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Pedro Borgo: “No quiero perder la oportunidad de equivocarme”

 

Los artistas tienen fama de bohemios y de no saber de reglas protocolares. Pero él es muy exigente con todo lo que se relaciona con su trabajo y eso implica la puntualidad. No importa que viva en San Antonio de los Altos, Pedro Borgo ha aprendido a manejar el tiempo en una ciudad como Caracas y llega a la ahora acordada a la cita.

YENILY ALMEIDA ROCA / yalmeida@el-nacional.com

El director de teatro habla con pasión de lo que hace. Una pasión que quizás es propia de sus 25 años de edad, pero que ya ha visto recompensada con el Premio Marco Antonio Ettedgui y el primer lugar de la segunda edición del Festival Jóvenes Directores del Trasnocho Cultural.

Héctor Manrique y el Grupo Actoral 80 fueron los que le abrieron las puertas a un mundo desconocido que lo conquistó desde la primera página del guion.

–¿Cómo fue su acercamiento al teatro? –Fue mi hermana la que me arrastró a ver Acto cultural del Grupo Actoral 80, en el Festival Internacional de Teatro de 2012. Era la primera obra de teatro a la que asistía en mis 20 años de vida. La vi en la Sala Plural del Trasnocho y para mí fue como estar en Dineylandia sobre una montaña rusa de emociones.

–¿Cómo pasó de ser parte del público a trabajar en el teatro? –Después de ver Acto cultural pensé en hacer un taller con el GA80. En febrero de 2013 envié mi solicitud para el de actuación y cuando lo estaba haciendo comenzó el proceso de remontaje de El día que me quieras. Me acerqué a Héctor Manrique y me ofrecí para ayudar, así fuera cargar cables o pintar escenografía. Melissa Wolf era la encargada del montaje y Héctor me dijo que hablara con ella. Me dijo que sí, porque necesitaban alguien de escena que moviera dos sillas.

–¿Cuáles son las historias que le interesa contar? –Me interesa hablar de la sociedad. Desde el inicio, Héctor me dijo que cuando uno se para en un escenario es importante comunicar algo y tratar de responder las interrogantes que uno tiene. Y las dos más grandes que tengo en este momento son determinar qué somos como país y cómo llegamos al limbo en el que estamos. Pero en el fondo no quiero responderlas, pues eso significa que puedo seguir indagando y haciendo más teatro.

–¿Cuáles son sus re ferentes nacionales e internacionales? –De los nacionales, pues los trabajos que he visto de Manrique a nivel actoral y de dirección. También me interesa lo que hace Orlando Arocha y la Caja de Fósforos. En cuanto a los internacionales, el que me viene a la cabeza es Arístides Vargas, un argentino exiliado que tiene muchos años en Ecuador, que habla de las dictaduras y los regímenes totalitarios.

–¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con Manrique? –Él me ha enseñado el quehacer teatral, el oficio… Pero, sobre todo, dos aspectos fundamentales: primero, que el rigor y la entrega es nuestra herramienta fundamental para construir un trabajo de calidad; y, segundo, que la creación es un acto de voluntad. A pesar de la situación del país hay mucha voluntad de hacer.

–¿Se siente más cómodo como director o actor? –Me gustan las dos. El trabajo del actor es más rudo porque te enfrenta a esa quimera que es el público.

–¿Cuál es su diagnóstico del teatro actual? –Me parece que es una labor titánica hacer teatro en las condiciones actuales del país.

Sin embargo, hasta cierto punto me gusta que las dificultades nos motiven a resolver con lo que tenemos, pues así surge el verdadero genio creador que tratará de construir un castillo con dos hojas de papel y un marcador. Una de las obras que más me ha gustado es El niño y la luna juegan un juego que nadie ve, una obra que presentó el teatro La Bacante que es maravillosa porque no tiene nada y puedes ver un mundo distinto. A pesar de la situación, la gente no va a parar de hacer teatro.

–¿Con quién le gustaría trabajar? –Con Diana Peñalver y con el teatro La Bacante. Ellos trabajan el teatro clásico, del cual no sé tanto. Y como nos recuerda siempre Xiomara Moreno en la universidad que le decía Cabrujas: “Uno tiene que trabajar en algo que no conoce para aprender algo”.

–¿Cuáles son sus próximos planes? –Seguir en teatro. Creo que me falta muchísimo por aprender, por equivocarme y no quiero perder nunca esa oportunidad. Eso es lo que quiero: aprender lo que pueda.

–Desde su perspectiva, ¿se puede vivir del teatro en Venezuela? –Yo creo que sí. Hay mucha gente que vive de hacer teatro.

Es complicado el tema económico en cualquier profesión.

Hay gente que lo logra, pero hay que echarle un camión. A mí no me interesa hacer otra cosa. No quiero tener un trabajo para un quince y un último y hacer teatro los fines de semana.

Dirigir para entender al país

Pedro Borgo tiene 25 años de edad y estudia Artes en la Universidad Central de Venezuela.

Nació el 9 de diciembre de 1991 en Caracas. Lleva 4 años enamorado del teatro y hoy, con dos premios a cuestas, confiesa que aún le falta equivocarse más porque así es como se aprende.

Desde que vio Acto cultural, en 2012, nadie lo ha podido separar de las tablas.

Disfruta la dirección y respeta la actuación. No descarta movilizarse de un área a otra porque su objetivo último es enriquecerse como profesional.

Su familia lo ha apoyado durante todo el proceso. Ganó con La escala humana la segunda edición Festival de Jóvenes Directores del Trasnocho, un premio que entonces compartió con Fernando Azpúrua. Ahora está detrás del telón cuando Héctor Manrique se viste del psiquiatra Edmundo Chirinos para protagonizar Sangre en el diván y dirige también la obra Los ciegos de Maurice Maeterlinck en la Sala Rajatabla.

 

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