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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Viejos prejuicios, nuevos prejuicios

Una situación surgida la semana pasada en una instancia de Gobierno con sede en Caracas nos sirve hoy para plantear un asunto harto interesante que tiene que ver con los derechos y los deberes de los ciudadanos. El hecho es que al parecer un pequeño grupo de trabajadores que laboraban en esa dependencia incurrieron en varios delitos en los espacios de de la misma y en el ejercicio de sus labores, así como en causales de despido justificado: consumo de drogas, sacrificio de animales vinculado a presuntos ritos religiosos, escándalos injustificados, ausentismo laboral, amenazas de muerte y agresiones físicas al personal. Las autoridades tomaron las medidas que generaron el despido de estas personas, lo cual produjo una muy minoritaria protesta callejera de los implicados, quienes adujeron discriminación homofóbica y religiosa. Tras esta acción fue detenido un ciudadano por razones que desconocemos. En efecto, algunas de estas personas, según nos han informado, son homosexuales y practicantes de la santería. Hasta aquí se trata de un conflicto laboral que se fundamenta en hechos hasta ahora no desmentidos. Pero más que la incidencia concreta nos interesa analizar lo que la misma generó en algunas personas que forman parte de un grupo de Whatsapp chavista que podríamos definir como de alto nivel político, y lo que ello revela.

Antes que nada aclaremos que fue solo un muy reducido número de miembros de ese grupo el que asumió la actitud que vamos a criticar. La absoluta mayoría, haciendo honor a su status profesional y político, se abstuvo de participar en la intención de señalamiento moral negativo de la autoridad máxima de la mencionada instancia o se comunicó de manera responsable y sensata. Bien por ellos. Pero tampoco es tan importante el error de quienes actuaron de manera impulsiva, prejuiciada e injusta (error que por cierto hasta ahora no han reconocido ni los ha movido a algún propósito de enmienda)

Lo cierto es que estos compatriotas orientaron el asunto por el lado equivocado. Sin darse el tiempo de constatar lo que realmente había sucedido comenzaron a enviar mensajes con insinuaciones que conducían hacia un supuesto ejercicio, por parte de las autoridades involucradas, de discriminación de género y religiosa, y de represión injustificada. Y no estamos hablando por hablar. Uno de los del grupo escribió, de una vez, cuando se supo que hubo un detenido, lo siguiente: “Qué terrible lo de esa detención. Como si no tuviésemos problemas ya, para abrir otro frente sin ninguna necesidad. Que torpeza, la verdad”. O sea, según este compatriota vinculado a un equipo de alto nivel del Estado, las autoridades cometieron la “torpeza” de poner en su lugar a unos delincuentes. Aquí no vale aquello de “yo no sabía” ¿Acaso no es el deber de una persona en esa posición averiguar primero y juzgar después? Y otro escribió: “El poder se ejerce, sí, pero con justicia”. Otra aseveración sin duda condenatoria a priori, por cierto bastante injusta. Otro más: “Lo triste es que se posicione una matriz en la cual una de nuestras instituciones se opone a la atención de un grupo vulnerable. Eso es lomito para Tamara Adrián”. Y otro: “Hay que tener cuidado con las muestras de intolerancia. Hay toda una generación surgiendo que castiga con votos a los liderazgos que se muestran en contra de minorías vulnerables”. Esta última idea es correcta, sin duda, pero en torno al caso específico, del cual no puede ser aislado porque era el motivo del chat, encierra un juicio de valor incorrecto sobre la acción de las autoridades.

Nosotros no dudamos de la buena intención de los compatriotas que asumieron la situación de manera apresurada y desde un ángulo errado, equivocarse no es ningún crimen. Nos preocupa, sí, el hecho de que acaso se corra el peligro de sustituir viejos prejuicios con otros nuevos.

No podemos hablar mayor cosa de los santeros y sus ritos. No nos interesa especialmente el tema de las religiones y sus liturgias. Pero en el caso de los homosexuales, nosotros hemos trabajado en medios donde la homosexualidad no es algo poco común: en publicidad, televisión, bellas artes, teatro. De manera que hemos conocido muchos homosexuales, tanto hombres como mujeres, y hemos trabajado y compartido con ellos. Por eso podemos dar absoluta fe de que hay homosexuales bondadosos y maliciosos, cultos e incultos, sabios e ignorantes, solidarios y mezquinos, trabajadores y perezosos, generosos y avaros, chavistas y escuálidos.  Es decir, la homosexualidad no es una condición humana sino una opción de género que puede ser libremente asumida. Es un sector que ha sufrido de injusta y terrible discriminación, y que ha tenido que luchar mucho para que sus derechos sean respetados. Es claro que una persona homosexual tiene todos y los mismos derechos que cualquier otro ciudadano, pero también todos y los mismos deberes.

La pretensión de asumir que la condición de homosexual implica algún grado de impunidad o privilegio es, paradójicamente, profundamente discriminatoria, pues encierra la idea de que son una especie de “fricks” que merecen tratamiento especial. Son personas comunes, no son bichos raros ni lisiados que requieran de alguna protección particular. Están protegidos y también regidos por las mismas leyes que los heterosexuales, como ciudadanos no son diferentes a los demás. Claro, por la existencia precisamente de prejuicios, hay legislaciones especiales, como en los casos de otras vulnerabilidades sociales.

No es aceptable que los homosexuales sean discriminados pero tampoco que sean eximidos de las responsabilidades que nos obligan a todos. Cuidado con caer en la tentación de hacer lo que la derecha con temas como la libertad de expresión. En días pasados nuestro Gobierno suspendió en Venezuela la señal de CNNE porque injurió sin pruebas a nuestro Vicepresidente. Inmediatamente la derecha nacional e internacional, sin reparar en los hechos que justifican la decisión, atribuyó la medida a ataques contra la libertad de expresión. O como los curas reaccionarios, que pretenden que se les perdonen todos sus desmanes porque llevan sotana y difunden supuestamente la palabra de Dios hecho hombre.

Llamamos a los compatriotas a apostar al análisis de los hechos con seriedad y responsabilidad, y a respetar a los socialmente vulnerables tratándolos como personas normales que son, y no como entes extraños que solo son identificados con una condición particular y no con la plenitud que representan en tanto seres humanos. Nos preguntamos ¿Debíamos condonar a la máxima autoridad referida e insinuar su inocencia, sin indagar antes los hechos, solo porque es mujer? (por aquello de que lo que es bueno para el pavo es bueno para la pava). Como hemos dicho, ojo con sustituir viejos prejuicios con otros nuevos.

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