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Teófilo Santaella: De la clínica a la computadora

 

He aquí la triste historia:

A una de mis hijas se le perdió la cédula de identidad. Siguiendo las nuevas normas o leyes, tuvo que ir a poner la denuncia en módulo de la policía. Dos días después la acompañé a las oficinas del SAIME, ubicadas en Puerto Ordaz, estado Bolívar, con el objetivo de sacar su nueva cédula. Después de estar casi medio día parada en una cola, soportando cualquier tipo de molestias que se presentan en ese bululú, característico de nuevos tiempos, llegó a la casilla que le correspondió para tal efecto. ¿Saben qué? No duró ni tres minutos para que abandonara la silla, donde una funcionaria la atendía. Me sorprendí. Me dije para mis adentros: “¡Que eficiencia!, Dios mío. Jamás había visto algo así en mi país. Esa es mi revolución y después se quejan los escuálidos”.

Lo bueno o lo malo, o lo peor estaba por venir. Mi hija salió del recinto con cara de pocos amigos, o amigas, en este caso. ¿Qué pasó, hija, y esa cara?” Respondió: “pasó que no pude sacar la bendita cédula, dizque porque está en tránsito la solicitud de mi pasaporte, y no puede haber dos solicitudes al mismo tiempo en el sistema, me dijo la funcionaria… Pero lo mejor fue la respuesta que me dio, la eficientísima funcionaria, cuando le dije que cómo podía esperar tres meses para recibir mi pasaporte, para luego tramitar la cédula de identidad. Quedaría maniatada. Sin poder mover un céntimo del banco o hacer cualquiera otra diligencia donde se requiera la cédula. Y muy cara dura, me dijo: “Lo siento, ese no es mi problema”.

La alternativa: cancelar 67 mil bolívares y en tres días entregan el pasaporte. (Si no hay que esperar tres meses). Y luego, se procede a sacar la cédula. Mientras tanto, mi hija se jode. La solución es esa: “Pague 67 mil bolívares, y en tres días le entregamos su pasaporte, si no espera tres meses”. Yo intenté entrar, medio cayéndome y todo, con el bastón sin poder darme equilibro. Mi hija me paró en seco: “Tú estas enfermo. No estás en condiciones de coger rabia. Vámonos a casa”. No llegué al estacionamiento. Casi me desmayo. Sudaba copiosamente. Mi hija optó por llevarme a la clínica más cercana. Allí me controlaron la tensión, y un sangrado por la nariz. Los funcionarios nunca se dieron de cuenta de lo que nos aconteció, después de la desconsiderada atención para quienes son contribuyentes al fisco, como lo es mi hija, y, por demás, chavista, como lo soy yo.

Jamás, mis ojos habían visto tan semejante servicio público. Jamás había presenciado tanta indolencia hacia una mujer, que al solicitar una piche cédula, se la niegan porque dizque está en tránsito su solicitud de un pasaporte. Pregunto: ¿no se violan los derechos constitucionales de una persona, cuando se le obliga a andar sin el documento que la identifica como tal. Es decir, como una ciudadana venezolana? ¿Máximo cuando acude a una oficina pública encargada de expedir tal documento? ¿Qué está pasando en este país? ¿Qué pasa en su país Presidente Maduro, cuando presenciamos y somos víctimas, además, de estos desafueros?

Agregado:

Esta queja es posible gracias a Aporrea. Porque si acudo a Últimas Noticias, no pasa. Si intento hacerlo en El Correo del Orinoco, tampoco. En CC Caracas, ni pensarlo. Si voy a VEA, menos. Sólo es posible en Aporrea.

 

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