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Mil veces usada para cobear: Alcasa, arruinada por la “revolución”

 

Los anuncios de la “V Línea” de 2002 y de “laminar 120 mil toneladas en 2017” quedaron fríos. Solo se producen 18 mil de aluminio primario mientras la paralización es casi total.

Por Damián Prat C. en Tal Cual

Alcasa, la planta pionera del aluminio en Venezuela, en todo 2016 produjo unas míseras 18 mil toneladas de aluminio cuando en sus tiempos normales, antes de la destrucción roja, producía 200 mil toneladas/año, superando incluso su capacidad instalada de 195 mil tons/año.

Para producir aluminio, Alcasa tenía 580 celdas en cuatro líneas. Hoy apenas cuenta con 50 celdas activas entre las líneas III y IV que entre ambas tienen 386. Es decir, tiene 50 funcionando y 336 dañadas.

Las celdas es donde se hace la “reducción electrolítica” que transforma ­electricidad mediante­ la alúmina en aluminio. Alcasa cuenta con dos laminadores, uno “en caliente” llamado el Clesim Cosin para el trabajo grueso y otro para el producto final, en frío, denominado el Davey McKee con capacidad teórica para hasta más de 100 mil toneladas /año del producto en diferentes tipos de lámina delgada enrollada en bobinas de 600 kilos.

Alcasa producía unas 30 mil tons/año de laminados, cuyo valor en el mercado en sensiblemente mejor que el del aluminio primario. La Alcasa conducida por la “robolución” produjo entre 2015 y 2016 ­sumando ambos años­ 9 mil 450 tons. de Laminados. Y en los dos primeros meses de este 2017, sumó… ¡15 toneladas! El precio del aluminio fluctúa ­parecido al del petróleo­ usando como marcador el LME de Londres. En los últimos 14 años ha estado entre 1.800 y 2.600 dólares la tonelada.

La cifra de $ 2 mil quizás sea un promedio correcto.

En algún momento de “picos” llegó a 3 mil y 3 mil 200 dólares la tonelada, pero no es lo más común.

En los años 90 llegó a bajar a 1.400 dólares la tonelada, lo cual supuso una severa crisis en la industria mundial de ese metal.

Aquel período también golpeó a la industria del aluminio en Venezuela y sin embargo, las dos estatales, Venalum y Alcasa, nunca bajaron su producción sumada de unas 630 mil tons/año.

La industria nacional transformadora ­unas 60 empresas medianas y/o grandes en su mayoría de inversión privada­ nunca sufrió por falta de suministros y los mercados compradores del aluminio venezolano en el exterior tuvieron suplidor confiable. Los dólares de esas exportaciones ingresaban a la economía venezolana.

En éstos “tiempos de revolución” la producción de ambas ha caído dramáticamente. En 2015 y 2016, el aluminio sumado de Alcasa y Venalum no llega a 140 mil tons/año.

MENOS PATRIA
La Alcasa de hoy apenas produce aluminio y ­por ende­ apenas lamina el metal. De sus 596 celdas de otrora y de las 380 con las que en teoría cuenta hoy, tras desmantelar en 2010 las Líneas I y II, en 2016 cerró con apenas 50 activas.

La Alcasa de hoy ya no e s un suplidor para la industria nacional transformadora.

Como tampoco lo es Venalum. De las 60 empresas transformadoras establecidas en diversas regiones del país, más de la mitad han cerrado y las demás están reducidas a no mucho más de “modo sobrevivencia”.

Toda esa cadena productiva generadora de varias decenas de miles de empleos productivos ha quedado hecha polvo.

Para inicios del siglo XXI había mucho que mejorar en la industria integrada del aluminio. Más valor agregado, más transformación y más y mejores productos de exportación para traer divisas mientras se creaban buenos empleos y nos hacíamos más independientes.

El “legado” fue justo al contrario: retrocedimos y muy feo. De país autosuficiente y exportador pasamos a ser dependientes, marginalmente productores de aluminio primario, con apenas rasguños de exportación y casi nula transformación nacional en productos finales de aluminio de alto valor agregado.

CUENTOS Y COBAS
A finales de febrero, el repitiente presidente de Alcasa anuncia que “en 2017 Alcasa producirá 120 mil toneladas de laminados”.

“¿Cómo podremos laminar 120 mil toneladas si apenas estamos produciendo 18 mil de aluminio primario”?, nos comentó, en forma de pregunta, un grupo de trabajadores alcasianos de Fundición y Laminación.

Es fácil comprender que solo se puede laminar el aluminio que se ha producido previamente.

“Cerramos 2016 con apenas 50 celdas activas y al culminar febrero seguimos igual”, explican aunque el presidente de la empresa alardea que “hemos incorporado 5 nuevas celdas”. De ser cierto, sería un aumento de… ¡1%!, en capacidad de producción.

Además, en septiembre de 2014, hace 30 meses, Alcasa tenía 68 celdas activas -lo que ya era un desastre-, el 17% de las celdas de sus Líneas III y IV. Hoy está peor: su tope de producción sería 12%.

Un reportaje nuestro en TalCual de finales de 2014 muestra un recuento: “En 2010, Alcasa cayó a poco más de 90 mil tons/año de aluminio líquido. En 2011 el declive se “profundizó” y se produjeron solamente 70 mil, para caer a 56 mil en 2012 y a 43 mil en 2013″.

Como vemos, los “tiempos de revolución” han sido de ruina y caída libre hasta llegar a las 18 mil de 2016…y lo que sigue. Ciertamente, el primer bimestre 2017 de Alcasa es continuación del desastre de 2016. Apenas van, en dos meses, poco más de dos mil toneladas de aluminio primario que era lo que Alcasa lograba en cuatro días antes de la “profundización de la revolución”.

COBAS NUEVAS
Los “anuncios” grandilocuentes pero falaces no son nuevos. En 2011 Chávez aprobó un convenio con la transnacional de China Chalieco para usar (en realidad endeudar más a Venezuela) 403 millones de dólares del Fondo Chino para “reconstruir 100 celdas y hacer una planta extrusora”, es decir, una planta que transformara -según el anuncio complementario del ministro Ricardo Menéndez y del que en pocos meses sería el nuevo presidente de Alcasa, Ángel Marcano-, 40 mil toneladas de aluminio en similar cantidad de perfi les de aluminio para la industria de la construcción.

“Vamos a alcanzar la gloria”, dijo Marcano.

“Ahora seremos una potencia. En 2014 lograremos incorporar 30 celdas por mes. Con la extrusora, Alcasa ganará mucho dinero”. Pero las celdas jamás se reconstruyeron. Solo 4 de las 100 entraron en servicio aunque se gastó un dineral en cascos de celdas compradas a empresas de China, mientras se importaba aluminio desde la “transnacional del imperio” Alcoa.

La extrusora ­subcontratada por los chinos a transnacionales de Francia e Italia­ fue “inaugurada” cinco veces entre 2013 y 2014 para eventos electorales, hasta que entró en servicio pero jamás alcanzó más del 5% de su capacidad. 590 toneladas en 2016 y cero en lo que va de 2017.

A mediados de 2016 Marcano anunció que cerrarían 2017 con 108 celdas activas y el laminador activo con 10 mil toneladas.

Solo se laminaron 4 mil toneladas y con 50 celdas se produjeron 18 mil tons. de aluminio.

Ya no mencionan a la extrusora sino al “nuevo laminador chino” al que bautizaron “Hugo Chávez” y prometen que con él sí se “alcanzará la gloría”.

Atrás, muy atrás en el olvido, quedó la “piedra fundacional” del proyecto V Línea de 2002 con el que Alcasa se modernizaría elevando su capacidad a 450 mil tons/año de aluminio y transformándose en una planta de alta productividad y rentabilidad.

La valla sobre el “peladero” con el rostro de Chávez (que hizo el anuncio y la promesa junto al entonces presidente de CVG, general Rangel Gómez) estuvo allí hasta 2010 cuando el óxido la hizo caer. Jamás se construyó la V Línea.

Sepultado en el olvido también quedó el plan “control obrero y cogestión” de 2006. Y el Plan Guayana Socialista 2009-2019.

Aunque muchos creen que el que sí se ejecutó fue el “Plan de los Destructores de Guayana” el de arruinar lo que se había avanzado en soberanía nacional productiva.

 

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