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Alejandro Salamanca: Una Breve Historia de Irán (1800-1953)

El pasado año, se aprobaba el “Acuerdo-Nuclear” entre Irán, la UE y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Terminaban así años de tensiones diplomáticas y desconfianza mutua. Aunque en Occidente solamos situar el origen del enfrentamiento en la revolución iraní de 1979, los iraníes suelen citar el golpe de 1953 como la raíz de los problemas.  La presencia occidental en Irán, no obstante, tiene una larga trayectoria. Este artículo es un breve esbozo de la historia del país persa desde el comienzo de la penetración europea a principios del siglo XIX hasta 1953.

A lo largo del siglo XIX y principios del XX gobernaba Irán la dinastía de los Kayar. A pesar de que los viajeros europeos describieran la monarquía persa como un gobierno absoluto, lo cierto es que el sistema se basaba en un equilibrio precario entre la familia gobernante y los distintos sectores de la sociedad iraní. La presencia occidental alteraría ese equilibrio.

Europa llega a Irán

Durante la primera mitad del XIX el proyecto expansionista de los Kayar fracasó estrepitosamente.  Las derrotas militares y las capitulaciones ante los rusos crearon en los antaño confiados iraníes cierto sentimiento de inferioridad. Al mismo tiempo, los británicos conseguían sojuzgar el país vecino, la India. La élite iraní, tratando de hallar el secreto de los occidentales, empezó a contratar a expertos estrategas europeos para que reorganizaran y modernizasen su ejército.

Esto tuvo dos consecuencias: El apoyo de las potencias occidentales se convirtió en un elemento fundamental de la política interior iraní. Además, Irán se convirtió en parte del tablero en el que las potencias europeas se disputaban el control del mundo, siendo escenario del “Gran Juego” entre Rusia y Gran Bretaña.

Las dificultades económicas de los Kayar, incapaces de aumentar los ingresos del Estado a medida que aumentaban sus gastos, les llevaron a otorgar concesiones económicas a los occidentales. Una de ellas, la del tabaco (1891), provocó una reacción religiosa y popular sin precedentes.

La constitución de 1905

Una década y media más tarde, una rebelión cívico-religiosa forzó a los Kayar a convertirse en una monarquía constitucional. El movimiento fue inspirado por el éxito de los japoneses ante los rusos en la guerra de 1905 que, se pensaba, se debía a la Constitución Meiji (1868). El hecho de que ese mismo año se produjese una revolución pro-constitucional en Rusia confirmaría sus sospechas.

El movimiento constitucional fue el resultado de una alianza entre clases medias, entre la mezquita y el bazar, que veían perjudicados sus intereses por la creciente penetración occidental. Muchos de los “ilustrados” que protagonizaron el movimiento estaban muy influidos por las ideas liberales y laicas europeas, lo que les llevaría a chocar con un importante sector del clero.

El movimiento acabó desintegrándose por sus tensiones internas. Rusia y Gran Bretaña aprovecharon la debilidad del gobierno iraní para repartirse el país en esferas de influencia.  Entre 1909 y 1911, con el pretexto de restaurar el orden, los rusos y los británicos ocuparon el país. La Primera Guerra Mundial incrementó la presencia de tropas rusas y británicas, a pesar de que el parlamento se había declarado neutral.

Reza Jan (1921-1941)

La derrota alemana y la revolución soviética animaron a los británicos a tratar de hacerse con el control de todo el país sobornando a los diputados para firmar la “Convención Anglo-Irania” de 1919. El acuerdo fue muy impopular, y hacia 1920 el estado iraní se encontraba prácticamente inoperativo, con amplios territorios de la periferia independientes del poder central.

Hizo entonces su aparición Reza Jan, comandante de los cosacos en la ciudad de Qazvín. Con tan solo 3.000 hombres y algunas ametralladoras, se hizo con el control de Teherán en febrero de 1921.  Reza Jan implantó la ley marcial y formó gobierno, a la vez que convencía a los británicos que respetaría sus intereses. Cuatro años más tarde depuso al shah Kayar y se coronó a sí mismo, fundando la dinastía Palevi.

El nuevo shah supo ganarse la confianza de los distintos grupos sociales y de las potencias europeas, incluyendo la URSS. Una vez consolidado su poder, Reza Jan trató de modernizar el país imitando a Atatürk, y limitando la influencia del clero y las tribus. Digna de mención es la ley que prohibió a las mujeres llevar velo en público y obligó a los hombres a vestirse a la manera occidental.

Reza Palevi gobernaría con puño de hierro hasta 1941, cuando Irán fue invadido una vez más por los británicos y los soviéticos para prevenir los coqueteos del shah con los alemanes. Tras la invasión, Reza Jan huyó, y los Aliados instalaron en el trono a su hijo, Muhammad Reza Pahlaví. El nuevo y joven shah prometió respetar la Constitución de 1906, y la presencia de tropas extranjeras disuadió a los iraníes de intentar ningún tipo de rebelión anti-monárquica.

El interregno nacionalista (1941-1953)

Se iniciaba un periodo en el que hubo elecciones más o menos democráticas, libertad de prensa, cierto esplendor cultural, una movilización política sin precedentes y mucha violencia en las calles. En 1951 el parlamento nombró presidente a Mohammad Mosaddeq, líder de un movimiento nacional-populista que aglutinaba al bazar, las clases medias y los trabajadores no afiliados al Partido Comunista.

Entre otras cosas, Mosaddeq se propuso nacionalizar la Anglo-Persian Oil Company, que desde 1913 disfrutaba casi en exclusiva de la explotación de petróleo en Irán. Esto preocupó mucho a Gran Bretaña y EEUU, y en 1953 los servicios secretos de ambos países organizaron un golpe de Estado junto al monarca y sectores leales del ejército, y ante la pasividad de cierta parte del clero.

El suministro de petróleo y la pertenencia de Irán al bloque occidental quedó asegurado a corto plazo, pero a la larga provocó un efecto boomerang. El golpe de la CIA y el MI6 asoció irremediablemente la dinastía Palevi a EEUU y Gran Bretaña, e hizo que una generación de intelectuales, activistas y líderes religiosos se volviesen decididamente anti-occidentales.

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