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La piratería se volvió costumbre en el país

 

La piratería se convirtió en una costumbre en el país desde hace décadas atrás. Lo que en otras naciones puede representar un delito y algo impensable, en Venezuela, reproducir copias de películas, música y hasta programas para computadoras, parece ser algo normal.

En la capital son incontables los negocios que hoy se mantienen de las ventas de películas. Los que están ubicados en el centro de Caracas adquieren la mercancía en el Mercado de La Hoyada, cuyos comerciantes venden los productos al mayor para que luego sean distribuidos.

Darío Silva tiene 20 años con un negocio, ubicado en la avenida Baralt, de CD y películas en formato DVD y Blu Ray, a un precio de Bs 800, 1.200 y 3.000, respectivamente.

En el tiempo que lleva con el comercio no se ha enfrentado a un problema legal con las autoridades. A su parecer, “hay cosas más graves e igual el Gobierno lo permite”.

A pesar de que esta venta es una actividad ilegal, Silva explicó que para la gente es algo “normal” y que incluso, tiene un permiso para tener el local.

Sin embargo, aunque ya los venezolanos están acostumbrados a tener fácil acceso a la piratería, las ventas han bajado alrededor de 90% según Silva. “Implementamos un sistema de ventas para subir un poco las ganancias. La persona que compre una película en Bs 1.200 puede traerla luego en buen estado y llevarse otra por Bs 600”, señaló.

Esta práctica surgió como una opción para que el encargado del local pudiera sobrevivir a la crisis económica que sufre el país, que ya hasta llegó a la piratería.

En otro lugar abarrotado de películas DVD, Blu Ray y CD, ubicado en la avenida Lecuna, Yennifer Pernía cuenta que el método que utilizan para conseguir las películas es diferente: compran los CD vírgenes y proceden a grabar los largometrajes, en algunas ocasiones obtenidos de Internet o comprando los fotolitos correspondientes en el mercado popular.

Así, asegura, pueden venderlas en un precio menor. Los DVD y CD tienen un precio de 800 bolívares y los Blu Ray cuestan 1.000 bolívares.

Para el negocio, es indispensable vender filmes con buena calidad. “Cuando es una película deseada prefiero esperar para descargarlas de Internet y tenerlas en un mejor formato”, apuntó.

Pernía aseguró que aunque está consciente de que es un negocio ilegal, nunca se ha tenido que enfrentar a problemas mayores.

No solo en el Mercado de La Hoyada venden los DVD, sino que también las carátulas y los plásticos para empaquetarlas y así expenderlas.

Robin Ospina, vendedor de estas imágenes, indicó que las ventas se dan porque los comerciantes de películas las necesitan para identificarlas. Tienen un precio de Bs 18 por unidad y en paquete, Bs 18.000.

Por su parte, Cristian García, encargado de una venta de películas y series, aseveró que dejó de vender Blu Ray por el alto precio que significa reproducirla.

Para conseguir los productos, García manda a reproducirlos en un lugar encargado de hacerlo ubicado en Catia. “Yo compro los CD vírgenes y luego me graban las películas y series”, dijo.

Lista negra. El año pasado, Venezuela formó parte de la lista de países más piratas del mundo por dejar a productores estadounidenses de música, películas y otros materiales protegidos por derechos de autor expuestos a la creciente piratería.

El Gobierno de turno de Estados Unidos puso a 11 países en su “lista de observación prioritaria”, que supone un escrutinio extra y que podría generar sanciones si Washington lleva los casos ante la Organización Mundial del Comercio.

En la lista estaban también Argentina, Chile China, Rusia, India Argelia, Indonesia, Kuwait, Tailandia y Ucrania.

Regulación ignorada. La normativa que vela por el resguardo de la propiedad intelectual es la Ley sobre Derecho de Autor. Sin embargo, las reglas allí plasmadas pasan “por debajo de la mesa” cuando aparece el método de fácil reproducción.

La ley protege a las obras literarias, artísticas y científicas y sentencia, con pena de cárcel, a aquellos que reproducen y distribuyen copias ilegales.

Las películas deberían distribuirse con empresas autorizadas, que a su vez las comercializan en los cines del país. Sin embargo, es más rentable venderlas piratas.

Lo mismo ocurre con la música. Las discográficas deberían distribuir los álbumes originales a las tiendas especializadas, y aunque aún estos locales siguen abiertos, las ventas se fueron al piso, así como la producción musical nacional.

Además, la piratería llegó también a la informática. Los programas, especialmente de diseño, y sistemas operativos se venden en comercios en precios a partir de Bs 3.000, depende de la versión que busque el consumidor.

Este problema parece extenderse mientras sea un negocio rentable. Si los perjudicados no reclaman o denuncian la actividad, seguirá pareciendo “normal”.

Fuente: 2001

 

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