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Alonso Moleiro: CNE: Lecciones del Ecuador

¿Qué habría pasado en Ecuador si la directiva de su Consejo Nacional Electoral estuviese integrada por personas como Socorro Hernández o Tania D´Amelio? Alguna triquiñuela para engordarle el caldo a Rafael Correa, quizás.  Probablemente, no se habría decidido convocar en aquel país, como correspondía, a la segunda vuelta electoral.

La tentativa para una operación fraudulenta en Ecuador parecía perfecta. De hecho, durante unos días, comenzó a registrarse nerviosismo en Quito y en Guayaquil. Comenzaba a dar la impresión de que alguna maniobra institucional se gestaba para retardar el resultado y alterarlo ligeramente a favor de un resultado sin segundos comicios. Aquello que buscaban las fuerzas de Correa.

La segunda vuelta, vigente en Ecuador desde hace ya unas décadas, sería necesaria en unas elecciones en caso que ninguno de los candidatos obtuviese un mandato superior al 40 por ciento. Lenin Moreno, el candidato oficialista, el hombre de Rafael Correa, llevaba ventaja, pero se estacionaba en torno al 39, 1.

Pues bien: no fue posible, como algunos temían, urdir alguna maniobra, gestar engañifas, producir parpadeo alguno, y, presionados por una opinión pública todavía saludable, y un movimiento ciudadano activo, los directivos del Consejo Nacional Electoral de aquel país, con nombre igual al nuestro, pero con un comportamiento infinitamente menos innoble, tuvieron que honrar su pacto con la verdad y atenerse literalmente a lo dispuesto en las urnas

La segunda vuelta permite a Guillermo Lasso, el candidato más votado de las filas opositoras,  organizar un frente en contra del poderío presidencial,  que aspira a derrotarlo, orientando el voto de los indecisos, o eventualmente, los de Cyhntia Viteri o Paco Moncayo, otros dos candidatos opositores que quedan fuera de carrera.

Claro: en Ecuador todavía existe una democracia. La orientación de su debate público y el comportamiento de su gobierno es mucho menos sórdido. Las elecciones o la retención del poder no son un tema de estado para la Presidencia. Los cargos no son instrumentos. Ecuador es un país que no presenta las costras de la destrucción que ofrece Venezuela. Sus instituciones están menos deterioradas.  De hecho, su debate público es mucho menos violento y más civilizado.  Los poderes públicos están integrados por ciudadanos bastante más íntegros y probos.

No existe en toda América Latina una clase política tan corrompida, de palabra y comportamiento, como esta que gobierna Venezuela. Aquello que es impensable en una nación como Ecuador, en Venezuela es parte del folclor político: un Consejo Nacional Electoral que se llama igual al de Ecuador, pero que es capaz de darle la espalda, sin explicaciones, a toda una nación, a una movilización nacional multitudinaria que le pedía la organización de unas elecciones previstas en los dispositivos de la Constitución Nacional, luego de haber agotado todas las instancias que éste mismo le pusiera. Un Poder Electoral que gestó un fraude constitucional como el del Referéndum Revocatorio, pero que jamás tuvo, siquiera, la decencia de darle la cara al país al cual le conculcaron la iniciativa.

 

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  • Belkis

    El pasado reciente de Ecuador ha sido uno de los más desastrosos política y económicamente de América Latina. El cambio que ahora vemos ha sido producto de un doloroso aprendizaje. No obstante, en la 2da vuelta, hubo un escenario muy similar al vivido en Venezuela durante las elecciones del 2013: La diferencia entre Lasso y Moreno fue mínima, como la de Capriles y Maduro, habiendo aun dudas sobre la fidelidad del conteo en ambos casos.