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Sara Montiel conquistó México y Hollywood para triunfar en su España natal

El último cuplé, uno de los sucesos de taquilla más importantes del cine español, la lanzó a la fama y la convirtió en un mito.

 

Sara Montiel, sin duda alguna, fue el último gran mito del cine español. Destaca como la primera actriz de su país en llegar a Hollywood y labrarse una carrera, luego de triunfar rotundamente en México, donde rodó 14 películas en apenas cuatro años, estelarizando con luminarias como Pedro Infante, Arturo de Córdoba, Agustín Lara, María Félix, Katy Jurado y Dolores de Río.

Aquilino José Mata

En la Meca del Cine, a partir de 1954, trabajó de igual a igual con actores de la relevancia de Burt Lancaster, Gary Cooper, Charles Bronson y Vincent Price, entre otros.

Nació en Campo de Criptana el 10 de marzo de 1928, por lo cual estaría celebrando hoy 88 años. Su verdadero nombre era María Antonia Abad y formaba parte de una familia humilde. Su proverbial belleza y su inclinación artística llamaron inmediatamente la atención. Todavía adolescente, sus primeras incursiones cinematográficas serían en papeles secundarios, hasta que en la década de los 50 comenzaría a adquirir peso propio, ya reconocida por el seudónimo de Sara Montiel. Locura de amor, estrenada en 1948, fue la primera cinta en la que pisó fuerte.

En 1954, y gracias a interpretaciones como Piel Canela y Cárcel de mujeres, sus últimos dos filmes de su etapa mexicana, es convocada por Hollywood. Allí se casa posteriormente con el director de cine Anthony Mann.

Un inesperado triunfo

En 1957, y sin tanta expectativa, hace un paréntesis en Hollywood y viaja a su natal España para filmar El último cuplé, película que había aceptado hacer para no desairar a su realizador, Juan de Orduña, uno de sus mentores durante sus inicios en el séptimo arte, quien ya le había ofrecido el mismo papel a Imperio Argentina, Conchita Piquer y Juanita Reina, pero ninguna lo aceptó. A pesar de su buena disposición, Sara no confiaba en el resultado que luego tuvo la película cuando se estrenó. La prueba es que se volvió a Estados Unidos y ni siquiera quiso regresar el día del estreno.

Para ella resultó un inesperado triunfo, no solamente como actriz, sino también en la faceta de cantante. Asumió el reto de grabar una selección de cuplés, que sonaron en la banda sonora y contribuyeron en gran medida al éxito del filme. Cautivó con su muy peculiar estilo vocal, de tonos graves y limitada tesitura. Dotó de sensualidad aquel repertorio de los años 20, que en la segunda mitad de la década de los 50 estaba prácticamente olvidado.

Sobra decir que El último cuplé ha sido uno de los sucesos de taquilla más importantes del cine español, el mismo que catapultaría a esta artista a la fama definitiva como una enorme estrella. Hizo de España su residencia a partir de entonces y su filmografía alcanzó más de 50 películas.

Hacia finales de la década de los 70, decide abandonar su carrera de actriz y dedicarse de lleno a la música, protagonizando shows de cabaret y espectáculos de revista, al igual que incontables giras internacionales, en donde Venezuela formaba parte de su itinerario obligado.

Amores públicos

Su vida amorosa la contó ella misma en las revistas del corazón y en un par de libros autobiográficos, entre confidencias que ocurrieron y evidentes fantasías, como cuando aseguró haber sido amante del premio Nobel de Medicina Severo Ochoa. De su pasado amatorio escamoteó detalles importantes de su relación con el secretario del Partido Comunista Español, Juan Plaza, exiliado en México, que estuvo a punto de matarla, pistola en mano, según contaba Enrique Herreros, hijo del descubridor de la estrella.

A los 17 años conoció al comediógrafo Miguel Mihura, con quien tuvo, según revelaba con desparpajo, sus primeras experiencias sexuales. Con el director Anthony Mann acabó casándose “in articulo mortis”, y luego, ya recuperado él de una grave enfermedad pulmonar, en una ceremonia civil. Su segundo matrimonio fue en Roma, por la Iglesia, con un economista vasco, José Vicente Ramírez Olaya, del que se separó asegurando que la había “medio arruinado”, quedándose con parte de sus ganancias. El amante más intenso que tuvo sería el francés Maurice Ronet, su pareja en varias películas (Carmen la de Ronda, Mi último tango, Noches de Casablanca), al que sustituyó en su corazón con otro de sus galanes en la pantalla, el italiano Giancarlo del Duca.

Del empresario Pepe Tous, el tercero de sus maridos, de quien enviudó, decía que fue el hombre que más quiso. Y ya en su época de decadencia artística y física contrajo su cuarto desposorio con un cubano, boda que nadie comprendió, pues todo el mundo -menos Sara- decía que era gay. Ella misma confesó su tremendo error, divorciándose poco tiempo después.

Fallecida de causas naturales a los 85 años -el 8 de abril de 2013- desde fines de 2016 se le recuerda en la obra teatral Una noche con Sara, que la actriz Eva Manjón estrenó en el teatro Rialto de la Gran Vía madrileña, el mismo donde se estrenó y permaneció durante más de un año en cartelera, El último cuplé, la película que la convirtió en el último gran mito del cine español.

 

 

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