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Julio Bolívar: Una nación a la deriva

Revisar y releer un archivo digital en donde están reunidos el conjunto de escritos publicados por su autor, todos los domingos, en un diario de circulación nacional, durante veinte años, es una tarea que puede ser reiterativa. Es como retroceder veinte años la historia personal de andar opinando todas las semanas y evaluar la responsabilidad de escribir. Pero, además, tener que tomar la decisión sobre cuáles columnas seleccionar para publicarla en un libro que, por la crisis de papel y de costos  que vive el país, apenas pueden estar entre 150 0 200 páginas. Puede ser un ejercicio desquiciante. Resumir un tercio de tu vida en un libro. Como si allí cupiera toda esa vida.  Sobre todo si el  eje elegido es el monotemático conflicto político generado por el gobierno que hemos elegido y que, de manera  obsesiva en los últimos 18 años, se ha encargado de dividirnos como país.

El trabajo  puede ser enloquecedor. Fastidioso tal vez. Puede, el editor de un libro, cansarse y abandonar la tarea. Porque así ha sido en los últimos años para muchos escritores. Tener  que volver una y otra vez sobre esa cabeza proteica y esquizoide de mil puntas.  Sobre  esa especie de hidra llamada Socialismo del siglo XXI, que fue asfixiando el país lentamente; parecida, de alguna manera, a la metáfora de Michael Ende sobre la nada que va desapareciendo el mundo de fantasía en su novela  La Historia interminable. Así ha nos ha sucedido a los venezolanos en estos 18 años, la nada, cada día asoma su monstruosa cabeza sobre nuestras precarias vidas.

Sin embargo, debo decirlo ya,  eso no pasa con un ensayista como Tulio Hernández, que acaba de publicar un nuevo título para su foja de escritor: Una nación a la deriva (Libros de El Nacional, 2016). La variedad y originalidad de su mirada sobre este fenómeno que nos persigue. Hern+a,dez armó una lectura de sus artículos semanales para encontrar una explicación sobre el fenómeno y encontrar una manera de comprenderlo. Una caracterización de un oponente poderoso y sin escrúpulos para mantenerse en el poder.

Los 52 artículos, que podemos releer aquí, ordenados por temas y períodos,  poseen una orquestación para que el lector pueda reconstruir una narrativa de lo que ha pasado en las últimas tres décadas del acontecer político venezolano, y pueda comprender lo que nos ha ocurrido desde una mirada  amplia  para poder entenderlo en su complejidad.

Aunque se trata de los veinte años de escritura de la columna ubicada en el suplemento 7 días del diario El Nacional, el autor de este libro agregó trabajos previos sobre los hechos como El Caracazo que llamó Preludio: Cría cuervos. Son textos, en su mayoría escritos en este mismo diario, que nos permiten comprender las causas y antecedentes del surgimiento de este fenómeno denominado chavismo, que ha sido el objeto central de su reflexión en estos vertiginosos años.

Lo que más llama la atención en este libro, es la angustia, incluso la desesperación intelectual, de Tulio Hernández tratando de advertirle al mundo político lo que se veía venir, una nación a la deriva, así lo ha llamado,  y a lo que no se le prestó suficiente atención. Tanto por irresponsabilidad del liderazgo democrático que lo precedió, como por  los planes perfectamente diseñados por los que llegaron al poder en 1998. Entender esto, es fundamental para comprender lo que está pasando y hacia donde tenemos que mirar los que nos oponemos a esta desgracia política.

Hernández nos expone en Una nación a la deriva, su reflexión y su capacidad de mirar caleidoscópicamente lo que nos ha ocurrido tiene como punto de partida el hecho de que  “el proyecto político de la democracia bipartidista que se puso en marcha, después de la dictadura de Pérez Jiménez, sin rupturas desde enero de 1958, comenzó a hacer aguas” pero  “sus conductores no emprendieron grandes acciones correctivas para impedir el naufragio”. Por eso cristaliza una inmensa conspiración- partidos políticos, medios y empresarios- que creyendo eliminar políticamente a un presidente eliminaron la política y a sus instituciones.

Este libro nos demuestra claramente, que  aquel golpe de estado fallido contra  Carlos Andrés Pérez,  dejó sembrada  la energía necesaria para que, después, aquel militar advenedizo, tomara el poder limpiamente y se dedicara a destruir un país en nombre de una utopía arcaica, para decirlo con la frase de Vargas Llosa cuando alude  al mundo de  realidad y  ficción en la literatura y la ideología indigenista en la obra de Alcides Arguedas.

Tulio Hernández nos recuerda, no sin cierta ironía, que, la primera magistratura en 1998  se debatió  “entre una Miss Universo y un general golpista”.  Da vergüenza recordarlo, paro así sucedió. Allí se hizo evidente  esta tragedia que aún no termina. El sociólogo que es este ensayista nos da luces para comprender este fenómeno perturbador.

Por eso, la idea de recoger sus artículos en un libro no deja de ser atractivo para un venezolano que quiera entender cómo ha pasado y cómo se ha montado esta maquinaria de poder que arrasa con todo; desde las acciones políticas y el lenguaje con que se produjo el encantamiento de las masas, hasta el control total de las instituciones y de los ciudadanos.

Algo estaba retenido en los venezolanos cuando estalló el Caracazo del  89 del siglo pasado. Eso es cierto. Porque es obvio que  un proyecto, con múltiples frustraciones y resentimientos, reptaba bajo aquel descontento que eclosionó, como una crisálida del mal, cuando el bipartidismo se vino a pique. Ayudado por la antipolítica, es bueno decirlo, en todos los planos del tejido social venezolano. Se hizo antipolítica como si fuera una moda, sin saber que se le ponía la mesa a un líder mesiánico que le vendió al pueblo una nueva ilusión con el lenguaje del odio y demoledor que nadó en la conciencia colectiva como una boa que molió a las instituciones democráticas.

Curiosamente, la vigencia de lo que pudiéramos llamar los breves ensayos de Tulio Hernández, está en que, estos se pueden leer con la frescura y la sensatez del escritor que va más allá de la coyuntura, aunque  esté escribiendo sobre una coyuntura, que es en lo que se ha vuelto el país. Un lugar si futuro ni pasado, una coyuntura permanente.

Conocedor de nuestra historia, real oidor de las enseñanzas y la sabiduría de Ramón J. Velásquez, su paisano andino, que siempre estuvo cerca del poder político en buena parte del siglo XX, quien  siempre advirtió sobre la amenaza militarista, el autor de este libro  recurre a sus referencias literarias y a su formación de científico social, para desmontar el discurso de odio que sembró este régimen explicando  lo que él llama “la voluntad de no convivir “. Aquella forma del fanatismo  que,  en otro momento histórico desató uno de los conflictos más dolorosos del siglo XX: la guerra civil española.

Sin perder sus viejos hábitos de gran argumentador, Hernández, moldeado  para el debate de las ideas, cierra este libro con dos artículos, sin dejar de ser un optimista crítico, sobre las tinieblas que tenemos que despejar y las patologías que han surgido en esta nación díscola.  Una coda sobre la salida, en lo que él, esperanzado afirma, y en la que coincide con casi todo el país: “la salida es electoral pero los problemas de la gente no son electorales… las mayorías democráticas necesitarán un guion. No una improvisación. Volver a usar con entusiasmo la palabra futuro es la urgencia”.

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