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Virginia Zamora: El valor de la conciencia en tiempos de dictadura-x

 

Vivir en Venezuela se ha convertido en un reto constante a la cordura. El sistema se ha encargado de criminalizar todo aquello contrario a él mismo mientras defiende sin pudor a quienes están en sus filas. Vivimos en un país en el que cada vez son más los delincuentes en las calles y los inocentes en las cárceles.

El pasado sábado 18 de febrero, se realizó una concentración en la autopista Francisco Fajardo por cumplirse ese día tres años de injusta prisión de Leopoldo López. Todo comenzó, se desarrolló y terminó en paz hasta que dos jóvenes que hacían cobertura audiovisual de la manifestación fueron interceptados y detenidos por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y llevados al Helicoide.

Esa misma tarde y sin haber liberado a los dos jóvenes, el SEBIN detiene a otra persona de la productora para la que hacían las tomas y la llevan también a la sede de ese cuerpo policial, lugar en el que permanecieron los tres detenidos hasta la tarde del lunes 20 de febrero cuando fueron finalmente trasladados al Palacio de Justicia para presentarlos ante el tribunal 39 de Control.

La juez Karla Moreno, titular de ese Tribunal, decidió que no había elementos para mantener privados de libertad a los tres jóvenes lo que generó el inmediato rechazo de los funcionarios del SEBIN quienes presuntamente pretendieron persuadir a la juez a cambiar su decisión.

Luego de varias horas de tensión por la presión de los funcionarios policiales, la titular del 39 de control decidió – negada a cambiar su decisión – renunciar públicamente al tribunal y preparar su renuncia formal al Poder Judicial, información que muy rápido se difundió e inundó las redes sociales. La justa decisión de la juez, acompañada de su valiente accionar fue como escuchar un tenue zumbido de justicia en medio de tanto silencio cómplice.

Pero lo cierto es que los tres jóvenes seguían detenidos y el caso en el limbo pues ante la renuncia, no había decisión. No tardó en rumorearse que el caso sería redistribuido y asignado a otro juez y ese fue el momento en el que tomó valor el importantísimo acto de conciencia e irreverencia de Karla Moreno, Ahí fue cuando ese zumbido dejó de ser tenue y comenzó a tomar volumen en decenas de alguaciles y compañeros que amenazaron con parar el tribunal en caso de que se mantuviera la privativa de libertad para los tres jóvenes pues uno de los detenidos era también alguacil.

Mahatma Gandhi decía que “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena” y es que cuando se lucha a diario en contra de un sistema opresor, son los momentos de profunda conciencia los que hacen la diferencia. El acto de justicia de la Juez Karla Moreno no fue lo extraordinario, eso fue simplemente justicia, lo realmente ejemplarizante es que se haya atrevido a confrontar a todo un sistema que trabaja diariamente por callar a la disidencia, es haber sido capaz de levantar su voz y decir ¡YA BASTA!, he ahí la esencia de la lucha no-violenta.

El valor de lo que hizo no fue el acto en sí mismo sino el espaldarazo que eso significa para tantas voces que hoy aun están dormidas pero que –en la medida que sientan nuestro respaldo- irán despertando y sumándose a la recuperación de la conciencia y la libertad.


@VirginiaZamora
Activista por los DDHH
Dirigente de Voluntad Popular

 

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