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Pedro Pablo Alcántara: Betancourt, que nació hace 109 años, construyó un proyecto civilista a la venezolana; por Enrique Meléndez-x

 

A juicio de Pedro Pablo Alcántara, Rómulo Betancourt es la expresión más acabada de un proceso de revisión del pensamiento militarista venezolano y la formulación de un modelo de gobernabilidad civilista que respetó a la institución armada y la convirtió en un formidable soporte del régimen civil.

“No es un aliado ni la convierte en una guardia pretoriana ni en subalterna de un proyecto político (que como el actual) que tiene raíces extranjeras, y que no obedece a la idiosincrasia nacional”, agrega el dirigente de Voluntad Popular de larga trayectoria en la política nacional, a propósito del 109 aniversario del nacimiento de Rómulo Betancourt.

Este 22 de febrero se cumplen 109 años del nacimiento de Rómulo Betancourt, ¿Se puede asegurar que sigue en vigencia su pensamiento?

-Sin lugar a dudas. Betancourt es la expresión más acabada de la revisión estructural del pensamiento militarista venezolano y la formulación de un sistema civilista que respeta la institución armada pero que no es un aliado ni la convierte en una guardia pretoriana ni en subalterna de un proyecto político (que como el actual) que tiene raíces extranjeras, y que no obedece a la idiosincrasia nacional.

-No hay que olvidar que el pensamiento de Betancourt; un pensamiento moderno en términos políticos, también se inspiraba en aquella frase del Libertador: “El gobierno no es para los militares”. En consecuencia, hoy, cuando el país avanza hacia una imitación del modelo del período especial cubano, la palabra de Betancourt tiene que resonar profundamente tanto en el ámbito civil como en el militar; recordándole a la ciudadanía que el único sistema comprobado; tal como lo afirmara Winston Churchill en su momento, para la emancipación de la población es la democracia.

Pero, ¿no resulta contradictoria la figura de Betancourt quien a pesar de su profesión de fe por la democracia se impone en un primer momento a través de un golpe de Estado?

-El 18 de octubre de 1945 se dio un clásico golpe militar: fue orquestado; dirigido y ejecutado por un conjunto de militares que alegaban estar inconformes por la negativa del gobierno de Medina Angarita a darle paso a las nuevas generaciones de oficiales que se estaban formando en academias extranjeras y por continuar con la práctica de promover a los llamados “chopos de piedra”.

-El 18 de octubre es un golpe militar. Lo que ocurre es que esos militares llaman a Acción Democrática, el partido más popular de la época, para conversar sobre la gobernabilidad; imaginándose que AD se iba a someter a esos dictados. Resulta que Betancourt, a la sazón de 37 años; cuando llega a Miraflores les dice:

“Señores, si ustedes quieren protagonizar un golpe militar clásico, coloquen al frente de esta Junta de Gobierno a un militar. Pero si ustedes quieren cambiar la historia de Venezuela, escriban una página nueva, y coloquen a un civil; a un civil, como yo, que se comprometería a dictar un decreto; que sería el segundo, después de informar al país y al mundo de la naturaleza de los acontecimientos en Venezuela, en el cual prometería no participar en un proceso eleccionario para no aprovecharse de las ventajas del poder”.

-De manera que la presencia civil es lo que marca el cambio radical de la historia nacional. Porque de allí nace la Asamblea Nacional Constituyente; que fue un escenario plural donde los venezolanos fueron a debatir sobre la conformación de una Constitución democrática. La más avanzada, socialmente, en toda la historia del país.

Betancourt en el año 1952 le ordena a su partido no participar en las elecciones que se han promovido para la convocatoria a una Asamblea Constituyente; lo que se consideró un error, y que es el mismo error que AD vuelve a cometer en el año 2005. ¿No le parece?

-Sin lugar a dudas: la permanencia de Betancourt en el exilio no le permitía; pese a su agudeza y a su inteligencia natural, captar el sentimiento contra la dictadura que afectaba no solamente a la población en términos generales sino muy particularmente a AD; que conocía muy bien a Jóvito Villalba y sabía de su temperamento democrático, y quien apostó a que esa Constituyente fuera el inicio de una transformación cualitativa, tal y como había ocurrido en 1946.

-Por eso el pueblo adeco de la época decidió participar, y esa fue la razón de la victoria de Villalba; porque esa votación clara y mayoritaria, a favor de esa propuesta tenía un profundo acento democrático y de impulso del partido del pueblo (AD). Esa decisión, entonces, fue un error.

-Y en el 2005 también fue otro colosal error; porque permitió que un gobierno de tinte totalitario como el de Hugo Chávez tuviera la Asamblea para modificar todo el entramado legal del país y fortalecer más su ambición de perpetuarse en el poder. De manera que estos dos procesos fueron, lamentablemente, erráticas.

-Quiero decirte que el proceso de participación es esencial. Hay que insistir en que las condiciones sean condiciones suficientes; porque no estamos, a pesar de todas las apariencias y realidades que dolorosamente vivimos en estos tiempos, en la posibilidad de repetir gobiernos autoritarios y dictatoriales en las condiciones clásicas.

-El mundo ya es otro. La globalización no facilita la permanencia de gobiernos de ese corte, y por ello es necesario participar. Eso sí; exigiendo condiciones, y también protestando, cuando éstas no se cumplan.

¿Era Rómulo Betancourt de pensamiento socialista, a pesar su anticomunismo recalcitrante?

-Sin duda, pero a la venezolana. El primer gobierno que en Venezuela adopta los “cartabones”, el entender que teníamos que pasar de una sociedad de castas a una sociedad de clases fue el gobierno de Rómulo Betancourt. Pero con una clara concepción de una gobernabilidad a la venezolana; que se comenzó a construir en el llamado Pacto de Barranquilla; que fue la sumatoria de un conjunto de pensamientos democráticos de la época centrados todos en la conformación de un gran proyecto nacional.

-Allí estaba no solamente Betancourt sino también Raúl Leoni, Mariano Picón Salas, el pensamiento de Alberto Adriani; incluso, algunas ideas que en algún momento esbozó el propio Uslar Pietri. Porque Venezuela reclamaba un proyecto nacional inclusivo, que se había comenzado a desarrollar a partir del año 1931 cuando ya Juan Vicente Gómez era una sombra en el poder, y una generación de venezolanos ilustrados fueron capaces de llevar adelante un conjunto de reformas en materia tributaria, monetaria, fiscal, petrolera, laboral, de educación, de salud.

-Ese proceso fue profundizado cuando, por fin, Venezuela llegó al siglo XX; que fue el 18 de octubre de 1945.

La modernidad para un hombre de la época de Betancourt era el ser marxista, es decir, declararse comunista; no obstante, Betancourt nadó contra la corriente. ¿Qué lo llevó a esa excepcionalidad?

-Que los partidos de la América Latina inspirados en esa doctrina; de acuerdo con los dictados de la III Internacional, debían someterse a la férula; al mandato exclusivo de Moscú. Moscú impartía la línea y los partidos en la América Latina debían cumplirla a rajatabla, y Betancourt de manera muy lúcida, frente a otros pensadores venezolanos, determinó que esa conducta no tenía asidero en la realidad.

-Porque tal como lo había avizorado Bolívar en la Carta de Jamaica, Venezuela era una realidad distinta. Era producto de un mestizaje particular que no tenía nada que ver con los intereses que pudieran ocurrir en otras latitudes, y, en consecuencia, ese pensamiento nacionalista era el punto de ruptura. No había razón para que Venezuela dependiera de los dictados de Moscú, y ese fue el punto de quiebre, el resurgimiento de un pensamiento democrático, social, de avanzada; hacia el auténtico progresismo. Pero con un acento totalmente nacionalista.

Sin embargo fue un hombre muy centralista, y en eso no se diferenciaría mucho del Estado socialista. ¿Qué piensa usted?

-Las condiciones de Venezuela para el año de 1958 hacían necesario que la visión de control desde el centro todavía se mantuviera. Pero no olvidemos que en la iniciativa, por ejemplo, de la democratización del capital permitieron la creación de la Corporación Venezolana de Fomento que se llevó a cabo en 1946, y que durante el gobierno de Betancourt y el gobierno de Leoni alcanzó un desarrollo de financiamiento y de proyectos de investigación para los estados. Eso fue un paso hacia la descentralización.

-Ese otro paso esencial fue el mantener que los gobernadores de estado no sólo obedecían a la articulación de un proyecto nacional, sino que tenían que ser también figuras muy vinculadas con cada una de sus regiones, por nacimiento o por vinculación afectiva. No se le podía pedir al Betancourt de 1959 que fuera federalista en los términos clásicos de la vieja visión conservadora, porque se trataba de un hombre que había nacido en una nación donde el centralismo de Gómez también tenía aspectos positivos.

-Ahora, era inevitable que con el advenimiento de las ideas democráticas, que Betancourt impulsó, y con los resultados de promoción de las regiones el país avanzara, como nunca antes, hacia la descentralización; como lo probó posteriormente el gobierno de Carlos Andrés Pérez y las contribuciones que el partido en sus orígenes dieron en ese debate hacia la búsqueda de una salida; en la cual, por cierto, hay que reconocerle también el papel de Jaime Lusinchi con la fundación de la Comisión para la Reforma del Estado (Copre).

El libro capital de Betancourt se llama “Venezuela: Política y Petróleo”, lo que algunos dicen que por ahí comienza la visión rentista de Betancourt con respecto al petróleo. ¿Usted no cree que a esta altura esta visión esté desfasada?

-No, el petróleo todavía es el hilo conductor del desarrollo económico del país; sin embargo, debe reconocérsele a Betancourt y al propio Marcos Pérez Jiménez, quien inició los planes del fortalecimiento de las llamadas industrias básicas; que esa diversificación de la economía trajera como consecuencia la posibilidad, de que la siembra del petróleo se hiciera aguas abajo; de transformar no sólo el área industrial sino también el área agrícola del país, e incorporando a la nación a la globalidad económica.

-No olvidemos que cuando Betancourt promueve la alianza con los países árabes da un paso gigantesco hacia la conformación de una nueva relación entre productores y consumidores.

-Ahora bien, lo que tenemos hoy es una multiplicación de opciones para la extracción petrolera; que no existían en aquellos tiempos, como por ejemplo, el tema del fracking. Sin embargo, una revisión de la política petrolera, con aquella previsión extraordinaria de Betancourt de mantener en la Ley de Hidrocarburos el artículo 5º; permitió que vinieran capitales foráneos a licitar pública e internacionalmente para la reactivación de los pozos, que estaban desactivados.

-Lo cual es otra de las alternativas que tiene Venezuela para poder enfrentarse a las crecientes amenazas que existen en el mundo petrolero de hoy. Venezuela necesita mucha inversión petrolera. Pero necesita seguridad jurídica; que era uno de los temas que la República civil de manera cuidadosa siempre mantuvo a través de los distintos gobiernos. Hoy, por ejemplo, el país está ante la terrible circunstancia de que la CIADI puede fallar a favor de Conoco Phillips por una demanda por 30 mil millones de dólares que cursa contra la República por los errores cometidos por la administración Chávez; que pudiera ser una puntilla para el tema de la funcionalidad de las reservas internacionales y de la propia industria petrolera.

-Otra circunstancia es el desmantelamiento de Citgo que se tradujo en el hecho de que Venezuela perdiera por ventas las refinerías de pesados y extra pesados que tenía en el estado de Texas. El oleoducto Keystone, que acaba de ser abierto por la administración Trump. Es decir, la política petrolera en Venezuela necesita de una reconversión a fondo que debe comenzar con el rediseño de la misma política; que debe ser hecha con el concurso de los expertos, con el concurso de las academias y con una visión de transformación que permita una relanzamiento de la economía venezolana; porque el petróleo sigue siendo una palanca transformadora para el caso venezolano.

 

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