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César Miguel Rondón: Michelle Longa, 18 años

 

Hay noticias que vienen desde las altas esferas. La última ocurrencia en Miraflores, por ejemplo. O las voces que tienen los académicos o los empresarios o la dirigencia opositora. Pero hay otras noticias que vienen desde los sitios más pequeños, los anónimos, que son las que nos terminan diciendo, a las claras, el tortuoso e inaceptable trance por el que atraviesa el país. Hoy el 2001 titula en su primera página con una noticia que viene de ese mundo pequeño, humilde: “Liceísta embarazada muere tras golpiza de tres compañeras”.

Reseña el periodista Joan Camargo:

“Una joven liceísta murió tras recibir una golpiza propinada por tres compañeras de estudio. El hecho ocurrió el lunes 13 de febrero, a pocos metros del Liceo Caricuao, en el municipio Libertador, en Caracas.

“Michelle Longa, de 18 años, cursante del cuarto año de bachillerato, preparó una exposición junto a tres de sus compañeras de salón. No obstante, debido a la falta de compromiso de las mismas, las sacó del grupo y decidió exponer sola.

“Por este motivo, las estudiantes esperaron a Michelle a las afueras del recinto educativo para vengarse por haberlas sacado de la actividad.

“La víctima, que para el momento tenía 12 semanas de embarazo, salió de clase a las 11:45 am y se fue a su casa, ubicada en el bloque 18, de la UD5, en Caricuao. Cuando iba llegando a la residencia fue abordada por las tres chamas, quienes la golpearon y huyeron del lugar. La joven terminó en el hospital Pérez Carreño. La joven duró una semana consciente, aunque no podía hablar. El domingo 19 se complicó debido a que los golpes le generaron un derrame interno que le afectó los pulmones, ocasionando que cayera en coma, hasta el lunes 20, cuando falleció”.

Así habrá sido la golpiza para que se haya dado esta agonía tan penosa y terrible de la joven Michelle Longa. Tres compañeras de estudio de cuarto año de bachillerato le caen a golpes a una condiscípula porque ésta les reclama su falta de compromiso en una exposición escolar. La víctima hizo su trabajo, con toda la responsabilidad del caso, y lo presentó. Las tres victimarias, evidentemente malas estudiantes, no lo hicieron y, para colmo, como absurda y cruel venganza, urdieron golpearla a mansalva.

Primer hecho. Este es el país donde, desde hace ya 18 años, se le cayó a golpes y patadas a aquello que se llamó meritocracia. La meritocracia se acabó en Pdvsa, por ejemplo, donde solo los mejores podían ascender en la escala laboral. La meritocracia se acabó en las Fuerzas Armadas, una institución otrora meritocrática por excelencia. Súbitamente, el ultimo de la promoción terminó siendo Ministro de la Defensa, como el caso”el almirante aquel a quien sus pares referían por el mote de “El Penúltimo””. Es decir, hablamos de una sociedad donde el mérito, el esfuerzo, no solo no es premiado sino que es condenado. Esto es lo que permite que una muchacha que hizo su trabajo sea cuestionada y castigada por tres que no lo hicieron.

Segundo hecho. Es tal la violencia que ya se le ha metido por las venas a los venezolanos, que estas tres niñas se consideran con todo el derecho de darle una golpiza a una compañera. No hay nada que las reprima o limite. No hay ninguna norma o ley que respetar. No hay castigo que temer. Total, viven en el país donde el vicepresidente es acusado de narcotraficante y nada pasa; y un pran, en lugar de estar en la cárcel, goza la vida loca en Playa Parguito, y tampoco pasa nada. Si no hay instituciones, y lo poco que de ellas queda es abiertamente irrespetado desde el alto poder, qué importa lo que yo haga. Hago lo que me venga en mi real gana, y punto. Así aflora la muerte. En Venezuela es muy fácil matar. En Venezuela, como en la ranchera aquella, la vida no vale absolutamente nada.

Tercer hecho. La niña estaba embarazada. 12 semanas de embarazo en el país del embarazo precoz. El país de los desnutridos donde, como ya ha alertado la doctora Maritza Landaeta, son miles los que nacen con desnutrición congénita porque las madres, a su vez, están desnutridas. Un país con las instituciones vueltas añicos, incluyendo a la vapuleada institución familiar, es el país de la trampa y el atajo, del embarazo precoz y de la muerte fácil y a capricho. Los hechos narrados ocurrieron hace apenas unos días, aquí en Caricuao.

Esa es la Venezuela del presente. ¿Tendrá esa Venezuela algún futuro?

 

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