estudiado. Y así debe ser la educación, una permanente praxis creadora que ponga a prueba el talento humano, el pensamiento crítico y se enfoque en el ser humano. Tal como dice Miguel Martínez Miguélez “la actividad creadora no es algo reservado a personas ricamente dotadas o excepcionales: todo ser humano normal puede desempeñarse creativamente en menor o mayor grado”. Tristemente, muchas prácticas docentes se esmeran en deshumanizar al participante, limitando su aprendizaje a una obtusa repetición y tediosa rutina.

Finalmente, en mi día de regreso a Cumaná, Andrés Salazar, un acucioso investigador cultural y Doctor en Educación,  me dio un aventón hacia Punta de Piedras. Antes de despedirse me obsequió el libro “La sociedad postcapitalista” de Peter Drucker para que aprovechara el tiempo en la lancha.  De verdad quedé fascinado con la lectura. El al autor alude que el recurso fundamental de la sociedad del siglo XXI ya no es el capital, ni la tierra ni el trabajo, sino que es y será el conocimiento. La tendencia es hacia una redimensión de valores y percepciones estéticas, una simbiosis de una clase representada por los intelectuales (los que paren ideas) y la clase gerencial (la que se interesa en las personas y el trabajo). Lo expresado por Drucker nos permite entender porque hay sociedades más desarrolladas que otras. Tiene que ver con la capacidad de pensar y crear. El nuevo modelo educativo debe hacer hincapié en “enseñar a pensar” para crear y dar respuestas a las múltiples necesidades de la colectividad. Lo que ocurre en Venezuela es una crisis del pensamiento, la cual desdeña el valor de la familia, las memorias colectivas, el trabajo en equipo, la complementariedad y el esfuerzo para dar paso a un nuevo sujeto histórico, basado en el conformismo, facilismo y realismo mágico. He allí el dilema.

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