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José Manuel Rodriguez: No sólo hay que serlo, hay que parecerlo

La derecha por estos tiempos se dedica a señalar que los socialistas, aquí y en el resto del mundo, abrazaron la antiquísima torcida de “las 30 monedas”. Que satisfacción les da que la codicia se confirme como motor de las sociedades. ¡Hasta los comunistas, dicen, quedan subyugan ante ella! Han construido un mal mundo con esa premisa, suavizada con la palabra ambición. Que tal cosa ocurra muestra que esa avidez es inversamente proporcional al pensamiento crítico, que es el fundamento del marxismo.

La evolución, cada vez más desfachatada, de la codicia capitalista, va ensanchando la brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que no tienen nada. Entre ambos bordes hay un vacío total, y sin gravedad, es la vitrina de la “opinión pública”. Flotan en ella una millonada de seres que han abandonando conciencia y decoro intentando, tan desesperada como infructuosamente, aproximarse al borde del oro. De esa ingravidez inescrupulosa van cayendo los que la mediática decida.

La codicia dejó atrás la producción de mercancías. La especulación financiera convirtió a empresas que no producen nada en poderosos consorcios. Goldman Sachs es la más importante empresa de maletín. Sus logros son crear crisis económicas para quebrar a los más débiles. Los tres últimos Secretarios del Tesoro en USA son empleados de esa banda de facinerosos. Uno de ellos fue el que acusó a nuestro Vicepresidente.

En tales circunstancias el socialismo del siglo XXI dejó de ser aquel de acerados obreros, puños en alto, contra la implacable explotación en minas e industrias. Es la lucha por la dignidad, la solidaridad y el amor. Esta última palabra no tiene nada que ver con el flotar de una pareja abrazada en el cielo estrellado, con baladas y mágicos destellos, que es como nos lo vende Hollywood. Por el contrario, tiene que ver con la vida austera, solidaria y responsable.

Por todo esto, los importadores fantasmas, los funcionarios que quiebran empresas estatales, los que meten dólares en maletines, los que cobran escapes de fronteras, los ilusos con el empresariado, los que con prontuarios penales pasan a ser jueces; no tendrían cabida en un socialismo así. Este no lo es.

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