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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Los bemoles de los CLAP (13-03-2017)

Esto de los CLAP tiene sus bemoles. Nosotros no somos dados al ditirambo ni al discurso repetitivamente laudatorio, pero se debe aceptar que es importante lo que se ha logrado hasta ahora con este programa, sobre todo en lo atinente a aliviar, aunque sea parcialmente, el problema del desabastecimiento de alimentos. Por supuesto, todo ello se ha hecho con dificultades y fallas, lo cual es natural en una iniciativa tan amplia y que apenas lleva un año instrumentándose.

Una cosa importante es que el presidente Maduro y su Gobierno han asumido los CLAP como un proyecto de lago aliento. En su programa dominical de ayer, el Presidente hizo varios anuncios en ese sentido. Se habilitará 4.000 mil sedes de CLAP Textil, con una inversión de 9.787 millones 250 mil bolívares para la elaboración de kits escolares.

Igualmente anunció el Presidente que “Vamos a aplicarle a los especuladores la fórmula CLAP para que le lleguen los productos CLAP de higiene y limpieza a toda Venezuela. Vamos a darles una lección a los especuladores y ladrones”. Y además: “Activaremos el CLAP Maternal para atender a madres con sus niños recién nacidos hasta los 24 meses por lo menos”.

Por otra parte, en el mismo programa más de 100 panaderías recibieron insumos para dirigir su producción a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. Para este nuevo plan, el ejecutivo aprobó 5.000 millones de bolívares destinados a la producción y a la distribución en las panaderías de Caracas.

Los CLAP son ya parte de la vida y la temática de los venezolanos de a pie, están incorporados a la cotidianidad familiar, lo cual es de por sí un importante logro. Pasa incluso con familias de clase media, que están siendo beneficiadas.

No obstante todo lo dicho, los CLAP no terminan de ganarse la confianza y la credibilidad de la mayoría de los venezolanos. Esto se ve en la encuesta de Hinterlaces comunicada ayer en el programa de José Vicente Rangel, que parece tener base cierta, tomando en cuenta lo que se escucha en las calles y en distintas comunidades. Según ese estudio, el 58% de los venezolanos está de acuerdo “con la entrega de bolsas CLAP” y solo el 39% en desacuerdo. Igualmente el 53% de los encuestados afirma haberse beneficiado con los CLAP en lo que va de 2017. Pero en otro ítem del estudio, el 71% dice pensar que los CLAP son poco o nada efectivos “para resolver los problemas de desabastecimiento de alimentos”. Parecieran números contradictorios, pero no lo son, veamos por qué.

Los venezolanos de la era chavista han desarrollado el pensamiento complejo, que no juzga las cosas en blanco y negro, sino que las aborda buscándole distintas aristas. Por supuesto, a menudo el ciudadano es manipulado y no entiende algunas cosas que forman parte de la realidad. Pero en general, esto no suele ser culpa de quien no entiende, sino de quien no se explica.

Hay algo que dijo el derechista presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, que nos aporta una importante clave: “Hacen negocios con el hambre del pueblo, mientras condenan a nuestras familias venezolanas a depender de una bolsa de comida”. Esta frase nos devela un primer problema: se ha impuesto la idea de que los CLAP no son más que la repartidera de bolsas de comida. Si esto se asume así, claro que hay sobradas razones para pensar que no serían efectivos para resolver el desabastecimiento.

Con los CLAP pasa algo parecido a lo que ocurrió con el tema de la agricultura urbana. Mucha bulla, copiosa propaganda y poca aclaratoria del verdadero carácter de la iniciativa. Mucha gente entendió que estábamos planteando que la agricultura urbana era la solución a la producción de alimentos en el país, cuando en realidad es, en la experiencia mundial y hasta ahora, solo una actividad complementaria -de gran relevancia sociocultural, sin duda- de la agricultura extensiva, que es la solución agrícola principal en el mundo moderno. Finalmente a la agricultura urbana se le dio el tratamiento comunicacional que se le da a las cosas que no pasan de ser una especie de moda, aunque nuestro Gobierno le dio tanta importancia que hasta creó un ministerio para que se ocupe de ello.

En el caso de los CLAP, nosotros mismos los hemos vinculado desde un principio al reparto de bolsas, comunicando poco o mal otros atributos de mayor importancia estratégica. Esto se detecta en el hecho de que un trabajador del MIPPCI nos envió una comunicación donde define a los CLAP como “Comités Locales de Abastecimiento”, obviando las palabras “y Producción”, amputando así un aspecto fundamental del proyecto. También se ha descuidado la comunicación de otro asunto trascendental de los CLAP, que es su carácter organizador y empoderador del pueblo.

De manera que estamos todos en el deber de acompañar mejor esta propuesta de nuestro Gobierno, redimensionando la difusión de los aspectos que hemos señalado. Ayer Freddy Bernal, director y principal vocero de los CLAP, lo dijo con claridad: la meta es que los propios comités puedan elaborar sus productos: “El país podemos abastecerlo en maíz blanco, maíz amarillo, sorgo, leche, carne, huevo… Para ello, hemos dado un impulso para que cada CLAP tenga, por lo menos, un proyecto productivo. El Presidente ha dado la orden de que cada CLAP en el primer semestre de este año, debe tener un proyecto productivo”. Como siempre, recomendamos en la comunicación menos alharaca triunfalista y meramente propagandística, y mayor capacidad para que el pueblo entienda e internalice con más profundidad lo bueno que estamos haciendo.

Hay otras matrices sobre los CLAP que la derecha ha venido imponiendo de a poco y que se vinculan a situaciones puntuales reales que ellos aprovechan para generalizarlas y “embarrar” todo lo que ejecutamos. El mismo Julio Borges declaró ayer que los CLAP son “una herramienta de control político que ha servido para enriquecer a unos cuantos en el Gobierno y que no soluciona el problema del hambre que hay en el país… lo que está es el negocio de la importación de productos con dólares baratos… En los CLAP hay corrupción en la compra de los productos importados con dólares a diez bolívares, en el transporte de los mismos, en su distribución y luego en la reventa. No son una solución al hambre, es un instrumento para el enriquecimiento de unos pocos dentro del oficialismo”. Es cierto que algo de esto ha ocurrido, aunque no se puede decir que sea la norma. Conocemos casos concretos, si bien no podemos decir que hay corrupción abierta, aunque sí tenemos sospechas, en los que funcionarios del partido y del Gobierno han manipulado a consejos comunales y a ciudadanos para. Qué colonizar los CLAP y beneficiarse preferentemente ellos mismos y a su entorno bueno sería ver a unos cuantos de estos sinvergüenzas con los ganchos puestos y expuestos al escarnio público. Lo que pasa es que algunos están bien conectados con factores de poder, por lo que no son fáciles de detectar y de atrapar. Como dice el viejo adagio, la mujer del César no solo debe ser honesta, sino además parecerlo. La percepción es tan o más importante que la realidad. En fin, feliz cumpleaños a este buen muchacho, y esperemos que vaya solucionando sus problemas de crecimiento.

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