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Guillermo Tell Aveledo: Es un espejismo pensar que podemos tener desarrollo sin libertad

 

El historiador Guillermo Tell Aveledo considera que el contenido de la Encíclica Populorum Progressio tiene mucho que ver con la situación de injusticia que vive Venezuela hoy en día. Y llamo a evitar los espejismos de pretender desarrollarnos limitando la libertad.

Enrique Meléndez

De entrada dijo que lo esencial de la Populorum Progressio es el tema de la justicia. “Obviamente, no es una situación de justicia y de desarrollo lo que estamos viviendo, y no es sólo es esa situación de crisis de desarrollo; al fin y al cabo todos los países pasan por períodos de vacas flacas pero estamos en una situación de regresión en la que se observa una manifiesta situación de injusticia”.

Afirmó Aveledo que dicha situación se puede observar en las relaciones entre los agentes económicos del mercado; entre los ciudadanos y los dirigentes con el Estado; en las relaciones interpersonales de los individuos; entre nuestro medio más cercano: la familia, la comunidad.

“¡Todas ellas están corrompidas hoy en Venezuela! No hay relación venezolana hoy, que se salve de esa angustia. No puede el individuo desarrollarse, y no puede desarrollarse la comunidad en medio de, insisto, una manifiesta situación de injusticia; que evoca esa imagen de niños y ancianos hurgando en la basura: buscando los despojos de la sociedad, para poder sostenerse; rogando en las redes sociales por medicinas”.

Le pareció que esta regresión social hace que la Populorum Progressio tenga relevancia 50 años después; que cuando uno la lee, y piensa en ese año de 1967, una vez emitida por Pablo VI, cuando todavía Los Beatles estaban unidos; no había llegado el hombre a la Luna, el mundo ha cambiado muchísimo.

Incluso, admitió que el mundo mismo vive una crisis igual: el mundo está desideologizado, pasmado; no sabe qué hacer consigo mismo; que la gran potencia occidental, EEUU arrastraba en ese año de 1967 el desprestigio de muchas intervenciones crueles en el extranjero; además de sumido en la paranoia del crecimiento; aparte de un profundo conflicto racial; situación que no es la misma que está viviendo EEUU en este 2017.

Aveledo, además, expresó que el conflicto entre el este y el oeste del mundo se acrecienta en aquel momento por la división ideológica de capitalismo y el socialismo marxista, y que hoy estamos amenazados, quizás de una manera más grave, por la lucha de civilizaciones, y que en eso se levanta como un ejemplo de sensatez y de calma lo que ha sucedido con la República Popular China; un país que hace 50 años estaba en medio de la Revolución Cultural; padeciendo uno de los mayores desastres que cualquier gobierno le ha infligido a su población en tiempos de paz, y que hoy en día China está en medio de un ultracapitalismo; pero aún cometiendo desastres sobre su población.

“Eso nos lleva a la imagen de Venezuela de 1967; que sí era un país distinto. Venezuela en ese año tenía casi cinco décadas de desarrollo sostenido y sostenible. Una ruta al desarrollo moderna; un poco aventurera, pero ciertamente dirigida hacia una versión armónica; donde tanto el mercado, como el individuo, como la comunidad resurgieron. La apoteosis de ese modelo de desarrollo es Puntofijo”.

En ese sentido, Aveledo llegó a la conclusión de que por esta vía hemos perdido el rumbo, pues a su modo de ver, allí lo que se buscaba era la unión entre los distintos sectores sociales; del capital de trabajo; entre la población y los partidos; entre la ciudadanía y sus derechos sociales y económicos; sus responsabilidades de participación política.

“Eso que estaba explícito en el Pacto; pero que, además, estaba implícito en las relaciones políticas de aquel tiempo, fue por la demagogia; por la disolución de los partidos, por el pragmatismo; por el dominio de las encuestas en nuestra vida política, y, además, por la maldición-bendición del petróleo”.

Hizo ver que muchas de las cosas que calificó de extraordinariamente buenas fueron desviadas, con el espejismo de la abundancia y el espejismo económico, terminando el país en un camino que no era aquel seguro y sostenido que traía, y que por no darnos cuenta de esta situación hace unos veinticinco o treinta años atrás estamos donde estamos.

Se remontó una década hacia atrás; en el 2007, cuando se llegó a la apoteosis de los precios del petróleo que tuvo un gran impacto en nuestra economía; donde lo que prevalecía era un espejismo, había una especie de gran armonía social, escondida en una paz aparente: todos vivíamos de una bonanza; vivíamos de ese goce, pero que hoy estamos pagando las consecuencias.

“En lugar de ahorrar; en lugar de vivir austeramente en un camino de desarrollo sostenible; decidimos gastarnos todo ese dinero la década pasada, y nosotros fuimos inducidos a ello: ha habido dentro de la revolución la regulación de todos los precios; la regulación del precio de la moneda; una destrucción de nuestra vida económica y con ello la destrucción de nuestro mercado”.

Agregó que esto hace insostenible nuestra vida en familia, y, a ese respecto se preguntó, que cuántas familias se han tenido que separar hoy en Venezuela a causa de la crisis económica; a propósito de hijos, hermanos, sobrinos que se marchan del país por la precaria situación, que estamos viviendo; que cuántos hoy en día han tenido que optar por el camino fácil a la prosperidad, que da la delincuencia o el narcotráfico.

Advirtió que le tenía temor a lo que calificó como la tentación China; que consiste en la aplicación de un modelo de gobierno autoritario y prospero; pues mucha gente piensa que lo mejor para Venezuela es la mano dura.

“Esto nos ilusiona con ciertos ministros de la Defensa; con ciertos generales, con ciertos militares que no sean procubanos sino nacionalistas; con estos espejismos se nos habla a veces de China, y el propio gobierno habla de esa ilusión; hablando de zonas económicas especiales en nuestras penínsulas; a la usanza, por cierto, del actual régimen cubano”.

Reiteró que esa era una tentación falsa de decir que la libertad no es compatible con el desarrollo, que era el gran dilema de los venezolanos en los años sesenta: no regresar a la dictadura que nos había vendido un desarrollo sin libertad, y que hoy de nuevo se presentaba aquí; partiendo del hecho de que hemos preferido los dólares de Cadivi que optar por la oposición; los dólares de Cadivi a la división de los poderes.

“Yo he preferido los dólares de Cadivi a que haya competencia económica: transigimos, y en esa transacción entregamos la libertad pero no obtuvimos ningún desarrollo. Y, en última instancia, de lo que se trata es que sólo la justicia va a ser posible donde hay libertad; pues el desarrollo del individuo está atado a su libertad y el individuo sólo puede ser responsable allí donde tiene libertad”.

 

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