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Antonio Sánchez García: La nueva república y la brillante ausencia de los mejores

 

Dentro de este complejo estado de excepción brilla la ausencia de notables figuras del mundo académico, jurídico, político, militar y empresarial venezolanos que, sumados a los mejores talentos de la política activa, hoy presos o acorralados como Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado, deberían ser la plataforma esencial, logrado el desalojo de la satrapía y resuelto el problema de nuestra soberanía, para echar a andar un proceso de transición hacia la democracia y la nueva república venezolana. No veo otra salida.

Dos contradicciones aparentemente insalvables y de graves consecuencias afectan y retardan la resolución de la crisis terminal que vivimos: 1) La contradicción entre pueblo y sociedad civil que claman por un rápido y expedito desalojo de Nicolás Maduro, de una parte; y la oposición oficializada mediante diversos expedientes dictatoriales, como la llamada validación, que insiste en acoplarse a la decisión de “contarse”, que ahora suple la ausencia de diálogo como celada dictatorial, del otro. De ese modo, pueblo y dirigencia opositora caminan por vías alternas. Y el profundo hiato que existe entre esa misma oposición oficializada y sumergida en los meandros electoreros y burocráticos que sostienen a la satrapía, de una parte, y una opinión pública internacional que exige la aplicación de la Carta Democrática y el desalojo de la dictadura, al más breve plazo. Poniendo como conditio sine qua non para aplicarla o no aplicarla, que el régimen acepte someterse en un plazo perentorio a una medición electoral debidamente cautelada y protegida por la comunidad internacional. De ese modo, la oposición oficial boicotea, consciente o inconscientemente, los esfuerzos internacionales por restablecer la democracia en Venezuela.

La llamada MUD, pero esencialmente los dos partidos que le sirven de columna vertebral –AD y PJ– se encuentran así, por una parte, entre el pueblo y la sociedad civil, que exigen el desalojo de Maduro, y el régimen dictatorial, que los insta a someterse a su legalidad totalitaria. Y de la otra, entre la comunidad hemisférica que reclama un viraje de 180 grados en la situación política imperante en Venezuela, y las fuerzas internas, de uno y otro bando, que prefieren darle largas a la dictadura y postergar toda acción definitoria por lo menos hasta el 2019.

Como resulta obvio y fácilmente comprobable, los partidos que vertebran la Mesa de Unidad Democrática, en particular los dos ya mencionados, PJ y AD, respaldados por UNT y AP, mantienen sus distancias con la decisión asumida por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, de enfrentar sin dilación y poniendo todo el peso de la hemisférica legalidad institucional  –con el aparente respaldo de la principal potencia de la región y del mundo, en manos de Donald Trump– y ven estupefactos la corrida en su respaldo que avanza de país en país por los corredores de la OEA. A los votos que en la cuenta del 2016 estuvieron a favor de las drásticas posiciones de Luis Almagro, se suma ahora el de Estados Unidos. Entonces boicoteado por Barak Obama y el Departamento de Estado. Entre los principales poderes de la región, solo falta la decisión de México. Recientemente, el ex canciller mexicano, Jorge Castañeda, recomendó al gobierno de Peña Nieto sumarse a la iniciativa. En tal caso, solo faltaría la voz de Juan Manuel Santos y la decisión de Colombia. Todo indica que deberá sumarse nollen vollen a la posición mayoritaria entre los poderes democráticos del hemisferio.

Dentro de este complejo estado de excepción, brilla la ausencia de notables figuras del mundo académico, jurídico, político, militar y empresarial venezolanos que, sumados a los mejores talentos de la política activa, hoy presos o acorralados como Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado, deberían ser la plataforma esencial, logrado el desalojo de la satrapía y resuelto el problema de nuestra soberanía, para echar a andar un proceso de transición hacia la democracia y la nueva república venezolana. No veo otra salida. Pues en ellos y en el cuerpo sacerdotal de la Iglesia venezolana se encuentran las raíces de la Venezuela liberal y democrática en la que todos soñamos. Una Venezuela que, además de restablecer la paz y la concordia entre todos los venezolanos, pueda dar curso a la plena y feliz recuperación social y económica de la República. Una Nueva República de legalidad, prosperidad y progreso para todos.

Poco importa que las notables personalidades en las que pensamos se encuentren encarceladas o perseguidas, desterradas o relegadas a un injusto olvido y bajo perfil. Pues ellas constituyen el único reservorio de nuestro talento político y gerencial. Es hora que vayan saliendo a la palestra, para demostrar urbi et orbi que Venezuela sí cuenta con un invalorable talento humano, pronto a recuperar la nación y echar a andar una Nueva República. Es nuestro imperativo categórico.

@Sangarccs

 

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