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Análisis: Los cuatro retos de Europa

Neerlandeses durante una protesta contra las declaraciones antimigrantes del político Geert Wilders Credit Muhammed Muheisen/Associated Press

El riesgo de la desintegración europea parece mucho más real. Distintas crisis están convergiendo, y todas ellas son síntoma y causa de problemas más graves en el continente.

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El Reino Unido dio un paso al frente para dejar la Unión Europea y Escocia lo hizo para reclamar su independencia. Se prevé que la extrema derecha obtenga buenos resultados en las elecciones neerlandesas. Además, un creciente conflicto entre los gobiernos de Turquía y los Países Bajos pone de manifiesto tanto las dificultades para mantener unida a Europa como las fuerzas que podrían separarla.

Por sí solos, este tipo de conflictos no serían suficientes para hacer astillas al continente, el cual ha superado situaciones peores. No obstante, las dificultades actuales son el reflejo de fuerzas más poderosas que, ante la aparición de más crisis como estas, sí podrían hacerlo. Lo que ocurra en marzo, por lo tanto, supone una prueba sobre si Europa puede mantener el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial.

¿Cuáles son las principales crisis y por qué son relevantes?

La extrema derecha en los Países Bajos

Se espera que el Partido por la Libertad, de extrema derecha, obtenga buenos resultados en la elección legislativa neerlandesa. Hoy este partido tiene 15 escaños de los 150 que hay en el parlamento. Las encuestas sugieren que ganará cinco más, lo que lo convertiría en el primer o el segundo partido más grande del país.

El Partido por la Libertad es liderado por Geert Wilders, un agitador populista conocido por sus posturas extremas contra el islam. Parece poco probable que él o su partido terminen dirigiendo los Países Bajos. Necesitaría 76 escaños para conformar la mayoría en el gobierno y el sistema multipartidista permite que los principales partidos conformen fácilmente una coalición sin él.

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 Geert Wilders, el líder de ultraderecha neerlandés, durante un acto de campaña en Valkenburg Credit Muhammed Muheisen/Associated Press

Sin embargo, esta elección es una prueba para saber si Europa, que también tendrá elecciones importantes en Francia y Alemania este año, puede manejar los movimientos populistas que están en auge.

Incluso si no llegan a gobernar directamente, los partidos de extrema derecha pueden ejercer presión. Las demás fuerzas políticas pueden sentirse obligadas a incorporar posturas populistas. Al mismo tiempo, mantener a la extrema derecha lejos del poder implica el riesgo de exacerbar las reacciones populistas, ya que los votantes están cada vez más convencidos de que los partidos en el poder conspiran para socavar la voluntad popular.

De esta manera, la prueba real no está en el día de las elecciones, sino en la manera en la que los principales actores se desempeñen durante los próximos años con una mayoría menos numerosa y una extrema derecha envalentonada.

En resumen: la extrema derecha posiblemente no tomará el poder, pero habrá más presión para buscar políticas populistas, como la persecución de inmigrantes o la debilitación de la integración europea, que podrían minar el orden de posguerra en Europa.

Turquía y Europa en desacuerdo

La disputa cada vez más exacerbada entre los gobiernos de Turquía y Europa es la prueba de fuego.

Las autoridades turcas están recorriendo Europa para organizar mítines en los que animan a los exiliados turcos a votar en apoyo a un referendo que se llevará a cabo en abril y que daría una nueva constitución a Turquía, y ampliaría el poder del presidente Recep Tayyip Erdogan. Sin embargo, Alemania y los Países Bajos han bloqueado estos mítines. En los Países Bajos se ha prohibido al ministro turco de Relaciones Exteriores pisar el país y su familia fue expulsada, en ambos casos para evitar que asistieran a actos en favor del referendo.

Erdogan respondió acusando a los alemanes y neerlandeses de nazismo.

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 Una protesta afuera del consulado neerlandés en Estambul el 12 de marzo Credit Emrah Gurel/Associated Press

El conflicto beneficia los intereses políticos tanto de los líderes turcos como neerlandeses. A Erdogan le permite hacer gala de que desafía a Europa y alentar a los nacionalistas en casa. Las encuestas prevén un resultado apretado en el referendo, así que necesita todos los votos posibles. Mark Rutte, el primer ministro neerlandés, igualmente gana respaldo entre quienes no creen en Erdogan. Sin embargo, Wilders también ha aprovechado la crisis para describir a la minoría turca del país como extranjeros hostiles.

Puesto que los gobiernos de ambos bandos están impulsados principalmente por políticas electorales internas, quizá decidan, después de sus respectivas votaciones, que les conviene limar asperezas.

O quizá no. El gobierno neerlandés probablemente emerja bajo la presión de una extrema derecha con más influencia. Por su lado, aunque su referendo se apruebe y consolide su poder alejado de las instituciones democráticas, Erdogan podría seguir sintiéndose inseguro. Así que ambos podrían reaccionar cayendo en más disputas de este tipo. En cada enfrentamiento, podrían despertar más ira pública en contra del otro, lo que dificultaría aún más que cualquier bando dé marcha atrás.

En este sentido, el incidente no es tanto un peligro en sí, como una prueba sobre si Europa y Turquía pueden seguir manteniendo buenas relaciones.

En resumen: A Turquía y a Europa les interesa mantener buenas relaciones; sin embargo, las presiones políticas podrían crecer con el tiempo hasta que se dé una ruptura que no conviene a nadie.

El brexit, más cercano

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 Durante una protesta el 13 de marzo afuera del parlamento británico, cientos de personas pidieron que los ciudadanos de la Unión Europea puedan seguir viviendo en el país tras el “brexit”. Credit Andy Rain/European Pressphoto Agency

El parlamento británico aprobó la legislación que permite a la primera ministra Theresa May aplicar formalmente el Artículo 50 del tratado con la Unión Europea, el cual establece la manera en que un estado miembro abandona la unión.

Esta legislación está relacionada sobre todo con el procedimiento. El debate se ha concentrado principalmente en cómo sacar al Reino Unido de la Unión Europea —el papel que tiene el parlamento en las negociaciones, por ejemplo, y si los ciudadanos de la Unión Europea conservarán algunos derechos—, más que en si la salida se llevará a cabo o no. Los líderes británicos siguen firmes en su decisión de dejar el bloque.

La consecuencia más importante es que esto lleva a May un paso más cerca de aplicar el Artículo 50, lo cual prometió hacer para finales de marzo y lo que daría inicio oficialmente el proceso de salida de la Unión Europea. Una vez que se haya convocado, no habrá vuelta atrás. El Reino Unido tendrá dos años para negociar los términos de su salida en temas como tratados comerciales y políticas migratorias.

Si no se llegara a un acuerdo durante este tiempo —lo cual podría ocurrir dada la cantidad de cosas que hay que solucionar— el Reino será sacado sin acuerdo. Nadie sabe con certeza lo que esto significaría. Al Reino Unido le preocupa que todo ocurra de la mejor manera, pero la Unión Europea tiene muchas razones para dificultar el proceso y así disuadir a otros estados europeos de no hacer lo mismo.

En conclusión: El brexit se ve cada vez más seguro, lo cual perjudicaría de manera importante tanto la economía británica como la unidad europea.

Las dudas en Escocia e Irlanda del Norte

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Partidarios de la independencia escocesa durante una manifestación en Glasgow el 13 de marzo Credit Jeff J Mitchell/Getty Images

Nicola Sturgeon, primera ministra escocesa, ha pedido un nuevo referendo de independencia con el objetivo de que Escocia pueda permanecer en la Unión Europea. La votación se llevaría a cabo en la primavera de 2019, mientras el Reino Unido seguramente continuará negociando el brexit.

La declaración de Sturgeon no es vinculante y falta mucho camino por recorrer. No puede llevar a cabo un referendo sin el permiso del gobierno británico y no es seguro que logre conseguirlo.

Los votantes escoceses derrotaron el esfuerzo independentista en el referendo de 2014: 55 por ciento frente a 45 por ciento. Sin embargo, el brexit podría afectar las posturas políticas. La mayoría de los escoceses votaron por quedarse en la Unión Europea en esa consulta, así que el brexit es para muchos evidencia de que los escoceses e ingleses no comparten una visión común sobre el rumbo del país y que la mayoría inglesa continuará imponiendo sus políticas conservadoras a Escocia.

No obstante, las condiciones económicas son menos favorables en caso de que se logre la independencia. Una Escocia independiente dependería en extremo de las exportaciones de petróleo, cuyo precio se ha desplomado desde 2014.

Las recientes elecciones en Irlanda del Norte han llamado menos la atención. Estas trajeron más beneficios a Sinn Fein, un partido nacionalista que ha exigido que la nación se separe del Reino Unido y se vuelva a unir a Irlanda.

El brexit ha implicado una tremenda incertidumbre para los acuerdos de paz con Irlanda del Norte, los cuales dependen de normas flexibles en la frontera irlandesa que quizá no puedan aplicarse después de la salida del bloque europeo. Sinn Fein aún no cuenta con la mayoría parlamentaria, pero su avance es muestra del escepticismo que hay entre los norirlandeses respecto de seguir al Reino Unido tras su salida de la Unión Europea.

En conclusión: El Reino Unido podría desmoronarse, pero es muy pronto para saber si lo hará.

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