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César Malavé: Carnavales en tiempos de podredura

En las otrora dictaduras que vivió nuestro pueblo, como por ejemplo la de Marcos Evangelista Pérez Jiménez, la celebración de carnaval sólo duraba, cuando más, una semana y la ceremonia se hacía con desfiles, fiestas y disfraces en clubes y calles y todos disfrutaban; con la llegada del chavismo, extendido hasta hoy como madurismo, hubo cambios significativos en las fiestas del Rey Momo.  Con esta autocracia cívico- militar del siglo XXI, el carnaval es permanente, pues el país vive envuelto en una vorágine de mentiras, discursos y promesas que buscan mantener engañado a un pueblo que solo escucha las palabras de los funcionarios del gobierno, que, disfrazados con atuendos en los que solo priva el color rojo, aspiran a mantener la solidaridad y respaldo del pueblo a un proyecto de gobierno que, después de 18 años, sólo ha servido para empobrecernos a todos. Y en la conmemoración propiamente dicha, se gastas sumas millonarias en bacanales y francachelas oficiales, que, al tiempo que son un insulto al pueblo que en muchos casos deben hurgar en la basura buscando algo de comida, buscan sólo tapar los escándalos de corrupción de sus más altos jerarcas y los atropellos a la libertad de expresión. Los enchufados de este gobierno vestidos con sus mejores traje y llenos de serpentinas, en el permanente carnaval que vive el país, han  dispuesto en plaza pública la piñata de los dólares para que cada quien, según sus posibilidades, pueda darle con el palo. Solamente en Capital del país, se le dio palo a la estratosférica cifra de Bs 1.011.777.720,80 en el llamado carnaval internacional de Caracas.

Las carrozas  de la corrupción  facilitan que millones de dólares sean desviados de la ruta que deberían seguir para lograr su cometido e ir a parar a las cuentas de unos cuantos disfrazados que no necesitan tener un palo en la mano para tumbar la piñata. Mientras tanto, el pueblo engañado e ilusionado, con el carnet de la patria, continúa en su ruta hacia el despeñadero. Cada asueto para el gobierno le sirve de excusa para seguir evadiendo su responsabilidad constitucional, por cuanto eso le da un respiro ante la obligación que tiene de garantizar el abastecimiento, sin poder ocultar que no tiene los dólares suficientes para garantizar la comida de la gente, ante la realidad que nos arropa de ser un país cuya producción es casi inexistente. Se fue febrero pero continúa el carnaval, el mandamás se disfraza de eficiente, las milicias de patriotas y los delincuentes de juristas, en medio de la más desastrosa podredumbre que haya vivido el país, donde nació el más  grande héroe de la América Latina y en cuyo nombre, un puñado de forajidos, desmiembran la nación.

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