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Gloria Cuenca: A propósito del desastre

Vivimos en el caos. De desastre en desastre -como he narrado-; es una de las épocas más difíciles que se recuerden en nuestra historia. Con 76 años a cuestas -demasiados para aguantar el “barranco”-, si no se sufriera tanto, no querría estar en otro lugar. Convencida del futuro maravilloso que se aproxima a Venezuela una vez que se recupere la democracia. Habrá esperanza para el retorno de los que se han ido y los que están dispuestos a irse. Con el tiempo recordarán los 18 años; no como los 27 de la dictadura de Gómez, menos los 10 de Pérez Jiménez. Este “proceso revolucionario” fue diferente al comienzo de los empeñados en instalar el comunismo, ruso o cubano. Recuerda el proceso chino. Sabía Mao que la gente ni quiere ni acepta el comunismo. Por eso ocultan su ideología (cuando invadieron los japoneses, pactó con Chian Chai Check para defenderse). Al tomar el poder, Mao planteó la necesidad de un Frente Amplio y la Tesis de la Nueva Democracia. No quería -el gran timonel- que se dijera que se instalaría un régimen comunista. En un principio habló de la necesidad de democratizar al país. El triunfo había sido el 1° de octubre de 1949. En 1953 Stalin, el 5 de marzo, falleció de una embolia. En 1956, Mao invitado al XX Congreso del Pcus, en Moscú, se horrorizó al escuchar lo que dijeron los nuevos líderes de la Urss. Nikita Kruschev comenzó el “deshielo”. Mao se convenció: empezaba el desmontaje del estalinismo. Preparó su estrategia de inmediato, con la finalidad de instaurar el comunismo en China. Llamado marxismo-leninismo-pensamiento-Mao-Zedong. Comenzó la historia de las comunas, proclamó el Gran Salto adelante, decretó que se privilegiaría la industria pesada sobre la ligera, mandó a derretir instrumentos, objetos y demás corotos de hierro. Al menos las grandes masas cumplieron con los postulados -así fuera por la fuerza-, y todo fracasó. Se produjo una hambruna, que ocultaron y muchos chinos se volvieron antropófagos. Cuando Mao vio el desastre -como ahora conocemos-, se enfureció. En lugar de rectificar, ¿qué hizo? Decretó la Revolución Cultural y la política de 100 flores, para descubrir a los que estaban contra él. Produjo entre 50 y 60 millones de muertos. Otra hambruna. Este horror duró 10 años, desde 1966 hasta su muerte, en 1976. Cualquier semejanza con la realidad no es casualidad, es el mismo modelo.

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