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Aurelio F. Concheso: El metódico desmantelamiento de la economía venezolana

Tal vez por diseño intencionado. Tal vez por una incapacidad manifiesta de comprender y manejar las variables económicas. O tal vez por estar más ocupados en operar los mecanismos para mantenerse en el poder a toda costa. Pero lo cierto es que, palmo a palmo, la economía venezolana está siendo desmantelada.

De eso dan cuenta las tristes cifras que se manejaron en un reciente Foro sobre Perspectivas Económicas para 2017 auspiciado por la Cámara Venezolano Americana de Comercio. Bueno, en realidad, sobre lo que queda de 2017. Porque está por terminar el primer trimestre del año, sin que se vislumbre ninguna medida de importancia que revierta el descenso hacia una economía primitiva.

Un analista conocido por su práctica de proyectar por el método de escenarios alternativos para que los participantes escojan cuál le parece más razonable, estima que el escenario más “optimista” -si es que se puede llamar así- es que la economía tan sólo se contraerá otro 3.2%, y que la inflación solamente llegará de 560% a 800% y, en ningún caso, a la pesimista cota de 2000% de la que hablan los pájaros de mal agüero, como es el caso del Fondo Monetario Internacional.

Que estemos manejándonos entre alternativas de 500% y 2.000% de inflación, y un cuarto año de decrecimiento que, si hubiera cifras del Banco Central de Venezuela a la cuales acudir, sabríamos interpretar en qué se traduce el hecho de que la economía se ha contraído casi un 30%, es decir, lo mismo que se contrajo la economía norteamericana durante la Gran Depresión de los años 30. Por lo pronto, nos dice algo del éxito con que se ha desmantelado ya buen parte del aparato productivo y el nivel de vida de los venezolanos.

Otras intervenciones no fueron más esperanzadoras. Con los aumentos salariales, se espera que, con suerte, se pueda corregir un máximo entre un 30 y un 40% de la inflación esperada, o, dicho de otra forma menos benigna, la capacidad de compra de los salarios se contraerá otro 50%. En lo que eso se traducirá, será en que actuará como acicate para la dinamización de la emigración que se encuentra motorizada por el hecho de que 50% de los venezolanos -un número muy superior de ellos jóvenes menores de 30 años-, desea emigrar. Se trata de un hecho que cada vez se les facilita más ya que el 36%, es decir, más del doble que en 2015, ya tiene familiares fuera del país.

Todos los países tratan de lograr un encadenamiento de fortalezas económicas que les permita disfrutar de un círculo virtuoso de crecimiento sostenido. Inclusive, son pocos los que, conscientemente, conducen al país en la dirección contraria: un círculo vicioso que lo lleva a incrementar de manera geométrica sus niveles de pobreza. Por lo general, catástrofes económicas que expulsan millones de sus ciudadanos son producto de fenómenos naturales coyunturales, como la Gran Hambruna Irlandesa de 1845 a 1852. Esa hambruna obligó a emigrar a un 25% de la población. También puede darse como consecuencia de guerras civiles cruentas, como la española.

Es raro encontrar a un país que, temiendo todas las posibilidades de salir de una contracción económica autoimpuesta por políticas económicas fallidas, se resista tercamente a conciliarse con la realidad y la evidencia empírica. Y que, por el contrario, persista en aplicar las mismas políticas que lo han traído al punto de la disolución en términos económicos.

Quizás los venezolanos deberíamos vernos en el espejo de Arabia Saudita. Otro país petrolero con una población equivalente a la nuestra y las segundas reservas petroleras más grandes del mundo, ya que las primeras son las de Venezuela. Los saudís están a punto de colocar en el mercado de valores un 5% de las acciones de su petrolera estatal, Aramco, y se visualiza que para la misma se produzca una capitalización de mercado de 2 billones de dólares, más que la capitalización de la suma de Apple y Google.

Es cierto que las reservas saudís son de petróleo liviano y las nuestras de menor calidad, pero la diferencia no es tal como para que el ingreso per cápita de ellos exceda los $20,000 por año y el nuestro en su descenso ya se ha contraído a menos de $ 6,000. En fin, de lo que nos estamos ocupando este día; es del dramático testimonio de lo que sucede cuando un país se empeña en desmantelar su economía.

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