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Jesús Castillo: El docente comunicativo

Mucha satisfacción me dio la disertación del colega Robert Melchor para defender su tesis “La Escuela como comunidad de comunicación: claves para la transformación del proceso educativo venezolano” a fin de optar al título de Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Latinoamericana y del Caribe (ULAC). El apreciado amigo inició la problematización de su estudio con la crisis educativa que produjo el modelo eurocentrista desde 1870, basado en la obligatoriedad de la enseñanza en el plano formal, pero que en la práctica no se concretó al excluir a un gran segmento de la población y no estar en sintonía con el contexto real del país.

Esa crisis empuja una nueva visión a partir de 1920 enmarcada en las denominadas Ciencias de la Educación que enfatizó la sistematización del conocimiento, la atención hacia el niño, la formación integral del estudiante, la disciplina investigativa, entre otros. Sin embargo, la educación siguió siendo de élites, enmarcada en una visión positivista de la ciencia. Es a partir de 1970, con los postulados del maestro Prieto Figueroa que adopta la concepción del Estado Docente y comienza el proceso de rescolarización de la sociedad venezolana, mediante la masificación educativa.

En la década de los 80 se retoma la necesidad de involucrar a la familia en el proceso de enseñanza y aprendizaje, enfatizando una educación en valores. Sin embargo, se encapsuló una enseñanza importada en el modelo capitalista, dependiendo de los gobiernos sucesivos. A juicio del autor, esta visión implicó la consolidación de una hegemonía escolar, basada en el predominio del docente sobre el estudiante, lo que redundó en una educación impuesta y en un discente acrítico y poco participativo, es decir, un esquema formativo para la empleabilidad del sujeto.

Ante esta evidente crisis se impone la necesidad de una educación que piense en el ser, que sirva para interpelar el propio proceso formativo. La necesidad de configurar un docente para la vida y que piense en la alteridad, vale decir, en el otro. Un proceso de enseñanza que se oriente hacia la libertad del ser y vea a la escuela como un espacio necesario para la comunidad. Por ello, el colega Melchor prefiere hablar de una educación identificada con el ser y la comunidad donde se desenvuelve. Para ello se sustenta en los postulados de Simón Rodríguez, Paulo Freire, Jurgen Habermas y Dussel, promoviendo una convivencia de actores mediante el nexo cultural y didáctico para fortalecer la esencia dialógica de la comunidad.

Es por ello que prefiere enfatizar en varias categorías tales como el docente comunicativo, la comunidad aúlica, la dialogicidad aúlica y la comunicación transformadora. Con ellas se propone establecer un constructo para redimensionar la educación como un espacio que trastoca la forma de interacción de las propias comunidades, mediante un lenguaje permanente y enriquecedor. Desde esta perspectiva, el docente comunicativo es aquel que se preocupa por la realidad emergente y sus alumnos. Es ampliamente democrático, trabaja en equipo, investiga permanentemente, dialoga y no castiga, planifica y se dedica a innovar en su proceso formativo.

Por su parte, la comunidad aúlica la representa como un aula grande, donde la comunidad se hace copartícipe para favorecer una conciencia en valores e identidad cultural. La dialogicidad aúlica implica el diálogo constante, el pensamiento crítico y reflexivo para liberar al estudiante hacia su propia existencia como ser y parte de una comunidad rica en potencialidades. Por su parte, la comunicación transformadora la asume como la comprensión de la realidad, la convivencia social, el desarrollo de habilidades de comunicación, la motivación de los actores comunitarios para

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