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Ernesto Amézquita / Colombiano: Las crisis pueden ser oportunidades

Ante la creciente ola de corrupción que invade al país, quienes aún tenemos confianza en él y defendemos las instituciones democráticas, más no a muchos de quienes dicen representarlas, debemos entender que esta debacle sistémica está haciendo metástasis.

Al tiempo reflexionemos sobre si la corrupción es solo de ahora o simplemente ha sido un mal endémico que hemos venido arrastrando pero que cíclicamente aflora, pues realmente en nuestro pasado desde la  primera independencia de España, en la patria Boba, durante las diferentes expresiones de lucha por el poder, del Frente Nacional, “cambio para construir la paz”, las Cuatro Estrategias”, “la Integración Nacional”, la Patria por encima de los partidos”,  “reducción de la corrupción a su mínima expresión”, “estatuto de seguridad”, “seguridad democrática” y en casi todos los demás programas de gobiernos regularmente existió. Tal vez no hubo la oportunidad, la voluntad de algunas instituciones de control, veedurías ciudadanas, o la independencia de algunos informadores, para dar a conocer lo que hoy estamos presenciando.

Lo que sería imperdonable es que la sociedad y el pueblo de Colombia, en su conjunto, no tome los correctivos del caso y se produzcan los profundos cambios institucionales y personales, por las vías democráticas que exige el actual momento, ahora que empiezan ya nuevas campañas y algunas coaliciones políticas inescrupulosas. En el campo penal, debemos en consecuencia exigir una clara y seria política criminal, que no esté sujeta al vaivén de los gobiernos de turno, o a la reducción de penas por visita del respetable Papa, sino a coherentes concepciones de eficiencia, soberanía, seguridad jurídica y ciudadana de estado. Que no desconozca nuestra realidad socio-económica y el humanismo que reclama nuestro sistema carcelario, hoy caído en hacinamiento vergonzoso y escuelas de perfeccionamiento criminal.

Hay que remozar nuestras costumbres, nuestros partidos u organizaciones políticas a quienes deben preceder los juicios de responsabilidades por el abismo profundo a donde nos han llevado y del cual, amplio sector han sido cómplices pasivos. Debemos sacudirnos de una herencia maldita que ha impedido el desarrollo, el progreso y la solución de los problemas reales de los sectores más necesitados y nos ha llevado a la guerra fratricida, al narcotráfico y la corrupción en el manejo de los recursos públicos; ejemplo de ello es también que la financiación de campañas políticas por parte de empresas privadas, nacionales o extranjeras, sean contratistas o no, que son otra modalidad de condicionamiento, compra de votos y conciencias; deben proscribirse de nuestro sistema electoral y elevarse a la calidad de delitos. Con alertas tempranas y políticas preventivas debemos promover un gigantesco accionar ético, moral, que nos haga des aprender muchos vicios politiqueros, prácticas antidemocráticas y serviles, reemplazándolas por una cultura ciudadana diferente. Hoy cuando tenemos la oportunidad histórica de un proceso de Paz visionario, del cual nos quieren descarrilar los amantes y beneficiarios de la guerra, vestidos ahora de moralistas y redentores del caos que ellos mismos crearon y pretenden “moralizar”. Quien no conozca la historia que la repita, pero esta generación debe decir ¡ya! basta de tanta manipulación e ignominia.

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