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Luis González Del Castillo: ¡Entre lo insólito y lo vergonzoso de Nicolás!

Hace ya un cuarto de siglo, que se dice fácil como aquello de “veinte años no son nada”, realizaba mi paso por la Universidad Simón Bolívar. Coincidiendo con estudiantes del post grado en Ciencia Política, como el entonces mayor del ejército, ascendido en tiempos del Comandante General del Ejercito Carlos Julio Peñaloza Zambrano a Teniente Coronel, el Comandante Hugo Chávez Frías; el teniente, luego Comandante General del Ejército venezolano (2014-2015), actual Secretario del Consejo de Estado, y sucesor en el cargo del Mayor General Carlos Alcalá Cordones, quien fungía como tal cuando fue anunciada la muerte del presidente Chávez en el año 2013; y el Lic. William Lara, entre otros, quien fuera presidente de la Asamblea Nacional. Por cierto, el mejor formado políticamente, según mi opinión, dentro de su ideología, en las filas de la juventud comunista del PCV. Éste murió en extrañas circunstancias siendo gobernador del estado Guárico.

Nos llegó 1992, concluidas las clases presenciales, con ese fatídico año de dos fallidos alzamientos militares (4 de febrero y 27 de noviembre). Con tales acciones, sus protagonistas esgrimían y denunciaban la corrupción, la injusticia social y la debacle del sistema democrático, que lo calificaban como “traición del Pacto de Punto fijo” llevada a cabo por los que muchos de nosotros consideramos, en cambio, pioneros de la democracia venezolana.

Sobre las banderas de la honestidad, la creación de una República de derecho y de justicia, e “inclusión social”, los anteriores golpistas coronarían apenas siete años después, con una victoria electoral indiscutible, su arribo al poder en Venezuela. Con las decisiones, acciones arbitrarias y anticonstitucionales de los últimos años, nos demuestran que, como desde el año 2001 advertíamos, han decidido no apartarse del mismo por cualquier medio, y siguen dando golpes contra la democracia, día a día, “desde el poder mismo” en que se encuentran.

De aquel posgrado, como de todos los estudios y actividades que he tenido el privilegio de realizar, dentro y fuera de nuestro país, me han quedado experiencias y relaciones humanas que valoro tan importantes como los conocimientos científicos en sí mismos que me han sido transmitidos. Recuerdo, por ejemplo, al profesor italiano Marco Cupolo, del cual recibí máximas exigencias de rigurosidad en los trabajos de investigación a presentar. Recuerdo que opté por realizar y entregarle un trabajo final sobre Niccolo Macchiavello, “El fin de la política” lo titulé. En él, traté el tema del objetivo u objetivos de la política, y no el término de ésta.

Hoy, veinticinco años más tarde, entre lo insólito y lo vergonzoso de la realidad en la que se encuentra nuestra adolorida Venezuela recordé a Nicolás. ¡A Nicolás Maquiavelo por supuesto! El desempeño corrupto e inepto de los actuales actores protagonistas de ésta etapa, que ellos mismos han denominado revolución del socialismo del siglo XXI, nos habla ahora si del “fin de la política”. Es decir el término de ésta, que según Clausewitz es la guerra por otros medios. Así marcan el fin de la propia democracia en Venezuela. Fin de la política por la actuación irresponsable de un conjunto de funcionarios del Estado venezolano que, abandonando los más elementales principios del ejercicio democrático y de sus deberes, se muestran incompetentes ante el descalabro de la institucionalidad y el surgimiento del Narco-Estado.

El descontrol sobre nuestro territorio, secuestrado y en manos del hampa nacional e internacional, evidencia como el auge de la criminalidad en general y del narcotráfico en particular, aprisionan a la familia venezolana. El Estado, que debía ser la principal preocupación del “Príncipe”, está a merced de delincuentes. En la patria de Bolívar mueren cientos de niños por desatención, falta de alimentación, medicinas, vacunas, enfermedades de relativa fácil prevención en la actual modernidad mundial. El control del orden interno, y la defensa del territorio frente a amenazas externas son, como subrayó Nicolás, pero Maquiavelo, en su célebre obra “El Príncipe”, objetivos fundamentales del Estado.

Haber convocado el reciente Consejo Federal de Gobierno, bajo la presencia de deslegitimados gobernadores y alcaldes, con periodos vencidos, y por otra parte un presidente que no se sometió al referéndum popular de evaluación prevista en nuestra constitución es insólito y vergonzoso. No escuchar y ponderar actores importantes del sector productivo: empresarial y laboral; del sector académico: de universidades autónomas y oficiales; del sector de organizaciones no gubernamentales: que hemos intentado dar nuestro aporte para buscar soluciones para nuestra Venezuela, es insólito y vergonzoso. No se ha entendido a Nicolás, reitero a ¡Maquiavelo! A éste se le acusa de ser malvado, cuando en realidad solo fue un agudo observador político. Por ello deben realmente atenderse tanto las críticas y realidades actuales, como las posibilidades de sobrevivir. Consultar con gobernadores del Psuv como Arias Cárdenas o García Carneiro, por ejemplo, sería sensato. También a los de la alternativa democrática: Henrique Capriles, Liborio Garulla, Henry Falcón. En tan delicada situación nacional, se debe dejar de asumir a priori la defensa de un funcionario de tanta responsabilidad como el Vice presidente Ejecutivo de la República. Acusado éste de tan graves delitos como el narcotráfico y la legitimación de capitales. Es insólito y vergonzoso que esa sea la actitud de un gobierno de, a priori, defenderlo. Ese funcionario, es decir el Vice Presidente, debe poner su cargo a la orden para enfrentar responsablemente tales acusaciones y demostrar su inocencia, para bien de la República.

Si al señor Nicolás Maduro le hubiese tocado asistir a aquellas clases de la Universidad Simón Bolívar quizá el profesor Friederich Welsh le hubiera preparado para atender las actuales gravísimas circunstancias nacionales. Atender las lecciones de su tocayo Nicolás Maquiavelo, como una de las más autorizadas voces históricas sobre la necesidad del uso de la real Ciencia Política como herramienta para gobernar. Ejercerla implicaría acudir sin complejos a la negociación. Más allá del prometido dialogo, que apenas iniciándose se frustró por la manipulación del mismo, ¡dizque para ganar tiempo! Por el contrario precisamente éste se perdió, para el vital encuentro de una salida pacífica para el país. Convocar al Consejo de Estado, por ejemplo. Hablar con su Secretario y sopesar la muy grave situación de peligro de la República. Debía dejarse atrás la politiquería y la irresponsabilidad, frente a toda una nación con graves padecimientos. El sector castrense, en lugar de ser comprado y manipulado, debía ser enaltecido y promovido, como defensa cierta de la constitucionalidad y la grandeza republicana. Podría, si no es tarde ya, recomenzarse cumpliendo lo prometido en el pasado intento de dialogo. Luego de esto se podrían realizar acuerdos de gobernabilidad, re-institucionalización democrática inmediata, bajo la atención debida de sus roles por parte del CNE, TSJ y demás poderes del Estado. Iniciar entonces, mediante dicha re-institucionalización, la convocatoria de los procesos eleccionarios contemplados en la Constitución Nacional. Canalizar, mediante la normal alternancia democrática soluciones económico-sociales imprescindibles en todo país, lo que reivindicaría el valor de la política y del propio Nicolás, insisto ¡Maquiavelo! Este fue un gran observador de la realidad y en consecuencia de gran olfato político, como lo fue Chávez también por cierto en su momento, tras la derrota del golpe militar de 1992: ¡un gran sobreviviente político!

Los que aún crean en la perdurabilidad y vigencia futura del proyecto chavista, y el origen noble de sus postulados; o los que con otras propuestas creemos en la inclusión, pluralidad ideológica, y en la convivencia democrática, tenemos la responsabilidad del último intento por asumir la inmediata rectificación como compromiso con Venezuela, frente a todos los demás intereses en juego. Debe darse prioridad a tareas de corresponsabilidad en la protección de la vida, y de los derechos humanos de la población venezolana. Asumir la amnistía política sería la señal de rectificación inmediata. Una masiva y rigurosa campaña de vacunación, por ejemplo, frente a lo insólito y lo vergonzoso de las muertes de nuestras niñas y niños por enfermedades que creíamos superadas como la difteria y otras, deberían marcar el comienzo de la reconstrucción de un nuevo gobierno de transición u unidad nacional, por un mejor porvenir para nuestras hijas e hijos. ¡Asumámoslo todas las mujeres y hombres de buena voluntad, aún leales a nuestra amada Venezuela antes de que ya sea demasiado tarde!

 

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