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José Manuel Rodríguez: La producción es su tarea, no su fin

La producción es un asunto de la sociedad. Del Estado es la planificación, el control, la estructura normativa, la seguridad y defensa. Así ha sido históricamente, con los adjetivos que sean. Las sociedades se han dividido en función de su papel en la producción: por un lado los que trabajan, una gigantesca mayoría antes esclava, luego sierva y ahora asalariada. Del otro, los propietarios de los medios de producción, los que se quedan con toda la riqueza producida. Entre unos y otros están los que median, se llamen cipayos,  caporales o gerentes.

Los dos extremos de esta división tienen una enorme fuerza, no así la medianía. Los trabajadores, su experiencia y capacidad de trabajo; los propietarios: la riqueza, el territorio y el poder político. Con eso el capitalismo controla el Mercado y el Estado, y maneja las religiones y la cultura. Es un sistema depredador en esencia, la codicia es su horizonte.

El socialismo ha intentado, hasta ahora infructuosamente, demoler ese amurallado, violento y corrupto sistema. La razón de su fracaso viene por dos vías: pretender liquidar el mercado para convertir al Estado en todopoderoso e inviable productor, o urdiendo la conjunción de un Estado Benefactor con el sector empresarial.

Ambas vías hacen que a la codicia empresarial se le sumen los funcionarios del Estado convertidos rápidamente en poderosos corrompidos. La única yunta sana y equilibrada de la sociedad con el Estado es la que ocurriría entre la producción colectiva comunal y la planificación centralizada. Y sería así porque el asunto fundamental de la sociedad socialista no es la acumulación de riquezas, sino la democracia.

La comuna, que gobierna su territorio con la democracia como horizonte, al producir y copar el mercado con precios solidarios, cerrarían los espacios al despotismo y la corrupción. Por qué creer en esto. Respondan estas tres preguntas: ¿Quiénes y dónde se producen los bienes que funcionarios del Estado están repartiendo, casa por casa? ¿Cuánto cuesta producirlos y acopiarlos? ¿Quién paga por ello? Una respuesta correcta mostrara la insensatez.

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