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Vladimir Villegas: Las cárceles, un retrato del país

Tuve la oportunidad de visitar el Estado Zulia este fin de semana y, por supuesto, pude revisar la prensa regional. Me encontré con numerosos titulares que reflejan la grave situación social en la región. En muchos aspectos nada distinto de lo que uno puede ver en Caracas, sobre todo en materia de seguridad

Diarios como Panorama y Versión Final dan cuenta de la terrible situación de inseguridad que allí se vive. Y me llamó la atención que Maracaibo es una ciudad oscura. El alumbrado público es realmente una excepción . Pero la lectura de un reportaje que publicó el fin de semana el diario Versión Final , bajo la firma de las colegas periodistas  María José Parra y Luisana Gonzalez sobre el infierno carcelario me motiva a detenerme en este tema.

Luisana relata cómo se quedó en puras promesas el anuncio sobre una remodelación de la Cárcel de Sabaneta, desalojada y cerrada desde hace  más de tres años. A partir de allí vinieron anuncios sobre la construcción de un museo penitenciario y una escuela para custodios.  Y hasta ahora nada. Solo quedan los escombros , las huellas de ese infierno y, vaya contradicción, testimonios de la vida lujosa que llevaba el pran mayor  en ese recinto. Hasta una piscina mandó a construir .  También cuenta la colega en su reportaje  que se paralizó la construcción de un nuevo retén judicial en San Francisco.

En otro trabajo que forma parte del mismo reportaje, María José Parra pone la mirada en el hacinamiento agravado como consecuencia de no haber construido otro recinto carcelario luego del cierre de Sabaneta y El Marite. Más de mil 200 reos sobreviven hacinados en condiciones infrahumanas en los retenes policiales de la región zuliana. Las fotografías publicadas sobre esa situación muestran la desidia existente al respecto y el nulo respeto a la mínima dignidad humana que deben tener los detenidos , así se trate de delincuentes. Cualquiera puede caer en esa desgracia hasta por una denuncia relativa a un delito menor. Allí están mezclados delincuentes de alta peligrosidad con gente que por primera vez son detenidos.

Dado el hacinamiento y a las condiciones antihigiénicas en estos retenes hay brotes de escabiosis( sarna). El baño diario no existe y los presos, como también vimos en la llamada cuarta República, improvisan hamacas y chinchorros con sus propias ropas, tal y como lo describe el trabajo de María José Parra. Para colmo las visitas familiares duran máximo diez minutos.

Muchos se preguntan para qué escribir sobre una realidad que ya la gente conoce. Bueno. Para que no se olvide. Para que alguien preste atención a este drama, uno de los muchos que siempre tiene como protagonistas a los sectores más humildes. Y para que quede testimonio de cómo el Estado ha hecho caso omiso de sus obligaciones en este campo. Esto describe además las verrugas de nuestro sistema de justicia. Parra repite un dato que resulta escandaloso. El hacinamiento carcelario es del 660 por ciento y más de treinta mil presos esperan juicio.

La directora de Poliguajira, María Gallardo, entrevistada por la colega Parra, es más que elocuente en su descripción de lo que ocurre. “No contamos con un patio donde puedan recrearse. Yo les llevo juegos de ludo, cartas y libros para que puedan cultivarse … Siento una profunda tristeza por no poder hacer más por ellos. Su condición es deprimente ” . Y la verdad es que los directores de estos retenes policiales cargan con una responsabilidad que no es de ellos sino de los tribunales, por el retardo procesal, y por la negligencia de las autoridades penitenciarias a nivel nacional.

El artículo 272 de la constitución los pone en evidencia. No se cumple para nada el postulado de un sistema penitenciario que asegure la rehabilitación de los internos y el respeto a sus derechos humanos. No olvidemos que las cárceles son el mejor retrato de un país.

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