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Juan Arias: La Lava Jato ¿será de verdad el fin del mundo?

Si pensamos en nuestro pequeño corral quizás el terremoto de la Lava Jato nos parezca en Brasil el “fin del mundo” y hasta de la política. Pero si alargamos nuestra mirada a lo que la bioquímica y la neurociencia están preparando para un futuro próximo, empezando por la posibilidad de vencer a la muerte, parece una minucia. Lo intuye la gente de la calle que se interesa cada vez más por las conquistas de la ciencia en nuestro planeta y en el cosmos. Basta ver los temás más visitados en este mismo diario.

La Lava Jato, con sus condenas, podrá en la mayor medida, aunque tampoco sea seguro, acabar con una generación de políticos y partidos involucrados en prácticas de corrupción de los que, dentro de 30 años, nadie se acordará. Ni siquiera sabemos si lo que resultará al final será mejor, igual o peor que lo de hoy. En Italia, la Operación Mani Puliti (Manos Limpias), a principios de los años 90, derribó el sistema político vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero desembocó en las aguas turbias de la era de Silvio Berlusconi.

Lo que sí es seguro es que la ciencia y la tecnología están trabajando para que la Humanidad de hoy no se conforme con lo conquistado en miles de años sino que pueda dar el salto a una nueva especie superior a la nuestra. Sería algo parecido a cuando el homo erectus se transformó en homo sapiens.

Lo afirma, en su nueva obra, HOMO DEUS, Uma breve história do amanhá (Edt. Companhia das Letras), Yuval Noah Harari, doctor en Historia por la Universidad de Oxford y catedrático de la Universidad Hebraica de Jerusalén, autor del ya clásico, SAPIENS, uma breve história da Humanidade, traducido a las mayores lenguas del mundo. Escribe Noah: “Cambios relativamente pequeños en genes, hormonas y neuronas fueron suficientes para convertir el homo erectus en homo sapiens….La bioingeniería no va, sin embargo, a esperar que la selección natural realice su magia. Bioingenieros van a tomar el viejo cuerpo del sapiens y reescribir intencionalmente su código genético, reconectar sus circuitos cerebrales, alterar su equilibrio bioquímico y hasta provocar el crecimiento de nuevos miembros”. (pag.52) Y añade que de ello resultarán “nuevas entidades divinas”, el homo deus que podrá ser tan diferente como nosotros lo somos del homo erectus”. Ello supondría que  “la vida explotará en la vastidad del reino inorgánico y asumirá formas que no podemos vislumbrar”.

El lector siente escalofrío cuando Noah afirma, por ejemplo, que ya será posible en este siglo vencer a la muerte. La ciencia estaría ya avanzada para conseguir que no podamos morir por enfermedad. Al principio no será para todos, claro, pero el salto se prefigura abismal. “La muerte es un problema técnico que puede y debe ser resuelto…Nada de metafísico”. Según Noah venceremos a la muerte y habitaremos nuevos planetas. Y un día, en los códigos de los derechos, existirá el “derecho a la inmortalidad”. La muerte sería un crimen contra el “derecho a la vida” y el dolor un “crimen contra el derecho a la felicidad”.

La ciencia y la tecnología están consiguiendo realizar los milagros que un día se atribuían a los dioses, a los antiguos y a los modernos. Anuncia Noah que procesos ya en estudios avanzados suponen principios como que “los organismos son simples algoritmos” y que “la inteligencia se está desplazando de la conciencia” .Todos ellos están llamados a desembocar en transformaciones hoy difíciles de imaginar.

El autor parece asombrarse él mismo de lo que se está fraguando en los laboratorios de la neociencia y acaba el libro proponiéndonos esta interrogación: “¿Qué va a acontecer a la sociedad, a los políticos y a la vida cotidiana cuando algoritmos no conscientes sean más inteligentes que nosotros?” (pag.399). Cabe entonces preguntarnos qué harán las religiones cuando hayamos vencido a la muerte. Y qué será del más allá. Y cómo se dará eso concretamente ¿Seguirán conviviendo el homo sapiens con el homo deus, como convivieron los primeros sapiens con los neandertales? Difícil imaginarlo.

El interrogante para nosotros aún mortales, frágiles y violentos es si el conocimiento de lo que nos anuncia la ciencia, como el fin del hambre, del dolor y de la violencia, nos va a producir hoy dulces sueños o más bien incredulidad y sombrias pesadillas. Leyendo a Noah nos damos cuenta, sin embargo, que quizás no valga la pena sufrir tanto con cosas que hoy parecen importantes pero que tendrían ya su tiempo contado.

¿Y la locura del Carnaval de Brasil? Ah, de ellos el antropólogo Roberto DaMatta, el que más y mejor ha analizado dicho fenómeno, escribió que “en Brasil se puede prohibir todo, pero nadie ha osado nunca prohibir el Carnaval”. Más aún, llegó a la atrevida afirmación de que “Brasil no existiría sin ellos” (Revista Época, 10, 2,2013)

Hay entonces que imaginar que hasta el futuro Homo deus será condescendiente con esa locura brasileña. ¿Y la Lava Jato y su “fin del mundo”? Por favor!

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