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Vladimir Villegas: Serenata encadenada

Es viernes y, como lo hemos programado, queremos tener un programa distinto al que hacemos en Vladimir a la 1 de lunes a jueves. Se trata de obsequiar a nuestra audiencia con grupos o individuos  que nos  saquen de la rutinaria agenda política, ya de por sí intensa y, al igual que la realidad del país, bastante complicada. Nuestros invitados, los integrantes de Serenata Guayanesa, una agrupación que sin duda es uno de los principales baluartes de los diversos y pegajosos géneros musicales que identifican la venezolanidad.

El escenario está servido para iniciar el programa. Sonido afinado, los músicos y el conductor del espacio estamos listos para arrancar una hora de buena vibra, como se dice ahora. Todo el mundo en el estudio de  Globovisión listo  para recibir a Iván y César Pérez Rossi, Miguel Ángel Bosch  y Mauricio Castro  Rodríguez, integrantes de este cuarteto nacido a inicios de los años setenta.  Arranca Vladimir a la una. Ya las redes están repletas de mensajes y saludos para ellos, y de peticiones de canciones que forman parte de su rico repertorio. Y, oh sorpresa!, una cadena presidencial, una de las tantas de los últimos tiempos, interrumpe lo que prometía ser un rato agradable. Relajante.

No nos quedó más remedio que grabar el programa y esperar que sea transmitido el próximo viernes. Pero nunca es igual un espacio grabado que uno en vivo y en directo.  Ojalá otra cadena no nos vuelva a enfriar el guarapo.

Las transmisiones conjuntas, llamadas cadenas en nuestro país, son una facultad del gobierno, nadie lo niega. Y su uso debería  condicionado a situaciones de real urgencia, importancia y trascendencia. Lamentablemente se ha hecho una tradición que el gobierno encadene por cualquier actividad, por no decir por cualquier pendejada, para no  incurrir en la ligereza de incluir en esa categoría a todos los eventos que son transmitidos en cadena obligatoria  de radio y televisión. No hay criterio en quienes toman la decisión para distinguir lo que amerita encadenar a todo el espectro radioeléctrico de lo que tendría que ser cubierto solo por los medios del Estado.

El país, señor Presidente, está harto de muchas situaciones como la inseguridad, la inflación, la escasez de medicinas y de alimentos, las carencias del sistema de salud y   el deterioro de la calidad de vida,  pero le aseguro que las cadenas son de las cosas que más fastidian al venezolano hoy. ¿No ha ordenado usted un estudio para determinar la sintonía de sus cadenas? ¿Alguien le habrá dicho que todo el país se queda pegado cada vez que aparece la musiquita característica que anuncia la transmisión conjunta? ¿O hay algún estudio que le indique seriamente que los índices de apoyo a su gobierno aumentan significativamente cuando se interrumpe la programación para obligarnos a ver y escuchar desde lo que puede ser muy importante hasta lo que muchas veces resulta una verdadera pérdida de tiempo y recursos públicos?

La frecuencia, la duración y la pertinencia de una cadena presidencial no deberían ser asuntos para ser despachados a la ligera. Puede ocurrir, como  seguramente ya está ocurriendo, que una transmisión conjunta sea realmente del más alto interés nacional y no un mitin para correligionarios, y que por el uso abusivo de ese recurso la audiencia se espante, prefiera  irse a los canales de transmisión por cable, y si no cuenta con esa opción, apagar los televisores y las radios o refugiarse en los celulares y otros dispositivos electrónicos.

Nada atrae más que la noticia y nada aburre más que un discurso repetitivo  y sin conexión con los deseos, aspiraciones e intereses de la ciudadanía. Si la gente capta que lo que viene después de la señal de cadena nacional es más de lo mismo, pues no habrá manera de que la audiencia se quede pegada a la radio o al televisor. Brevedad, oportunidad y pertinencia son la clave de un mensaje efectivo. Y el gobierno se empeña en hacer todo lo contrario y cada vez más seguido.

Seguramente, señor Presidente, usted y sus allegados creen  es un asunto suyo y de su administración N o le discutiría ese argumento salvo por el hecho de que cada vez que se ordena una cadena nacional  se coarta el derecho que tenemos todos los venezolanos a ver y escuchar lo que nos plazca. Sólo materias de real importancia deberían ser motivo para interrumpir la programación rutinaria de los medios audiovisuales. Y los venezolanos saben distinguir lo que es importante de lo que no lo es. No le quepa duda de eso.

Ni en el amor ni en los asuntos comunicacionales nada obligado funciona. Estoy seguro de que usted mismo preferiría ver y escuchar a Serenata Guayanesa que muchas de sus propias cadenas. Fuerte contra locha a que no estoy equivocado

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