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César Malavé: El poeta y gigante republicano de Pampatar

 El gran destino y los hombres se marcan desde la niñez y son los esfuerzos, los servicios y la consagración a una causa, los que determinan la personalidad ejemplar del hombre de la entrega total. Mucho se ha escrito sobre la personalidad de Jóvito Villalba, este margariteño ejemplar, que el jueves  23 de marzo cumplió 109 años,  pero poco o nada se ha dicho de lo poético de su discurso político y su enseñanza republicana. O es que no es un poema, lo manifestado por el estudiante de encendido discurso en las escaleras del panteón Nacional, en las jornadas de febrero de 1928.  “Habla ¡oh, Padre! ante la Universidad, donde se forjó la patria hace años. Pueda oírse otra vez, tu voz rebelde de San Jacinto. En este sitio, cuando Beatriz Primera de Venezuela, te haya ofrendado la nueva ternura de estas flores; dinos el secreto de tu orgullo, que es el mismo secreto de trescientos años, revelado ayer por el Ávila, por el viejo monte caraqueño a María de 1783. Padre nuestro, Simón Bolívar Padre nuestro, Libertador Cómo han puesto los esbirros Tu Santiago de León”. ¿Tiene algo que envidiarle estas hermosas palabras de un párvulo del derecho, al Canto a Bolívar de Pablo Neruda? Creemos que no, al extremo que hay concomitancias. Revisemos parte del idílico canto de Neruda dedicada al Libertador: “Padre nuestro/Que estás en la tierra/En el agua, en el aire/ De toda nuestra extensa/ Latitud silenciosa /Todo lleva tu nombre Padre/ En nuestra morada /Tu apellido.

Mezquinos hemos sido al no reconocer que su dedicación a la política, siempre fue su mejor mensaje de amor a la vida, a la libertad, a la justicia, a la paz. Que cada palabra, era dicha con tan ardiente pasión que se convertía en un discurso y que cada discurso se deslizaba fluyente, raudo como el viento en profundas ráfagas de pura poesía. Rebelde poesía. Militante poesía. “… Gracias a esta contradicción, en el tablero de la política se encuentran y alternan el rufián con el apóstol, el demagogo con el estadista y el tirano con el libertador… y la historia nos presenta la sucesión de angustiosos momentos de violencia y caos con sublimes horas de afirmación e integración humana” (J.V.1966). No nos recuerda acaso esta imagen auditiva al poema de Borges “El Ajedrez”.  El poeta que era Jóvito nació de su cosmovisión del quehacer político al que nunca pensó que estriba en el aprovechamiento de los bienes públicos y del publico servicio, sino que , antes bien, consideró siempre que el político  está a la disposición de los demás y con ellos se realiza, realizando la ventura general de hombres y mujeres que cerca o lejos, sigue lo que se dice y se hace porque, en Jovito Villalba era ejemplar su humano comportamiento, fue el diputado y senador electo por voluntad popular, que más oportunidad les ha dado a sus suplentes. Rechazó, de manos de los hombres de la revolución de octubre, ser embajador en Brasil al manifestarles “Yo no soy diplomático;  yo soy un hombre político que lucha, y me quedo en Venezuela”. Jovito fue un hombre del servicio adherido estrechamente a ideales que le eran caros, y cuando le recordamos una vez más, sentimos su ausencia porque como decía Bolívar: En Venezuela hay muchas importantes tareas que cumplir. A raíz del 23 de enero de 1958, regresa al país y propone “la unidad de todas las fuerzas democráticas” idea que discutió en Nueva York con Rómulo Betancourt (AD) y Rafael Caldera (Copei) y que dio origen al Pacto de Punto Fijo firmado el 31 de octubre en Caracas y que hoy hay necesidad de emular, como lo soñara el ruiseñor de Pampatar y padre de la unidad democrática de las fuerzas progresistas venezolanas, a los efectos de fortalecer aun más la alternativa plural de la patria de Bolívar para evitar el extravió de la historia patria en manos, circunstancialmente, de  ególatras trasnochados. La unidad es el camino tal y como lo señalara el gigante republicano de Pampatar, que hoy nos convoca a retomar su rumbo. No lo defraudemos porque hacerlo sería traicionar el rumbo seguro del reencuentro con la Patria.

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